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Un narrador soberbio

El escritor y exembajador de Honduras en Colombia, Hernán Bermúdez, hace una semblanza de la obra del escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya

2012/11/27

Por Hernán Bermúdez* Estocolmo

Horacio Castellanos Moya (1957) es uno de los escritores más originales de la Centroamérica actual. Cuentista y novelista, inició su carrera narrativa en 1981 con el libro de relatos ¿Qué signo es usted, niña Berta?, publicado en Honduras.

A pesar de haber nacido en Tegucigalpa, Castellanos Moya es salvadoreño y es allí, en San Salvador, donde transcurrió su infancia y adolescencia. Ha escrito otros tres libros de cuentos, Perfil de prófugo (1987),  El gran masturbador (1993) y Con la congoja de la pasada tormenta (1995); así como diez novelas: La diáspora (1988), Baile con serpientes (1996), El asco, Thomas Bernhard en San Salvador (1997), La diabla en el espejo (2000),  El arma en el hombre (2001), Donde no estén ustedes (2003), Insensatez (2004), Desmoronamiento (2006), Tirana memoria (2008) y La sirvienta y el luchador (2011).

En 1995 publicó un brillante libro de ensayos, Recuento de incertidumbres: cultura y transición en El Salvador, y otro en el 2011: La metamorfosis del sabueso. Varias de sus obras han sido traducidas a otros idiomas y, a partir del 2001, sus libros han sido publicados por Tusquets Editores. Cabe destacar que a temprana edad publicó Poemas (1978) y en 1979 poemas suyos aparecieron en La margarita emocionante, antología poética presidida por la huella de Roque Dalton.

Castellanos Moya anda siempre de paso, errante como pocos. Su nomadismo le ha llevado de San Salvador a Toronto, de San José a México D.F., de Madrid a Barcelona, de Pittsburgh a Frankfurt, de Tokio a Iowa City.

En su vasta obra de ficción relumbra un agudo sentido de las posibilidades formales de la escritura. Despliega siempre un diestro manejo del lenguaje capaz de sacarle filo a la palabra escrita hasta convertirla en estilete, en arte mortífero. Descreído y escéptico, ha sabido recrear con maestría la atmósfera de posguerra de El Salvador tras el infierno del conflicto sangriento de los años ochenta, que tantas víctimas dejó. Por encima del trasfondo histórico de su espléndida ficción reluce y brilla un extraordinario vuelo imaginativo donde campea el humor y la ironía, que no vacila incluso en interpolar elementos fantásticos como en Baile con serpientes.

Se trata, además, de un autor dotado  de un singular talento para otorgarle voces personalísimas a sus personajes. Castellanos Moya posee un certero sentido del oído que le permite delinear con precisión quirúrgica la voz de sus criaturas narrativas, lo que les confiere peso y consistencia.  Sobresale  El asco, una novela que busca parodiar el estilo de Thomas Bernhard de manera irreverente, donde a menudo calza más la desviación que la fidelidad al modelo. Allí, con el cepillo a contrapelo, desmantela con sarcasmo las certezas establecidas y la mitología de la mal llamada “identidad nacional” de la comarca centroamericana. En definitiva, se está en presencia de un narrador que sabe entretejer historia y ficción con el instinto de juego siempre a su alcance y un endiablado dominio del oficio. Conviene leerlo.

 

*Escritor. Exembajador de Honduras en Colombia y Suecia

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