La Librería Lello & Irmão en Oporto, Portugal.
  • Manuel Gil, es uno de los expertos españoles en el tema de libros y librerías hoy.
  • El colombiano Martín Gómez, quien escribe sobre libros y mercados en su blog, elojofisgon.blogspot.com

No (solo) es cuestión de sentimientos

La venta de libros en tiendas virtuales y el ascenso del libro digital están matando a las librerías tradicionales: Borders, la segunda más grande de Estados Unidos, cerró 700 tiendas; en el Reino Unido, 67 librerías independientes quebraron en 2013. Vale la pena preguntarse, como lo hace un librero en este texto, si es posible resistir en medio de la debacle. Y dos expertos responden: ¿podrán sobrevivir las librerías en la era digital?

2014/08/21

Por David Roa* Bogotá

Tal y como les sucedió a las tiendas de discos, cuando el auge de lo digital impuso retos a los comerciantes que muchos no supieron sortear, ahora los libreros enfrentamos una situación similar. Con el ánimo de abrir una discusión amplia en la que deberían tomar parte todos los sectores de la cadena de distribución del libro, el colombiano Martín Gómez y el español Manuel Gil, dos reconocidos observadores en el campo editorial, opinan desde diversas ópticas. Sus respuestas presentan varias alternativas para tener en cuenta sobre estas nuevas realidades del mercado del libro y dan ideas que pueden ser provechosas.

Ambos expertos reconocen que en la discusión sobre el futuro de las librerías se debe contar con la participación de los lectores. Sin embargo, la complejidad del tema requiere un público informado que vea otros vértices del problema más allá de la competencia de precios. Según Gil, “hay que explicar al ciudadano tanto la administración como la propia industria de manera didáctica y pedagógica. Explicarle que una regulación de los mecanismos competitivos del libro redunda en una garantía de acceso al conocimiento”. Probablemente, la participación de los lectores pondrá en evidencia la clase de relación que una sociedad en particular tiene con sus librerías; en este caso, la colombiana. De hecho, Martín Gómez cree que “en caso de que los lectores participen en esta discusión sobre el libro y su comercio, la forma como se dé esta participación depende en gran parte de los valores y de los intereses que tengan como personas y como colectivo. Quizá haya lectores que sean entusiastas defensores de las librerías, pero sería iluso esperar o exigir que todos lo fueran”, y agrega que “las cuestiones sentimentales carecen de peso como argumento”.

De todas formas, desde el punto de vista de los dos expertos, el valor social de las librerías es evidente y la supervivencia de las librerías implica un trabajo estructurado. “Quienes tenemos la convicción de que la desaparición o el debilitamiento de las librerías empobrece a nuestra sociedad deberíamos trabajar de la mano con los libreros para dar a conocer el valor que aportan estos establecimientos que pueden llegar a ser mucho más que un simple punto de venta de libros”, dice Gómez. En la práctica, varias librerías independientes de Colombia se caracterizan por su actividad cultural que va desde las presentaciones de autores hasta cine clubes, talleres, cursos y recitales. La mayoría de estas actividades las hacen gratuitamente.

Cabe agregar que toda discusión sobre el tema tiende a ser inútil sin la presencia activa del sector público y que los resultados del ejercicio deberían entonces ser transformados por el estado en políticas ejecutables. Al respecto, afirma Gil que “el sector público no solo debe intervenir para fijar unas reglas de juego que permitan una competencia equitativa entre los agentes que intervienen en el mercado, sino que debe disponer de una estructura (el Observatorio del Libro) que analice, estudie y fiscalice las prácticas que se desarrollan en el interior de esta industria. En este sentido, tanto en Francia como en España se observa una creciente intervención de las administraciones públicas en el control y seguimiento del sector. No solo hace falta legislar, sino también vigilar la articulación del desarrollo del mercado, en beneficio de un procomún del sector y de los ciudadanos. Las administraciones públicas no pueden ni deben abdicar de sus responsabilidades”.

Aunque algunos libreros seamos poco optimistas sobre el futuro de nuestra actividad en un país poco lector, de muy pocas librerías y, sobre todo, reacio a cualquier tipo de regulación, Manuel Gil no lo da todo por perdido. “Hoy existe una gran coincidencia en una tesis: salvar el libro implica planes de defensa de las librerías, incluso en países de gran tradición liberal en cuanto a mercados, como el Reino Unido, se escuchan ya voces en esta línea”.

¿Cuáles son los retos que enfrentan las grandes y pequeñas librerías ante el afianzamiento comercio web?

Manuel Gil: En principio, las pequeñas librerías independientes generalistas no tienen sitio en este ecosistema, pues les resulta imposible competir con los niveles de tráfico, rotación y servicio de estas grandes empresas, pero hay un brote verde en este tema: los libreros independientes (en España) se han unido para constituir la iniciativa www.todostuslibros.com. Esta plataforma de todo el sector librero, apoyada por gran parte de la edición independiente, intenta frenar y poner barreras a empresas como Amazon. En este sentido, el aumento de tráfico a la página permite competir en tamaño, tráfico y rotación. Las grandes librerías han desarrollado potentes arquitecturas de comercio electrónico para atender los nuevos hábitos de consumo; las pequeñas librerías se están sumando a la iniciativa desarrollada por Casa del Libro, denominada Tagus (www.tagusbooks.com), para incorporar una plataforma común para todas las pequeñas librerías y ofertar la compra por internet como un servicio de valor añadido.

Martín Gómez: Primero, desarrollar una capacidad de respuesta más rápida y eficaz frente a la demanda de su clientela. Luego, construir y consolidar una oferta de títulos rica, amplia y diversa. Y de ahí en adelante, mostrarle a su entorno social y económico el valor añadido que tienen para ofrecerle; jugar un rol activo en la dinamización cultural de su entorno social y emprender y gestionar su transición hacia lo digital desde el punto de vista de la oferta, la venta, la comunicación, la promoción, el marketing, etcétera.

¿Creen que el afianzamiento de Amazon como proveedor principal de libros impresos y digitales afectará a otros sectores de comercio del libro, aparte de las librerías, como los distribuidores, editores y lectores, o no afectará a ninguno en particular?

Martín Gómez: La posición dominante que Amazon viene construyendo tendría que preocuparles a todos los actores de la cadena de valor del libro, que deberían emprender iniciativas para hacerle contrapeso y evitar que esta siga consolidándose. Recordemos que Amazon no solo vende libros, sino que también los publica a través de su división editorial. Y no olvidemos que Amazon tiene potentes plataformas de recomendaciones de libros y de autoedición. Amazon quiere quedarse con un porcentaje cada vez mayor de ese pastel que es el negocio del libro. Y para cumplir con este objetivo, Amazon recurre a políticas y prácticas como la venta a pérdida que son no solo muy agresivas, sino también perjudiciales para el ecosistema de la industria editorial. El enfrentamiento que Amazon sostiene actualmente con el grupo Hachette en Estados Unidos es similar al que sostuvo hace unos años con MacMillan, y en el futuro podría repetirse con cualquier otra editorial. En fin, Amazon es un competidor fuerte por el título de campeón de las malas prácticas.

Manuel Gil: No tengo la más mínima duda. La irrupción de Amazon en un mercado que no esté rigurosamente articulado tiene efectos perversos e indeseables sobre todo el sector. Una articulación vertical como plantea Amazon lleva a que acabe siendo editor, distribuidor y librero. Su pretendida defensa del consumidor frente a la propia industria es una excusa que debe ser frenada y repelida de manera unánime por la industria y los poderes públicos. Si no se regula el mercado, Amazon se hará con una cuota del mismo de tal envergadura que expulsará del mercado a cientos de agentes, imponiendo sus reglas y condiciones competitivas. La experiencia de Europa, tanto en Francia como Alemania, así lo indican. Comparto un dato que me parece que revela las claves del problema. En todos los países en los que irrumpe Amazon se inicia un proceso que comienza con una pérdida brutal de cuota de mercado de la librerías físicas; después una desaparición continuada de distribuidores, a esto le sigue una difusión enorme de la autopublicación, lo que conlleva una pérdida de peso cualitativo de la edición. Es un círculo virtuoso de perversidad. Y frente a esto, solo la unión, el tamaño y los poderes públicos pueden ponerle freno. A Amazon el libro, la cultura y la bibliodiversidad le importan un pito. Lo importante es su desarrollo como monopolio, con la excusa del servicio al cliente y su preocupación por los precios bajos como divisa.

¿El oficio de librero desaparecerá?

Martín Gómez: No creo que el oficio de librero vaya a desaparecer pero sí que muchas librerías se verán obligadas a cerrar y que, por lo tanto, quizás en un futuro no muy lejano haya muchos menos libreros. La supervivencia del librero depende en gran parte de su capacidad no solo de reinventar su negocio y su rol, sino también de demostrarle a su entorno el valor que le aporta.

Manuel Gil: No, de ninguna de las maneras. El librero debe apalancar sus dos únicas ventajas competitivas: por un lado, la prescripción; por otro, la relación directa y física con el cliente. A mi modo de ver, la apertura de una librería debería requerir ciertos estudios específicos, con especial atención a la dimensión económico-empresarial. Es socialmente deseable que los gremios y asociaciones de libreros y editores pongan en marcha estudios y escuelas para formar profesionales. Desde mi punto de vista se hace imprescindible tener asociaciones de libreros sólidas que ordenen y preparen la formación del capital librero.

No solo no creo que desaparecerán, sino que soy de los que piensan que en el mundo digital tendrán opciones profesionales muy diversas. En un mundo donde el tsunami de contenidos será inmenso, siempre será necesario algún intermediario que ordene y califique la oferta, y esto no pueden hacerlo los algoritmos de relevancia, sino personas, en este caso, libreros profesionales.

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