Integrantes de La Barbe protestan en la Asamblea Anual de L‘Oréal, realizada en París en abril del 2009.

El regreso de la mujer barbuda

Un grupo de mujeres conformó, hace cinco años, el colectivo de acción feminista La Barbe, que ha sido un fenómeno sociocultural en Francia. Recordadas por sus comprometidos performances, estas mujeres sacuden con su ironía por igual a masones, psicoanalistas o dibujantes de cómics. Crónica de una de sus incursiones.

2014/07/23

Por Olga L. González * París

Consentir en silencio a la supremacía de los hombres y sembrar la confusión entre los géneros”: es el principio de La Barbe, un colectivo de 40 mujeres fundado hace cinco años en Francia, que se ha convertido en una suerte de fenómeno del feminismo. ¿Quién no ha oído hablar de La Barbe? Han oído empresarios, políticos, artistas y un sinnúmero de actores sociales que desprecian o aplauden sus lemas y métodos. Han oído estudiantes que vienen de Nueva York o de Río interesados en su forma de activismo cultural. Han oído escritores de artículos y de tesis doctorales en Sociología, y periodistas que las han entrevistado en programas de televisión de primera línea. La Barbe ha sido noticia: han perturbado el orden en la apertura del Festival de Angoulême, el más importante de cómic del mundo; se han parado sobre la alfombra roja de Cannes, han sido objeto de artículos en medios como Libération, Slate, BBC y The Guardian; son, pues, el nuevo fenómeno de un activismo convertido en happening.

La Barbe, literalmente, significa “la barba”, pero también es una expresión idiomática que implica hastío, hartazgo frente a una persona o situación. “Resistir a la hegemonía masculina y volver visibles y ridículas las situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres” ha sido el motivo central de protesta en sus acciones. La constatación de que los puestos de poder siguen siendo ocupados en esencia por hombres, hizo que este puñado de mujeres anónimas se unieran para hacer actos de choque y así llamar la atención de una sociedad que parece conforme con la idea de que las mujeres sigan ocupando un eterno segundo puesto. Luchan contra el famoso plafond de verre, el “techo de vidrio” que las mujeres no logran quebrar. Para ellas no hay misterios: si los hombres siguen manejando los hilos del poder, es porque constituyen alianzas viriles. Y aunque de manera formal cumplan con las reglas políticamente correctas (nombrando a algunas mujeres en los comités o instituciones), toman las decisiones importantes en los espacios informales, en los almuerzos, en los clubes… allí casi siempre donde las mujeres no son bienvenidas.

A finales de junio de 2014, en un importante coloquio sobre Freud, con la presencia de prestigiosos intelectuales fui a una de las acciones de esta suerte de guerrilla girls a la francesa. Para el congreso en cuestión, las estadísticas eran claras: el 83 % de los ponentes estaba compuesto por hombres; es verdad que había mujeres, pero en su mayoría estaban ahí como moderadoras o como comentaristas de los panelistas principales.

Aunque la sociedad francesa no es la más atrasada en términos de equilibrio entre los sexos, sigue manteniendo jerarquías de poder que favorecen a una categoría muy específica de la población: el varón blanco, de clase “bien” es el imperativo. Por eso, pese a que globalmente hay más mujeres en la vida activa, en especial porque han accedido al trabajo asalariado, ocupan los puestos menos considerados, menos calificados y menos bien pagos. Como dice la socióloga Christine Delphy: “El empleo es mixto, pero el poder es masculino”.

La acción de La Barbe es relativamente simple: las activistas se introducen en los eventos donde han detectado un desbalance notable entre los sexos; en un momento dado, se dirigen a la tribuna, con una barba colgada (las hay de lana, de algodón, frondosas, negras, rojas, canosas) detrás de los ponentes, con letreros alusivos a la acción: “¡Bravo, señores!”; “La dominación masculina no tiene precio”… El desconcierto suele ser grande.

Así fue el día en que las acompañé. La sala del Ministerio de Asuntos Exteriores, en el distrito xv de París, que acogía el coloquio sobre Freud, no había pensado en esa laguna, en esa ausencia notable. Cuando en un momento dado fueron emergiendo de distintos lugares de la sala mujeres con barba, se escuchó un rumor inquieto. El encuentro contaba entre

sus oradores de honor con intelectuales influyentes. Con Alain Finkielkraut, figura mediática controvertida por sus posiciones reaccionarias; Michel Schneider, autor del libro Big mother o Hervé Le Bras, un importante demógrafo. Las barbudas habían desglosado con atención los términos con que se invitaba al coloquio. Habían preparado dos documentos escritos: un panfleto (forma de escritura que cultivan con arte) y una selección de citas de los ponentes.

En el documento que distribuían figuraba, por ejemplo, esta afirmación de Finkielkraut: “El principio de paridad es (…) negativo porque conduce a negar las diferencias reales y crea la ilusión de que algunas mujeres importantes son el ejemplo que todas las mujeres deben seguir”. De Schneider resaltaron esta idea: “Quiérase o no, el orden simbólico ha funcionado hasta acá siguiendo una demarcación que Freud ha trazado en el psiquismo y en el malestar de la civilización: los sentidos son el campo en el que la madre deja su huella; el sentido, en su inscripción arbitraria, le corresponde al rol del padre”.

En general, después del desconcierto inicial se les da la palabra a las barbudas, que leen un manifiesto dirigido a los organizadores del evento. En raras ocasiones, entre las más de 160 acciones que han realizado, les han negado el uso de la palabra. Dos de ellas: cuando asistieron al congreso del partido de derecha UMP, o en un encuentro entre masones.

La recepción que les dio el medio psicoanalítico las sorprendió: la mayoría del público, aupado por el director de la Asociación Lacaniana Internacional, Charles Melman, uno de los expositores, se dedicó a aplaudir antes de que pudieran empezar sus frases. Fueron ridiculizadas en un primer momento, y luego amenazadas de expulsión por las fuerzas de seguridad. El director de la revista Passages y principal organizador ordenó incluso evacuar la sala. Pero las barbudas no se dejaron amedrentar. Están habituadas a generar estupor y malos comentarios, pero también simpatía y complicidad en ciertos sectores. Sus acciones, entre la performance política y la guerrilla cultural, han despertado el interés de muchos: hoy proliferan grupos como La Barbe por toda Francia, e incluso en el exterior —en Australia, Inglaterra, Brasil, o México —donde inspiradas en ellas se formaron las bigotonas—. Esto les muestra que su presencia, y la subversión de sus performances, es necesaria en un mundo que se sigue conformando con poco para las mujeres.



Hombres de reserva en Angoul’men

En 2013 después de Cristo, una ciudad poblada de irreductibles machos resiste aún a los invaso-res: Angoulême.

En junio pasado, La Barba había saludado con emoción otra trinchera bien protegida: Cannes. Hoy no es el cine sino la BD y su festival a los que venimos a felici-tar. Celuloide o casilla, en el cine como en la BD los hombres crean y las mujeres aderezan con su plástica las historietas masculinas.

Desde su creación, el Gran Premio del Festival ha coronado a 45 autores. Entre ellos, 43 hombres. ¡Formidable! Con la regla de que el ganador preside el Festival el año siguiente, se garantiza la perpetuación de la élite masculina. (…)

En una profesión en la que —el talento obliga— los hom-bres están sobrerrepresentados, en donde las mujeres guionistas o dibujantes se hacen discre-tas, ustedes van más lejos. Y aunque muchas logran obtener credencial de invitación, por fortuna han desaparecido de la selección oficial: entre 50 autores seleccionados, hay 46 hombres. ¡Honorable! Citemos también la brillante proeza de la selección “patrimonio” (11 autores, todos hombres) o “novela negra” (9 autores, todos hombres). En la selección de “BD para jóvenes” hay 5 mujeres entre 17 autores. Con esto basta, ¿verdad?

El delegado principal y el de-legado artístico, Benoît y Franck, afirman en su editorial: “Que todo cambie para que nada cam-bie”. Es sin duda para mantener la supremacía masculina que su comité de selección, compues-to por 7 miembros en total (6 hombres), retuvo 14 hombres en la lista de candidatos para el Gran Premio de este año. La BD beneficia ya suficientemente a las mujeres aumentándoles las for-mas, no hay necesidad de darles premios de creación.

Gracias a Gérard, Patrick, Ludovic, Franck, Benoît, Jean-Luc, Jean-Claude, Stéphane, Bertrand, Olivier, Jean-Pierre y Frédéric. Señores: gracias por contribuir a que en el lugar del califa haya siempre un hombre. 

 

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com