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La saga de los fotógrafos

Cuando se habla de la historia de la fotografía en Colombia se vienen a la memoria los nombres de Nereo López o Melitón Rodríguez. Sin embargo, el apellido Duperly está asociado a los recuerdos de muchos, pues sus tiendas estuvieron por todo el país. ¿Cómo se recuperó este poderoso archivo familiar?

2014/09/23

Por Esteban Duperly* Medellín

No hablo francés y era la primera vez en un tren en Europa. Por eso prestaba atención especial a los carteles con los nombres de los pueblos, que aparecían barridos por la velocidad en la ventana del vagón. No quería perder la parada y terminar en Normandía. Era evidente que me estaba dominando una inseguridad de viajero solitario, cuando en realidad la maniobra que tenía por delante era muy fácil: bajarme en la villa de Bernay –apenas a hora y media por carrilera de París–, buscar su pequeñísimo Museo de Bellas Artes, preguntar por una olvidada colección de litografías, y retratarlas. Tal vez nada de eso tendría un ápice de insólito, si no fuera porque al litógrafo, cuyas obras iba a retratar, me unía un hilo de sangre de 200 años.

Las reproducciones fotográficas que haría estaban destinadas a formar parte de una exposición fotográfica en Medellín. Se trataba de una exhibición retrospectiva que subiría por el tallo de un árbol genealógico bastante confuso –el mío– explorando la relación con la imagen de varias generaciones de una misma familia –la mía–. La propuesta era llamarla Retina Caribe, pero tal vez hubiera resultado más acertado titularla Aves de paso, que es la forma lírica como apodaron los caribeños de finales del siglo XIXy principios del XX –ingleses, holandeses, franceses, españoles, negros africanos y criollos americanos exiliados– a los fotógrafos ambulantes que, como literales pájaros migratorios, andaban de isla en isla retratando gente y paisajes. Porque, aunque la cronología de esta exposición llega hasta nuestros días, la nuez de lo que se exhibe es el trabajo visual realizado por unos sujetos de apellido Duperly durante cerca de 70 años de retratar –y errar– por el Caribe.

En resumen, esta exhibición expone el trabajo de cuatro generaciones de fotógrafos, tres de ellas tocadas por un espíritu inquieto y nómada difícil de contener. Eso explica que sus integrantes, en menos de un siglo, pasaran de ser artesanos litógrafos en París a fotógrafos de estudio en Bogotá y, finalmente, comerciantes en Medellín. Las imágenes que componen la muestra cuentan precisamente esa historia: el tránsito de una saga familiar desde Europa hasta la América andina, marcado por una escala de varias décadas en el Caribe del siglo XIX. De ahí el nombre oficial de la muestra.

La exposición incluye litografía, daguerrotipo y fotografía. Comienza con el trabajo de Adolphe Duperly, un litógrafo artesano que salió de Francia en 1820 y no volvió nunca más. Cuando se fue tenía 19 años y llegó a Haití como profesor de litografía en el Liceo Nacional de Puerto Príncipe. Tres años después se trasladó a Cuba, y finalmente a Jamaica. De él se exhiben las reproducciones de sus Litografías terminadas –paisajes, escenas de campo, retratos– y algunas pruebas de taller, muchas de ellas con anotaciones al margen en letra manuscrita que les aportan mucho sabor anecdótico. Sobresale un perfil de Bolívar basado en el último retrato que, en agosto de 1830 en Cartagena, le hizo al Libertador el famoso miniaturista romano Antonio Meucci, vecino de Duperly en Kingston.

También se exhiben escenas de calle y ciudad, que permiten apreciar con gran precisión cómo era la Jamaica urbana. El nivel de detalle en estas piezas es muy alto pues fueron hechas con una técnica novedosa: los grabados litográficos, hasta entonces basados en los apuntes de campo y en los detalles que reconstruía de memoria el autor, comenzaron a ser calcados a partir de daguerrotipos. Esto resultó fundamental en la obra de artistas como Adolphe y sus hijos, porque elevó muchísimo la calidad de su trabajo. De hecho, los llevó hacia otra dirección; a partir de entonces los Duperly perdieron interés en la litografía y se dedicaron a un arte que apenas nacía: la fotografía. Y con ella viajaron de isla en isla hasta alcanzar el continente.

Los hijos de Adolphe vagaron como fotógrafos ambulantes, es decir, como aves de paso, durante cerca de 40 años por casi todo el Caribe: desde Nueva Orleans hasta Martinica. Y, por primera vez, sobre el litoral colombiano –Panamá, Cartagena y Barranquilla– e incluso se aventuraron tierra adentro: por el Magdalena hasta Mompox y Ocaña. Una publicación de 1905 llamada Picturesque Jamaica, postales (conocidas como ‘vistas’), y tarjetas de visita (retratos de personas pegados sobre una lámina de cartón decorado) dan cuenta del trabajo de esta segunda generación de itinerantes y son las protagonistas de este capítulo. En general se trata de fotografías en blanco y negro logradas bajo diversas técnicas, y algunas con retoques de color aplicados con pincel, que parecen corresponder a intervenciones posteriores a los autores originales.

Ellos, hermanos enemistados entre sí, iniciaron a partir de 1890 una diáspora definitiva que terminó por conducir al menor, Henry Louis, hasta Colombia, más exactamente a Bogotá, donde se convirtió en un sedentario fotógrafo de estudio. Pero antes de establecerse en el frío, y dejarse crecer una barba cana y extravagante que bien pudo haberle servido de mantel, vivió unos cortos años en Barranquilla y luego vagó retratando Colombia en compañía de su hijo primogénito, Ernesto Vivian. Aunque de ellos se exhiben algunas fotografías de sus viajes –titulado por ellos mismos con el rimbombante nombre “Gira artística con el fin de tomar una obra histórico- geográfica profundamente ilustrada”–, junto a algunas ‘vistas’ rurales y urbanas de la sabana de Bogotá, el grueso corresponde al trabajo hecho en estudio bajo los sellos Fotografía Inglesa H.L. Duperly e Hijo y Duperly and Son Photographers. La colección de tarjetas de visita es generosa y permite apreciar las poses, las decoraciones escenográficas y los telones de fondo que marcaron la estética de la época.

Pero aquí esta exposición hace un giro en U que determina el carácter del resto de la muestra: se exhibe material de tipo familiar, es decir, producido en la esfera de lo íntimo y lo doméstico. La explicación tiene que ver con un cierto cambio de mentalidad colectivo: los Duperly del siglo XX más que fotógrafos fueron comerciantes. Tras la muerte de Henry Louis, en 1907, Ernesto Vivian clausuró la famosa Fotografía Inglesa, abandonó toda relación con la imagen, y se dedicó a ser importador de ferreterías. Mientras que Óscar –hijo segundón de Henry– emigró a Medellín en 1915 y también abrió un almacén. Aunque en su caso para vender insumos y suministros fotográficos de la Eastman Kodak Co. En la vida privada, sin embargo, continuó disparando la cámara con mucha asiduidad y técnica, y eso explica lo profuso de su archivo visual.

Óscar, antes de formar familia, también cumplió con su cuota atávica de nomadismo. Acostumbrado a una vida de viajes detrás de su padre –que comenzó en Falmouth, Jamaica, y lo trajo como adolescente hasta Bogotá– se marchó durante 22 meses en una especie de viaje iniciático y recorrió los Andes hasta Venezuela, luego enrumbó a Curazao desde Maracaibo, y finalmente regresó a Colombia por el Magdalena. De ese viaje quedó una colección de fotos que se constituye en una de las piezas más apreciables de esta muestra. Entre varias panorámicas del río como ya no se ve: con champanes y vapores sobre el agua, y las orillas tupidas de vegetación exótica, como detenidas en el período Precámbrico.

La recta final de esta cronología fotográfica ocurre en Medellín. Las fotografías que la ilustran corresponden, nuevamente, a escenas de ciudad y de familia. Las acompaña una proyección televisada de películas caseras en formato 16 mm, filmadas por el propio Duperly. A manera de remate se exhibe la prolija obra fotográfica de sus hijos Fernd y Henry, dos hombres de negocios que traían en la sangre el espíritu inquieto y el buen ojo para obturar. Fueron fotógrafos de luz natural y su trabajo ofrece una visión del mundo desde una perspectiva burguesa, pero no desmerece ni en estética ni en técnica. La aerofotografía es de lo mejor en su producción, y la calidad de sus tomas se equipara a la de cualquiera de sus contemporáneos. A manera de codas adicionales hay una preciosa galería de fotografías iluminadas (coloreadas) a pincel por una de las hijas de Óscar, algunas cámaras y proyectores de época, y una muestra del trabajo en digital de los descendientes más contemporáneos, con lo que vendría a completarse una historia de casi 200 años.

Es esta una exposición de unos fotógrafos que se creía que no tenían obra, y eso le aporta gran valor. A diferencia de los fotógrafos icónicos de varias décadas en Colombia como Melitón Rodríguez, Carvajal, Leo Matiz, Manuel H, Nereo López, etcétera, ningún Duperly había exhibido su trabajo. Aunque siempre estuvieron ligados a la fotografía, su oficio no era el retrato o el paisaje, sino el comercio, y eso causó que sus fotos no orbitaran una esfera pública sino una íntima y doméstica. Por lo tanto, se minimizaron su valor y su calidad. Ahora estas imágenes dejaron cajones y anaqueles de abuela y son mostradas al público.

Retina Caribe ha tomado, como sus protagonistas, un talante de itinerancia. En octubre de 2013 la presentó la Universidad Eafit, y estuvo abierta en su biblioteca hasta febrero de este año, cuando la trasladaron al simpático museo de Jericó, Antioquia, donde funcionó hasta junio. Ahora la Fundación Casa Museo Pedro Nel Gómez la ha vuelto a instalar en un formato más conciso y resumido en el Museo de Ciudad del cerro Nutibara, un lugar público de Medellín que convoca a un espectro mayor y más diverso de gente. El objetivo es llevarla a Bogotá, luego a Barranquilla y, más tarde, a Jamaica, para que cumpla una especie de parábola del retorno. Y no estaría de más que llegara hasta Bernay, la aburrida villa de campiña donde el historiador Daniel Gutiérrez encontró la colección de pruebas litográficas de Adolphe, y que yo fotografié luego, cuando conseguí bajarme del tren en la estación acertada. ¿Cómo llegaron esas litografías hasta allá? No hay mayor claridad, pero para esos papeles andar de vagabundos debe resultarles de lo más natural.

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