Simphiwe Mbatha, August House, Johannesburg, 2012.

Las Excluidas

Esta activista visual ha señalado una realidad que muchos han tratado de pasar por alto. Aunque en Sudáfrica el matrimonio gay es legal, y en las clases medias urbanas hay cierta tolerancia, en las barriadas las mujeres negras y lesbianas siguen siendo atacadas y discriminadas con sevicia. Zanele es un testigo de excepción de nuestro tiempo.

2014/06/20

Por Salym Fayad* Johannesburgo

Cuando en 2010 la ministra de Arte y Cultura de Sudáfrica criticó de inmorales y ofensivas sus fotografías de lesbianas desnudas abrazándose, la fotógrafa Zanele Muholi sintió que su lucha como activista cobraba una relevancia renovada. “Fue una decepción –dice–, pero al mismo tiempo el incidente me dio la oportunidad de desafiar la homofobia que existe incluso en las estructuras de poder. No es posible que en este país, menos de veinte años después de que se redactó la nueva Constitución, aún no tengamos la libertad de celebrarnos con orgullo”.

En lo que respecta a los derechos de las minorías sexuales, la Constitución sudafricana es excepcional en África, donde la homosexualidad es penalizada por la ley en más de 30 países y en varios de ellos se castiga con la pena capital. La Nación del Arcoíris es el único país africano, y uno de los pocos en el mundo, donde el matrimonio homosexual es legal, así como la adopción por parejas del mismo sexo. Pero mientras que en los centros urbanos muchos ejercen abiertamente su derecho constitucional a la libertad de la orientación sexual y Ciudad del Cabo es reconocida como una de las capitales gay del mundo, la bandera del arcoíris no ondea con orgullo en los townships del país, donde las minorías sexuales son con frecuencia objeto de crímenes violentos y las lesbianas son víctimas de las llamadas “violaciones correctivas”.

En 2013 Muholi, quien también ha producido documentales como Difficult Love [Amor difícil] y We Live in Fear [Vivimos con miedo], fue premiada por su trabajo documentando desde adentro, sin filtros ni mediadores, los retos, los conflictos, la vida, y en ocasiones la muerte, de los miembros de la comunidad LGBTI en Sudáfrica. Una comunidad en la que, según dice, la violencia y el amor se yuxtaponen constantemente.

Usted se define a sí misma como una activista visual. ¿Qué quiere decir esto en el contexto de la lucha por los derechos de las minorías sexuales?

Mi trabajo tiene que ver con políticas de género. En Sudáfrica en particular ha habido grandes transformaciones con respecto a la comunidad LGBTI desde que se firmó la nueva Constitución en 1996: la libertad de expresión de género y de la sexualidad se volvió parte de nuestra realidad y de nuestra historia. Estos cambios tienen que ser documentados, y mi activismo visual alude a la importancia de que nosotros, como fotógrafos que nos identificamos dentro de la Nación del Arcoíris y como individuos miembros de la comunidad LGBTI, produzcamos un trabajo que habla de las transformaciones políticas en torno a nuestra comunidad.

Hablo de temas que van desde el matrimonio y los derechos de adopción entre parejas homosexuales hasta el hecho de poder mostrarnos como individuos con una cierta orientación sexual, mientras que hay personas como nosotros en el resto del mundo que no tienen las mismas libertades. Mi activismo visual consiste en referenciar todas estas formas de resistencia, así como los medios que usamos para identificarnos. Para mí, por ejemplo, mi identidad como mujer negra es un asunto político.

La sexualidad, ¿es también un asunto político?

Desde luego que sí, porque en nuestro contexto la sexualidad es parte de una lucha constante. Hay gente que pierde la vida solo por ser como es. Si alguien en nuestra comunidad es agredido, es importante que documentemos estos incidentes. Si somos testigos y tenemos registro visual de los asuntos de los que estamos hablando, como un funeral de una lesbiana o de alguien que ha sido víctima de una “violación correctiva”, estamos utilizando las imágenes como una herramienta de activismo, como un medio para asegurar que nuestro gobierno vea que debe tomar acción de alguna manera contra estos crímenes.

En 2013 usted lanzó un documental en el que trabajó en colaboración con Human Rights Watch titulado We Live in Fear. ¿Cuál es la raíz del miedo que aborda en ese proyecto?

En este trabajo me enfoco principalmente en los crímenes motivados por el odio contra las lesbianas que ocurren con frecuencia en Sudáfrica. Partes del material fueron tomadas de Inkayiso, el colectivo en el que trabajo y del cual son miembros las personas que salen en mis fotografías. Es un trabajo en el que ofrezco una mirada alternativa a la que dan los medios oficiales al documentar a la comunidad lgbti. Es importante que quienes somos parte de esta comunidad podamos tomar una posición que nos permita compartir con otros cuáles son las inquietudes y preocupaciones con las que vivimos a diario.

El documental fue lanzado durante el desfile de orgullo gay en Limpopo, una provincia que se conoce en nuestro entorno porque una de las víctimas de crímenes de odio, Henriette Mofefe, fue brutalmente asesinada allí, y dejó huérfana a una bebé de un año. El año pasado en el township de Thokoza otra persona, de 26 años, fue asesinada. We Live in Fear es un trabajo que hice en su memoria, pues era alguien a quien conocía pero nunca le pude tomar un foto profesional.

El miedo del que hablo es el miedo que tengo por mi comunidad, especialmente por las jóvenes lesbianas negras que están creciendo en los townships, que a diario tienen que lidiar con diferentes fuerzas adversas. No sabemos cuándo llegará la próxima noticia; estamos aquí sentados, pero en este momento alguien puede estar siendo víctima de “violación correctiva”, o alguien puede estar pasando por otro tipo de lucha. Así que el miedo del que hablo es el mío propio, pero también el miedo por las vidas de otros. Mi posición es darles un rostro a estos crímenes de odio, porque nunca podemos sentir que estamos seguras. Sin embargo, tenemos la esperanza de que esto llegue a su fin, así como el apartheid terminó también.

Su serie Faces and Phases también aborda el tema de la violencia contra las minorías sexuales, pero a través de retratos en blanco y negro. ¿Cuál es la naturaleza de ese proyecto?

Faces and Phases es un proyecto en el que empecé a trabajar en 2006 (así que llevo ocho años registrando esos retratos en blanco y negro) y que pienso seguir haciendo mientras esté viva. Quiero compartir con la gente el hecho de que hay muchas de nosotras, que somos una comunidad y que somos gente hermosa. También pretende subvertir los espacios convencionales en los que la gente tiene nociones de las lesbianas negras, por lo general asociadas a la idea de víctima. La serie fotográfica también es una forma de asegurar que seamos recordadas en la historia.

Es un proyecto inspirado por una joven lesbiana llamada Busi Sigasa. Ella tenía 25 años y usaba la poesía como su medio de expresión. En 2006 le tomé una foto en Johannesburgo, y esa sería la primera de Faces and Phases. Tristemente Busi murió al año siguiente. Ella era sobreviviente de un ataque de violación múltiple en el cual fue infectada con vih, y en 2007 murió por complicaciones de esta enfermedad. Así que decidí que usaría la fotografía para documentar la verdad de lo que sucede a mi alrededor.

 

¿Cuáles son esas percepciones que usted quiere mostrar y que son diferentes a las nociones convencionales de las lesbianas en Sudáfrica?

En Faces and Phases hay mujeres que son jugadoras de fútbol, hay madres lesbianas, hombres transexuales. Son personas con diferentes profesiones, y desde luego también hay sobrevivientes de crímenes de odio. Cuando miramos a cada rostro en la serie vemos que no hay sonrisas o alegría, porque no hay nada de divertido ahora mismo en el hecho de ser negra y ser lesbiana o transexual en esta democracia. La lucha no ha terminado. No seremos libres hasta que todo el mundo sea libre. Queremos mostrar que aún hay una lucha en proceso. Para mí, el hecho de que cada una de estas personas exista y sea parte de la serie y se identifique diciendo aquí estoy, esta soy yo, tengo sentimientos y los comparto con personas del mismo género es importante para mostrar que la vida de cada persona cuenta, y que la historia tiene que ser reescrita para que seamos tenidas en cuenta como ciudadanas en la Sudáfrica democrática.

Otras de sus series, como Being, incluyen fotografías de parejas en espacios o situaciones muy íntimas. ¿Es esta una forma de cambiar las narrativas habituales y ofrecer una mirada cercana a los espacios privados de las parejas de mujeres del mismo sexo?

Yo figuro en casi todo el trabajo que produzco. No estoy documentando desde la distancia, e incluirme es mi forma de plantear una posición. Como yo, las personas que figuran en mis fotos son amantes. Estamos conectadas por el amor. Si hablamos de lesbianismo u homosexualidad, estamos hablando de amor, de amistad, de relaciones personales. Así que queremos distanciarnos de las nociones de dolor y miedo que rodean las percepciones sobre el lesbianismo en Sudáfrica y replantearnos como seres que aman, lo cual es un elemento muy importante en mi trabajo.

Hay otra serie que se llama Of Love and Loss [De amor y pérdida]. Allí también quería registrar las masculinidades femeninas y cómo estas son tan pronunciadas en las bodas gay, donde siempre hay un miembro de la pareja que lleva puesto el traje y otro que lleva puesto el vestido de novia, lo cual es una práctica muy ‘hetero’.

¿Qué hay de los desfiles de orgullo gay? ¿También los registra como parte de su trabajo o deliberadamente toma distancia de esas expresiones más vistosas sobre la identidad sexual?

Cualquiera puede tomar fotos en los desfiles de orgullo gay. Yo misma a veces lo hago por diversión. Los desfiles son relevantes en la medida en que en estos eventos nos hacemos escuchar, pero constantemente debemos preguntarnos: ¿orgullo de qué? Si al mismo tiempo hay gente que sigue siendo violada todos los días.

Con mi activismo visual trato de documentar temas que no son tan obvios para quienes están fuera de la comunidad lgbti. Por ejemplo, a las parejas gay que deciden hacerse padres por medio de la adopción, o las luchas por las que está pasando la gente en los townships. También tomo fotos en las fiestas, la iglesia, las graduaciones, en los matrimonios y los funerales gay. Es nuestra cotidianidad. Hay un trabajo que no se ha hecho, y es la documentación visual sobre los hijos de las parejas gay, y esto tiene que hacerlo alguien sensato y que tenga sensibilidad y respeto, que lo haga sin el sensacionalismo de los medios convencionales y de otros espacios que tienden a vilipendiarnos.

¿Cuál es su visión sobre las leyes contra la homosexualidad que se han puesto en práctica en países africanos?

En África la homosexualidad se ha usado en muchas ocasiones como herramienta para desviar la atención de la corrupción. Los líderes africanos no deben utilizarnos para distraer al público de la rendición de cuentas sobre su propia gestión. En lugar de promover la homofobia deberían estar trabajando para aliviar la pobreza y mejorar los sistemas de educación. Son esos líderes los que deben transmitir el mensaje de tolerancia al resto del continente.

Es clave que existan figuras como Binyavanga Wainaina (escritor keniano que se declaró homosexual a principios de año, cuando las leyes contra la homosexualidad se intensificaban en Nigeria y Uganda). Necesitamos profesionales, escritores, artistas, gente sin miedo. ‘Binya’ es alguien que conoce la historia, que puede argumentar, alguien que no será menospreciado. Hay muchos profesionales que no se declaran homosexuales porque temen que así perderían su estatus en sus organizaciones. Es muy importante para nuestra lucha mostrar que se puede ser un profesional, un escritor, y al mismo tiempo ser gay. África, y especialmente este país, necesita muchos ‘Binyas’.

 

Zanele Muholi, "Caitlin and I, Boston, USA" (2009), C-print triptych


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