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Teoría de conjuntos

Un nuevo campo de estudios está surgiendo en departamentos de humanidades de Norteamérica y Europa. Esta propuesta para integrar la tecnología al análisis y el estudio académico se opone a la ortodoxia de quienes piensan que se debe prescribir para enseñar, y propende por un trabajo colaborativo, abierto y heterodoxo.

2014/08/21

Por Ricardo Castro* Bogotá

Cada día aparecen nuevas manifestaciones de un campo en ebullición que resulta del cruce entre las humanidades y la computación. De la reconstrucción digital en 3D de sitios arqueológicos, al mapeo interactivo de las migraciones en los Estados Unidos del siglo XIX, a la posibilidad de comparar los 47 finales posibles que Hemingway pensó para Adiós a las armas. Estos son ejemplos de Humanidades Digitales, una disciplina de conocimiento reciente que abre un abanico de caminos para el estudio y la interpretación académicos gracias, sobre todo, a la posibilidad de reunir, analizar y hacer visible la información contenida en grandes archivos digitales.

Se trata de un campo de estudio sin definiciones estables. “Actualmente el campo es tan amplio que nos cuesta trabajo dar una definición”, asegura Nuria Rodríguez, directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga y especialista en Humanidades Digitales. “Pero si tuviéramos que dar una sería esta: un campo de convergencia entre las disciplinas humanísticas y los nuevos desarrollos de las ciencias de la computación y el medio digital”.

El uso de la informática para el estudio de las humanidades no es algo nuevo. Empezó a mediados del siglo XX cuando el padre italiano Roberto Busa, con la ayuda de la IBM, empezó a crear un índice de concordancias a partir de más de once millones de palabras de las obras de Tomás de Aquino. Un trabajo dispendioso que tardó casi 25 años. Pero hoy se pueden analizar archivos digitales “que son mucho más grandes que la biblioteca más grande que haya existido”. Para Franco Moretti, fundador del Laboratorio Literario de Stanford, las Humanidades Digitales parten de la construcción de esos archivos y del uso de herramientas digitales para analizarlos. El trabajo de Moretti, reconocido por acuñar el término lectura a distancia, se centra en el estudio de la literatura valiéndose de algoritmos para encontrar patrones en grandes corpus literarios. “En lugar de mirar un detalle, tratas de observar un patrón general”. Un enfoque que le ha valido críticas pero que él defiende. “Es como cuando estás en un museo: si te alejas de una obra, pierdes mucho, pero obtienes un sentido más profundo de las formas elementales en la pintura. Eso es lo que me gustaría hacer, obtener un sentido de las fuerzas básicas que operan en la historia literaria”.

Pero las Humanidades Digitales (HD) van más allá de la simple digitalización. “Una vez el investigador tiene acceso a objetos culturales de esta magnitud –cuenta Carlos Barreneche, director de posgrados en Literatura de la Javeriana–, el estudio tradicional de las humanidades cambia, y con ellas el repertorio de metodologías de investigación se amplía”. Suponen un cambio importante a la hora de investigar y producir conocimiento. Del modelo cerrado que domina la academia tradicional –en que cada quien escribe un artículo después de una investigación individual– a la investigación colaborativa y abierta. “No sería posible de otra manera, porque hay que juntar muchos conocimientos al mismo tiempo”, dice Rodríguez. El cambio en el enfoque supone un proceso más abierto, en un terreno menos jerarquizado donde el estudiante novato puede entender ciertos aspectos mejor que un profesor veterano. “Además –dice Moretti– la persona a tu lado puede entender algo distinto, y un tercero puede entender aún algo más. Hay una sensación profunda de que el grupo en verdad es más que la suma de sus componentes”.

Amenaza o complemento

El desarrollo de las HD ha despertado críticas de sectores tradicionales de la academia. Apuntan a los riesgos de la reducción del estudio a la lectura de datos, y cierran filas para frenar el impulso de una disciplina que ven como incierta. Jerónimo Pizarro, de la Universidad de los Andes, cree que los departamentos de Humanidades son “conservadores” y no se han adaptado a los cambios y son incapaces de hacer investigaciones colaborativas y accesibles. “En temas digitales es necesario, mucho más que antes, que haya esa colaboración”, asegura. Moretti se vale de una metáfora para explicar las reticencias. “A la mayoría de quienes estudian la literatura no le interesa entenderla y explicarla. Quieren decirte cómo deberías pensar, sentir, escribir… En cada crítico literario hay un poco de monje, que le dice a la gente qué tan bueno es un texto, y un poco de plomero, que trata de entender cómo funciona la cocina. Muchos de mis colegas son 90 % monje y 10 % carpintero. Yo tiendo a ser lo contrario: 90 % carpintero”.

Pero las HD no plantean el reemplazo de humanistas por autómatas, sino la adopción de nuevas herramientas para hacer otro tipo de investigaciones. Isabel Galina, del Instituto de Bibliotecología de la UNAM, entiende las críticas a poner la tecnología por encima del estudio. “Es muy importante pensar críticamente sobre por qué estamos haciendo estos proyectos”. No se trata solo de digitalizar, sino de hacerlo para entender mejor. Y es que todos destacan el papel de los humanistas para esas nuevas posibilidades de investigación como imprescindible. “La identificación de patrones es solamente un punto de partida –afirma Barreneche–. Se necesitan el conocimiento contextual y la interpretación humana. Los algoritmos son buenos para inferir patrones pero pésimos para descifrar significado”. Una serie de herramientas que son parte de un eslabón. Así lo reconoce Moretti: “El trabajo de las Humanidades Digitales es una combinación de habilidades. Si no hay expertos en el área, no importa cuán poderosos sean los algoritmos, el resultado no será interesante. Eso es un hecho incontestable”.


*Editor de RevistaArcadia.com

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