El actor catalán Sergi López será la superestrella del Festival Iberoamericano de Teatro.

La lección de un actor

El gran actor catalán Sergi López, conocido como el villano de El laberinto del fauno, será la estrella principal del Festival. Su pasmoso monólogo Non-Solum es toda una joya del teatro.

2010/03/16

Por Ricardo Silva Romero

Mientras mejor sea el actor, más difícil será escribir su perfil. El retrato de Sergi López, por ejemplo, tratará de describirlo como aquel intérprete catalán que dejó el colegio a los 16 años para dedicarse a la vida del teatro, que ha filmado nueve largometrajes bajo la dirección del cineasta francés Manuel Poirer y que ha encarnado a algunos de los peores villanos del cine de estos últimos veinte años (resulta escalofriante en El laberinto del fauno, Negocios ocultos y Harry, un amigo que te quiere), pero al final se quedará corto, claro, porque no logrará explicar quién es esa persona que finge sobre el escenario, quién está detrás de todos esos personajes de todas esas películas o por qué hace las cosas que hace, y más temprano que tarde tendremos que rendirnos con la frase “Sergi López sigue siendo indescifrable, Sergi López es muchas personas y ninguna al mismo tiempo”.

Que es, si uno lo piensa con calma, el destino de los grandes actores y el punto de partida de la obra de teatro que viene a presentar en el xii Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. El título es Non-Solum. Lo dirige su gran amigo Jorge Picó. Y es un monólogo de noventa minutos en el que se convierte, enfrente de todos, en algunos de los hombres que lleva por dentro.

Podemos ver su vida como quien pasa las páginas de un álbum de fotos. Su nacimiento, el 22 de diciembre de 1965, en Vilanova i la Geltrú. Su infancia, conducida por una familia que se enorgullecía de haber sido republicana en los peores días de la guerra civil española. Su participación, desde niño, en los montajes de Navidad que se llevaban a cabo en su ciudad natal. Sus primeros días de teatrero en Barcelona. Su entrega absoluta a la hora de estudiar interpretación, bajo la mirada de Jacques Lecoq, en la École Internationale de Théâtre et Mouvement de París. Su muy valiente trabajo, desde mediados de los ochenta hasta mediados de los noventa, en obras de su autoría de la talla de Brams o la kumèdia dels herrors y Fins al fons. Y en 1997, después de probar suerte en una serie de largometrajes decorosos, su primer gran triunfo en el mundo del cine: una pequeña película de carretera, Western, dirigida por el hombre que creyó en él desde el principio: Manuel Poirer.

Fue ese relato, Western, el viaje de un hombre bueno, el catalán Paco Cazale, que se tropieza con una amistad en la búsqueda desesperada de un amor, el que lo convirtió en uno de los actores más pretendidos por los directores del cine europeo: cineastas como Ventura Pons, Manuel Gómez Pereira y Frédérique Fonteyne lo hicieron parte de sus obras. Y fue el maravilloso Harry, un amigo que te quiere (1999), un extraño thriller filmado por el realizador Dominik Moll, el que lo transformó en ese intérprete capaz de encarnar el mal mejor que ningún otro. Ese fue el descubrimiento de entonces: que su mirada extraviada, que tanto le servía para representar la inocencia, también podía ser perturbadora: la usó de todas las maneras posibles en personajes como el abusador de Solo mía (2001), el hotelero ilegal de Negocios ocultos (2002) o el psicopático capitán franquista de El laberinto del fauno (2006).

Y pronto se transformó en la personificación del horror: por algo el profesor Samuel Amago, de la Universidad de Virginia, publicó en 2005 un ensayo titulado Por qué los españoles son buenos villanos: Sergi López y la tradición de la leyenda negra en el cine europeo contemporáneo.

Uno podría pensar, si hace un recorrido por su ya extensa filmografía (que cierra, hasta el momento, la más reciente película de Isabel Coixet: Un mapa de los sonidos de Tokio), que López se parece a los hombres obsesivos que interpreta, que Sergi López no descansa en el camino, como sus personajes, hasta que no se estrella contra un muro. Pero Non-Solum, el complejo monólogo que presentará en Bogotá, y que es, no cabe duda, uno de los espectáculos más atractivos que vienen al xii Festival, lo ayudará a escapar de los estereotipos que persiguen a los actores (“actores de carácter”, los llaman) que un buen día se dejan tragar por el cine. Non-Solum lo mostrará como un hombre de teatro, como un tipo cargado de un inesperado sentido del humor, como una persona frágil a punto de venirse abajo. Non-Solum probará, en suma, que no es el Sergi López que creemos.

Que los perfiles en verdad se le quedan cortos. Que lo mejor que puede pasarnos, como sus espectadores, es conservar ese misterio.

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