La compañía colombiana Mapa Teatro trae un espectáculo inspirado en las fiestas de Guapi.

Los santos inocentes

Hay látigos y máscaras made in China en Los santos inocentes, la nueva obra de Mapa Teatro.

2010/03/16

Por Manuel Kalmanovitz

Hay látigos y máscaras made in China en Los santos inocentes, la nueva obra de Mapa Teatro. También una marimba de chonta a un lado del escenario. Y una pantalla en donde se proyectan imágenes de la selva que se tragó la cárcel de Gorgona y de un montón de gente corriendo, entre emocionada y aterrorizada, entre fiestera y ahuyentada, en la fiesta del 28 de diciembre de Guapi, en el Pacífico colombiano.

Es como ver los comienzos de un banquete, ver los ingredientes recién traídos del mar o la montaña o la selva y puestos sobre la mesa, listos para que los cocineros los transformen y los vuelvan otra cosa. Lo que en la metáfora del banquete llamaríamos cocinar, Heidi Abderhalden, fundadora del grupo junto a su hermano Rolf hace 25 años, lo llama “hacer no obvio”.

Porque si bien el proceso de creación en Mapa Teatro cambia de proyecto en proyecto ?–“creando contraste al interior de nuestro trabajo”, como dice Heidi– a veces partiendo de estructuras poco flexibles como la ópera o llegando a remakes de películas mexicanas de terror, lo que tienen en común es un cierto refinamiento, un compromiso básico por evitar lo obvio.

Aunque, claro, se necesita algo en bruto para refinar. En este caso, Mapa partió de materiales que apuntaban a la idea de que la fiesta y la muerte tienen una cercanía particular (cercanía señalada, entre otros, por el escritor francés Georges Bataille), como si los separara una membrana delgadísima y fácilmente permeable que vuelve fiesta a la matanza y matanza a la fiesta. “En muchas de las masacres paramilitares –explica Rolf– están ebrios a la hora de matar”.

Por eso se interesaron en las historias del Bloque Calima, de las auc, en particular la versión libre de su líder, Ever Veloza, sobre la masacre de Naya (quien además de ‘HH’ tenía siete alias más). A partir de esa idea, fueron llegando otros hilos.

Como el festival de Guapi, donde los hombres se visten de mujer, se ponen máscaras horrendas (made in China) y salen a darles latigazos a quienes encuentren por las calles en una conmemoración paradójica de la matanza de los inocentes de Herodes. Fueron a grabarlo el año pasado logrando imágenes que estarán en la obra (y, de paso, un par de latigazos inolvidables que no lo estarán).

También se pusieron en contacto con la periodista Marta Ruiz (columnista de esta publicación) que aportó textos donde un victimario relata parte de sus correrías con una brutalidad escalofriante en su neutralidad.

Ahora mismo, no se sabe muy bien cómo será el resultado final que se verá en marzo en el Festival Iberoamericano de Teatro y luego en abril en el Hebbel Theater de Berlín, institución que coproduce la obra. En ese trance de perder la obviedad y depurarse, muchas cosas imprevistas pueden pasar. Es justamente ahí donde reside el atractivo que el trabajo sigue teniendo para los hermanos Abderhalden.

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