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Las tabletas de salvación

Con sus impresionantes planes de dotación y conectividad en entidades educativas, el Ministerio de las TIC parece blindado a las críticas. Pero ¿son estos avances una revolución educativa, una expansión corporativa o una pantalla publicitaria? Examen crítico.

2014/08/21

Por Christopher Tibble* Bogotá

Jonathan Jácome, de 13 años, se desata la corbata y juega con ella. Está nervioso. Nunca ha visto tantos computadores y tabletas en su vida. Por ser uno de los pocos niños de su colegio que tiene un traje formal, pudo asistir el primero de agosto al evento en el Coliseo Juan Pablo II, en Girón, Santander. “Voy a tener acceso a juegos –asegura, mientras se balancea sobre el asiento de enfrente– y podré hacer mis tareas más rápido”. Al igual que la mayoría de los 400 niños reunidos en el edificio, Jonathan no tiene un ordenador en su casa y apenas ha usado los del punto de internet de su pueblo, a las afueras de Bucaramanga. 

En la tarima, Diego Molano, el ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, preside la entrega de más de 600 tabletas y 200 laptops a varias sedes educativas de la zona. Lo acompañan varios políticos, incluidos Horacio Serpa, senador de la república, y Richard Aguilar Villa, gobernador de Santander. También se encuentra Javier Olivan, jefe de expansión del departamento móvil de Facebook a nivel mundial. Y no es para menos. Computadores para Educar, el programa para digitalizar la educación en Colombia, ha sido una de las insignias de Vive Digital, la apuesta del Ministerio de las TIC que busca revolucionar tecnológicamente a Colombia. Su implementación, divulgada a menudo en las redes sociales y en los noticieros, ha generado muchos seguidores, pero también detractores.

 “¿Dónde está la gente linda de Girón? –pregunta el ministro, y prosigue en medio de los aplausos–: El presidente Santos va a pasar una ley al Congreso para que todos los niños del país tengan una tableta y necesitamos que nos la aprueben”. El público, eufórico, grita y silba. Desde que Vive Digital cogió vuelo en 2010, ha dotado de infraestructura a casi todo el país. Con chalupas, cables subterráneos, cajas amarradas a palos de guadua, en camiones y burros, el plan ha enchufado a la web veredas desde La Guajira hasta el Putumayo, pasando por los caseríos más remotos e inhóspitos del Chocó y el Amazonas. Si en 2010 solamente 200 municipios tenían conexión de banda ancha, para finales de este año lo tendrán 1.078, de un total de 1.123. En ese mismo lapso, los hogares con acceso a internet pasaron del 17 % a casi el 50 % y el gobierno entregó 2 millones de terminales, 600.000 pertenecientes a Computadores para Educar. La velocidad del programa asombra y es por eso que Santos comparó a Molano con el futbolista Radamel Falcao García: porque muestra resultados concretos.

Incluso los críticos más reacios del ministro y de Vive Digital conceden que la labor en materia de infraestructura ha sido ejemplar. Muchos, además, alaban el esfuerzo y reconocen los premios que ha ganado el proyecto, como el Mejor plan de tecnología del mundo que obtuvo en el GSMA Mobile World Congress, en Barcelona, y el Premio Unión Internacional de las Telecomunicaciones en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, en Ginebra. Pero muchos ponen en duda la estrategia del proyecto, pues consideran que está centrada casi exclusivamente en la dotación de cables y equipos. 

“Si bien hay un consenso general de que el ministerio ha hecho un enorme esfuerzo en el campo de la tecnología y de la información, me parece que Computadores para Educar no tiene un estrategia articulada e integradora que haga de lo tecnológico algo más allá de la conectividad, que haga de lo digital algo fundamental en la educación”, opina Germán Rey, director del Centro Ático de la Universidad Javeriana. En cuanto a la formación de docentes, por ejemplo, Computadores para Educar ha educado a más de 75.000 a través de alianzas con universidades regionales pero solo cuenta con 100 gestores dedicados a las tabletas para hacerles seguimiento y asegurarse de que incorporen la tecnología de la mejor forma posible. El proyecto está en 45.000 sedes educativas en todos los municipios del país, menos en uno, en La Victoria, Amazonas. 

Hasta el momento, esta apuesta educativa, como sus homólogos en otros países, se ha enfocado más en la entrega de terminales que en desarrollar lo que llevan por dentro. Pero su prestigio no debería estar ligado a la cantidad de terminales entregadas, sino a los procesos educativos que estas desatan. El mismo ministro Molano ha reiterado que la tecnología no es un fin, sino un medio para lograr un objetivo, en este caso ser un complemento para mejorar la formación de los niños. Por eso, a muchos les sorprende que el plan no consulte a los profesores sobre las aplicaciones de las tabletas.

 Martha Castellanos, directora de Computadores para Educar, cree que hablar con los docentes “sería encartarlos con una tarea, pues muchos de ellos ni siquiera han usado una”. Para Ernesto Lleras, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, esa mentalidad no solo es dañina, sino también irresponsable: “Es casi impositivo lo que hacen cuando no los consultan. Mínimo deberían tener mecanismos de reflexión interna, como juntas consultivas y estrategias de retroalimentación, para que puedan opinar sobre los proyectos. Pero eso no les interesa. Solo hacen, hacen y hacen”.

 Computadores para Educar argumenta que se asegura de la calidad de los contenidos consultando los criterios del Ministerio de Educación Nacional, uno de los miembros de su Comité Directivo. También motiva a los profesores para que desarrollen y compartan sus propios materiales lúdicos en el portal Colombia Aprende. Esa última estrategia, sin embargo, no ha surtido el efecto esperado, pues tanto las 40 aplicaciones como las bibliotecas digitales de las tabletas son donaciones de empresas, universidades y desarrolladores. Lo que trae a colación otra crítica de Lleras, y es que “tener la misma tecnología para todo el país no tiene sentido. El uso que le da una persona de la selva no es el mismo que le da una persona de la ciudad”. 

Computadores para Educar no ha invertido dinero para crear y asegurar la calidad de las apps de sus terminales, aunque sí ha hecho alianzas con Crea Digital, del Ministerio de Cultura y Apps.co, una iniciativa del Ministerio de las tic para promover los negocios a partir de la tecnología. Y si bien el proyecto sostiene que su objetivo es solamente ser un complemento para los docentes, cuando Molano sugiere que en el futuro ideal todos los niños de Colombia tendrán tabletas, pareciera que la iniciativa es quizá algo más que un suplemento educativo. “No entiendo por qué el programa no pensó en pagar por los contenidos y así apoyar a la gente que se dedica a desarrollar el material –dice Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro–. Además, si comprar el material significa menos equipos, también significaría mejores contenidos”.

 A pesar de la falta de inversión en contenidos, un estudio de la Universidad de los Andes realizado en 2011 concluyó que Computadores para Educar (que comenzó en el año 2000 con pretensiones mucho más modestas) ha tenido consecuencias positivas. Según evaluaron, la deserción escolar bajó el 4 % y se presentó un 12,7 % de aumento en el acceso a la educación superior en las sedes educativas influenciadas por el programa. “Durante los primeros dos  años y medio, mientras se asignaban los equipos y se capacitaba a los docentes, los resultados fueron nulos. Pero a partir del tercero, cuando los profesores ya estaban formados, se vio un cambio positivo y además creciente”, asegura Juliana Márquez, una de las autoras del estudio. Esa investigación, de todas formas,  no refleja el impacto de las tabletas: el plan las empezó a entregar en 2012.

Y en ese sentido el proyecto es nuevo. “Cuando empezó el primer gobierno del presidente Santos teníamos un presupuesto de 80.000 millones de pesos. Hoy manejamos uno de 350.000 millones”, asegura Castellanos. Gracias a los nuevos fondos, ahora Computadores para Educar va a invertir en Unidades Didácticas Digitales (UDD), unos recursos educativos para los terminales que muchos ven como un currículo digital. Su licitación, sin embargo, ha sido polémica porque solo les dieron seis meses a los desarrolladores para crear el contenido, unos 28.000 recursos didácticos para todos los grados de la educación primaria y secundaria. “Las editoriales dicen que no lo pueden hacer, porque no les alcanza el tiempo y además les ofrecieron muy poco dinero”, argumenta González. Al cierre de esta edición, la licitación no ha sido adjudicada.

Cuando Arcadia le transmitió la inquietud del presidente de la Cámara Colombiana del Libro a Computadores para Educar, los dirigentes aseguraron –y esto no aparece en ninguna otra parte– que ahora solo van a pedir 14.000 recursos. Pero que la fecha de entrega, el 31 de diciembre, sigue firme. Si bien pedir menos udd facilita la labor de las editoriales, ese tipo de decisiones demuestra que el Ministerio de las TIC valora la ejecución de metas sobre la calidad de los contenidos: en vez de aplazar la fecha para tener un proyecto más completo, lo ataja por la mitad para cumplir con su meta. Y mientras que los educadores a nivel mundial se preguntan sobre las transformaciones de fondo que están generando las tecnologías en la educación, en Colombia el problema se soluciona con ambiciosas licitaciones que buscan dar respuesta a qué significa aprender en línea.

 “Vive Digital ha hecho que seamos un país moderno y próspero. De ahora en adelante la forma de arreglar los problemas de educación, justicia, agricultura, salud pública, pobreza y corrupción será con las tic”, clamó con emoción Molano en la conferencia Colombia 3.0, celebrada en Bogotá a finales de junio. La ambición de su propuesta carga cierto peligro. Con Computadores para Educar, un programa en el fondo educativo, el Ministerio de las TIC ha asumido un rol que para muchos excede sus funciones. Porque si bien dotar computadores es un paso necesario, de poco sirve si no hay una estrategia de contenidos. El ministerio no tiene por qué solucionar los problemas de las demás las áreas del gobierno. Debe, en cambio, ser su articulador y facilitador, para que fluya la incorporación de las nuevas tecnologías en el país. Bien lo dijo el presidente Santos durante la posesión de su segundo periodo: “El que quiera caminar rápido, que camine solo; el que quiera caminar bien, que camine acompañado”.

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