Ben Vershbow dirige los programas digitales de la Biblioteca Pública de NY.

Un hacker en la biblioteca

Las bibliotecas enfrentan una crisis: a medida que crece la conectividad privada disminuyen las tasas de asistencia. Entre tanto, los gobernantes piensan que con Google a la vista, la biblioteca sobra. Ben Vershbow lidera una transformación al interior de la biblioteca más emblemática de Nueva York.

2014/08/21

Por Andrés Delgado Darnalt* Bogotá

Benjamin Vershbow es el hombre detrás de los proyectos digitales de la Biblioteca Pública de Nueva York, la segunda biblioteca más grande de Estados Unidos después de la Biblioteca del Congreso. Este productor teatral y escritor, egresado de Literatura y Teatro en la Universidad de Yale, está al frente de Digital Library Labs, uno de los proyectos más interesantes del panorama bibliotecario mundial pues propone nuevas formas de acercarse a los archivos de la biblioteca para darles una nueva vida en internet.

Vershbow no es ajeno a las discusiones sobre el futuro del libro en el mundo digital. De hecho, considera que su experiencia en el sector teatral le ha permitido tener una mente abierta al pensar el futuro de la edición. Antes de trabajar con la biblioteca lo hizo con el Institute for the Future of the Book [Instituto para el Futuro del Libro], uno de los centros de investigación más serios sobre el libro en el nuevo mundo digital, donde tomó parte en las discusiones nacientes sobre nuevos modelos de negocio, formas narrativas y formatos de edición en el mundo digital.

“Estábamos buscando la respuesta a la pregunta de cuál ha sido el papel histórico del libro en la cultura y de cómo sigue realizando este papel en el mundo digital. Mirábamos aquellas prácticas que involucran al libro como objeto, pero también aquellas que, sin el libro, también ayudan a mover ideas en la sociedad”. Temas como la creación colaborativa de textos y el cambio del significado del autor –evidente en plataformas de contenido tan populares como Wikipedia– y la evolución de las prácticas de lectura y escritura lo llevaron a formar un criterio propio sobre la creación y distribución de contenidos en el naciente siglo XXI.

Los proyectos dirigidos por Vershbow en New York Public Library Labs, el departamento que creó en la biblioteca y que dirige desde 2011, tienen un punto en común: invitan a los usuarios a participar con el objeto de completar las colecciones de mapas, imágenes y textos, e incluso enriquecerlas, para su nueva vida digital. Estas contribuciones se dan en forma de trabajos simples, pequeños y repetitivos que realiza el usuario para corregir el trabajo realizado por el área de tecnología de la biblioteca.

Vershbow cuenta que el departamento –que ahora se conoce como Digital Library Labs– tiene equipos para realizar trabajos de registro fotográfico, digitalización y metadatos. También tiene un equipo encargado de proveer imágenes de documentos en alta resolución a personas y empresas por medio de tarifas especiales, lo que otorga a la biblioteca un pequeño ingreso para aliviar costos de producción. Finalmente está el equipo central –conocido con el nombre original de la unidad, nypl Labs– que, según Vershbow, es el componente central de la unidad. “Pienso en mi unidad como la sección hacker de la biblioteca pues trabajamos en proyectos muy experimentales”.

Uno de los proyectos más interesantes se titula What´s on the menu? Está basado en una colección de menús de restaurantes de Nueva York que contiene más de 45.000 unidades de finales del siglo xix y principios del xx. La colección había sido siempre muy popular pero hasta hace poco no había sido ni siquiera catalogada. Aquellos que utilizaban la herramienta y buscaban platos específicos tenían que consultar manualmente cada uno de los menús.

Pero había un reto adicional: aunque la tecnología ocr (Optical Character Recognition) podría identificar caracteres, muchos menús estaban escritos a mano o tenían tipografías difíciles de leer. “Sabíamos que era importante extraer toda la información posible de estos menús y transformar la colección en una herramienta valiosa de investigación, exploración y educación –dice Vershbow–. Los métodos automáticos no son muy buenos para esto así que nos decidimos por la transcripción manual y tomamos el camino del crowdsourcing [colaboración abierta distribuida]”.

De esta forma el equipo creó una interfaz de transcripción de menús para que cualquiera, sin necesidad de registro, pudiera transcribir nombres de platos, precios y direcciones. “Aprendimos que si creamos una interfaz que sea simple y cuyas tareas sean pequeñas, simples y repetitivas podemos lograr que más gente participe. Seguimos todavía aprendiendo sobre crowdsourcing y ajustando la forma en que lo hacemos. Sin embargo, sabemos que la estrategia no funcionará en el largo plazo si le pedimos a la gente hacer cosas que podemos hacer nosotros mismos con los computadores”.

Para Vershbow, la biblioteca tiene varios retos en garantizar el desarrollo y sostenimiento de nuevos proyectos en el futuro. “En la biblioteca, gran parte de los fondos vienen de becas, eso puede hacernos vulnerables y por ello no recomiendo depender enteramente de ellas, aunque creo que son buenas para arrancar proyectos. Tenemos varios retos en sostenibilidad, básicamente en tecnología, recurso humano y administración de comunidades en línea. Creo que para que estos proyectos maduren, crezcan y continúen en el tiempo deben desarrollar una cultura colectiva alrededor de sí mismos y decidir quién tomará responsabilidad colectiva por el proyecto. La máxima responsabilidad le corresponde a la biblioteca. Nuestro equipo debe seguir trabajando en definir los roles que juegan los curadores y administradores de comunidades”.

Las bibliotecas, en su opinión, necesitan trabajar juntas para construir una infraestructura común robusta y utilizar herramientas de código abierto que faciliten el intercambio de contenidos y eviten duplicar trabajo. “Ese es uno de los beneficios de ser una institución pública: aunque somos vulnerables y nuestros recursos son contados, podemos trabajar juntos como sector gracias a nuestros valores: no estamos tratando de esconder secretos comerciales ni de competir por clientes”.

De esta forma, las bibliotecas deben convertirse en instituciones abiertas y dispuestas a conectarse con nuevos actores. “El mundo ahora está interconectado así que tenemos que mirar a las instituciones de hoy en día como nodos en una red de relaciones”.

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