En La última cinta de Krapp, Bob Wilson demuestra porque es conocido como todo un artista integral.

La última cinta de Krapp

El actor y director Bob Wilson presentará en el Festival Iberoamericano de Teatro una obra que promete demostrar por qué es una de las figuras más importantes del teatro mundial.

2010/03/16

Por María Carolina Cuervo

Si quiere saber lo que es un verdadero “artista integral”, entonces vaya a ver un espectáculo de Robert Wilson. Director de teatro y ópera, dramaturgo, actor, arquitecto, coreógrafo, bailarín, escultor, artista plástico y diseñador de mobiliario, sonido e iluminación. Sí. Es todo eso. Y lo insólito es que todo lo hace bien. Muestra de ello son los numerosos premios y becas que ha recibido desde que comenzó su carrera artística a mediados de los años sesenta: Premio Obie a mejor dirección, León de Oro de Escultura de la Bienal de Venecia, título de Comendador de las Artes y las Letras en Francia, beneficiario de dos becas Rockefeller y dos becas Guggenheim, elegido miembro de la Academia de las Artes y Letras de Estados Unidos, y único nominado al Premio Pulitzer de teatro en 1986, entre otros. Y todo esto suena muy importante, pero tal vez es lo menos interesante que hay para decir acerca de Bob, como se le conoce.

Wilson es para muchos el artista más influyente e interesante del teatro experimental y de vanguardia en el mundo entero. Su teatro explora y vincula todas las expresiones artísticas posibles –desde la plástica hasta el video– y ha trabajado en colaboración con reconocidos escritores, músicos, bailarines, cantantes, artistas plásticos y actores tales como Tom Waits, William S. Burroughs, Heiner Müller, Allen Ginsberg y Phillip Glass. No le tiene miedo a nada. Nunca lo tuvo. Ni siquiera cuando le dijo a su padre que era homosexual o cuando hizo un solo de danza en la universidad con apenas unos interiores encima. Siguió fiel a las preguntas que constantemente se hace y que son para él el fin último del trabajo artístico. Le ha dado al teatro ese carácter ambicioso del que carecía, ha traspasado las fronteras de lo tradicional y ha creado una nueva mirada, una nueva forma.

Wilson se arriesga y logra comunicar ideas muy complejas a través de imágenes muy simples. La fuerza y originalidad de su visión radica en su estilo provocador. Para Wilson, es necesario forzar un orden en el desorden. Es austero y utiliza movimientos lentos y simples –muy criticados a veces–; pero es que para Wilson la percepción de la vida cambió en el momento en que empezó a reducir la velocidad al hacer las cosas. De ahí que superara su imposibilidad para hablar cuando era chico y de ahí que en sus obras tenga ese manejo particular del tiempo, del espacio y del lenguaje. Porque nadie ha llegado a dramatizar con tanta fuerza como él la crisis del lenguaje. Muestra cuán importante es eliminándolo. A través de sus silencios, que son silencios que hablan, que sirven un propósito. Afirma que el lenguaje es la barrera de la imaginación. No tiene angustia de aburrir. No se limita. Propone estructuras a gran escala, performances de 12 horas y hasta de siete días, espectáculos de millones de dólares, o de tan solo unos cuantos, pero siempre con una iluminación impecable; porque para Wilson, la iluminación es lo más importante en el teatro y por eso ha creado una firma propia, magistral y reconocible en el manejo de la luz.

Los colombianos tendremos la oportunidad de ver en el xii Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá La última cinta de Krapp, una obra de Samuel Beckett adaptada, dirigida, diseñada y actuada por Bob Wilson. No la deje pasar. No sabemos cuándo volveremos a tenerlo aquí.

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