Las cenizas de la risa

En un especial de 'Saturday Night Life', Jerry Seinfeld le dice a Larry David: “tuvimos los dos últimos pasajes a Disney World antes de que se incendiara.” Los noventas fueron la última época dorada de las sitcoms. Luego, las alternativas más interesantes se mudaron a canales de pago como Netflix o HBO. ¿Qué pasó con la comedia?

2015/06/19

Por Melania Stucchi* Buenos Aires

Cuando me convocaron a escribir este artículo sobre sitcoms o comedias de televisión, lo primero que hice fue volver a ver Seinfeld. Es probable que sepa algunos capítulos de memoria, pero eso no impide que me ría de la misma manera –o más– que la primera vez. Seinfeld se estrenó en 1989 y tuvo mala crítica. Se trataba de una serie sobre nada. Su cocreador, Larry David, explicaba en una entrevista: “Todas las sitcoms trataban sobre algo, un grupo o una profesión. Eran sobre una familia o un bar o algo particular”. Sin embargo, David recuerda conversaciones con Jerry “sobre nada”. Estar parados en el supermercado hablando varios minutos sobre una salsa, por ejemplo. De eso se trata Seinfeld. Cuatro neoyorkinos neuróticos dan vuelta sobre temas triviales con profundidad crítica y tratan asuntos trascendentes con frivolidad absurda. Para la muestra, tres de los mejores momentos de la serie: 1. George Costanza, abrumado por su vida de fracasos, decide hacer exactamente lo opuesto a lo que su sentido común le indica y se presenta ante una chica diciéndole: “Soy George, estoy desempleado y vivo con mis padres.” ¡Y el método funciona! 2. Los cuatro amigos se desafían a quién tardará más en masturbarse y, uno a uno, pierden la apuesta. Lo mejor de este capítulo es que ninguno utiliza la palabra “masturbación”. En cambio, se preguntan entre ellos “¿eres todavía maestro de tu dominio?”. 3. Elaine se enfrenta al nazi de la sopa, quien le repite la emblemática frase: “No soup for you! [¡No hay sopa para ti!]”

En La risa, Henri Bergson decía: “Lo cómico exige una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”. En ese sentido, y sin lugar a dudas, lo más desafiante de ese “sobre nada” no era tanto que se dedicara a reflexionar sobre costumbres cotidianas, sino su absoluta falta de conclusiones morales o aprendizajes sentimentales. Ni Jerry, ni George, ni Elaine, ni Kramer manifestaron nunca, a lo largo de las nueve temporadas, ninguna clase de sentimiento positivo, ni cariño, ni aprendieron algo que los enriqueciera en su calidad humana. Y estoy convencida de que ese gesto muy pocas veces se volvió a repetir en las comedias televisivas.

Amigos son los amigos
En 1994, la cadena NBC estrenó la serie creada por Marta Kauffman y David Crane: Friends. Un tiempo después llegó a nosotros a través de Warner Channel. Aunque parece que estuviéramos hablando de la prehistoria, en esa época las series todavía no se bajaban, ni se conseguían de manera fácil. Era otro modo de ver televisión, que consistía, precisamente, en eso, mirar televisión. Es decir, había que esperar un día y un horario determinados para ver el capítulo de estreno y, si te lo perdías, había un par de repeticiones, y si ni aun así podías verlo, solo te quedaba sufrir. Quizás esa forma de consumir ficciones le dio a Friends ese halo de importancia en nuestras vidas. La cosa pasaba por juntarse con amigos a comer y ver el nuevo episodio o, si uno estaba de vacaciones, por ejemplo, dejar encargado a algún familiar que por favor lo grabara. Todos moríamos por saber qué nuevo giro tomaría la relación de Rachel y Ross, o cómo cada integrante iba a ir descubriendo la relación secreta entre Mónica y Chandler, o cuál sería la nueva canción de Phoebe (“Smelly Cat” es insuperable) o, simplemente escuchar el “How you doin?” de Joey. Hay que reconocerlo, tenía algo de culebrón: amores desencontrados, amores no correspondidos, amores secretos. Y eso era lo que mantenía el suspenso. Pero también estaban los mejores running gags y una exquisita psicología de personajes. (Para los que no lo saben, el running gag es ese recurso típico de la sitcom que gira en torno de una broma recurrente, esa situación o frase que se repite con pequeñas variaciones causando un nuevo chiste cada vez que aparece). Tan hondo nos pegó Friends, que era común utilizarlos para explicar cosas de la vida cotidiana. Una vez a mi jefa, una compañera de trabajo le dijo que era “tan perfeccionista y puntillosa como Mónica”; en cierta ocasión, un amigo me dijo que los hombres siempre le dicen a una mujer que la volverán a llamar, no importa si eso es cierto o no y, si no, que mirara el episodio en el que Chandler no podía no decirle esa frase a la jefa de Rachel; u otra vez, en una boda, un amigo le pidió a otro que se cuidara de hacer “la gran Ross” y equivocar el nombre de su futura esposa por el de su ex. Es que Mónica, Rachel, Phoebe, Chandler, Ross y Joey eran nuestros amigos también y participábamos con ellos de sus aciertos y fracasos.

Hubo diez temporadas de Friends y, en el último tiempo, se rumoraba que los actores cobraban cifras imposibles que fueran ciertas en esa época. Sin embargo, no querían renovar para una nueva. Como todas las series de calidad, eligieron irse bien arriba antes que estirarlo y empezar a caer.


Los protagonistas de la serie estadounidense Friends.

Pero en el 2005, la CBS estrenó una versión remezclada de aquellos queridos amigos: How I Met your Mother. La sitcom mostraba a Ted Mosby que, acercándose a los treinta, sentía la típica crisis del “ay, Dios mío, no tengo pareja, ni el trabajo que quiero”. No obstante, todos sabíamos desde el primer minuto de la serie, que en algún momento iba a conseguirlo. En definitiva, se trataba de Ted contándole a sus hijos cómo había conocido a su madre. El problema de Mosby es que era un personaje tibio, y para entender esto no es sino ver a sus dos compañeros masculinos: en una punta, Marshall, que tenía pareja consolidada; en la otra, Barney, un soltero adinerado que tenía diferentes trucos para conseguir que las mujeres se acostaran con él. Es decir, ángel y diablo, sus dos compañeros funcionaban como los extremos del conflicto de Ted.

Más allá de la historia, lo novedoso fue la forma de contarla. A modo de matriushkas narrativas, era un relato que incluía otro relato que incluía una versión de la historia: Ted padre le contaba a sus hijos, de ahí entrábamos a los amigos reunidos en el bar (primer flashback), que se contaban las cosas que habían sucedido, para luego entrar a la situación en sí (flashback dentro del flashback). Muchas veces, esta misma historia se contaba desde distintos puntos de vista, lo que generaba gran parte de la comicidad. Otras veces, el mismo Ted omitía o cambiaba detalles a sus hijos: decirles que “el tío Marshall estaba comiendo un sándwich”, para no decirles que estaba fumando un porro.

Pasaron nueve años hasta que Ted encontró a la chica del paraguas amarillo y, si bien muchos fans se sintieron defraudados con la última temporada, lo cierto es que también empezamos a extrañarlos porque, a pesar de los errores, amigos son los amigos.


Lo primero es la familia

El papá trabaja, la mamá está en la casa, el hijo adolescente trae problemas, la hija es más aplicada y el chiquito es pura travesura y ternura. A medida que fueron pasando las décadas, estas representaciones se fueron volviendo más crudas e irónicas, pero siempre, hacia el final del capítulo, lo que entendía cada integrante es que no hay nada mejor que la familia.

En El teatro y su doble, Antonin Artaud dice que el humor manifiesta “una fatalidad que se desliza como la revelación de una enfermedad atroz bajo un perfil de absoluta belleza”. Según él, existe en el humor una faceta peligrosa que destruye, pulveriza, disocia. Esas potencias destructivas del humor castigan con severidad los valores oficiales. De ahí, su carácter liberador.

En 2003, Fox estrenó Arrested Development, la historia de la familia Bluth. La trama gira en torno a Michael Bluth, único hombre bueno y honesto de una familia llena de excesos, perversiones y megalomanías. Aunque Michael intente querer y confiar en su familia, ellos le mienten, lo manipulan y, de ser necesario, lo traicionan. El único que se salva es George Michael (interpretado por Michael Cera), que quiere ser un hombre de bien como su padre, pero es bastante torpe en el intento. El humor de Arrested Development es corrosivo y ningún valor familiar queda a salvo en su historia.

A pesar de los Emmys y de sus buenas críticas, no le fue muy bien con el público, y solo tuvo tres temporadas. Siete años después, en 2011, Netflix decidió hacer una cuarta. De esta forma, Netflix se convierte en una alternativa para producir contenidos de calidad, que muchas veces no tienen éxito en cadenas de televisión abierta, pero sí cuentan con fans incondicionales.


La televisión dentro de la televisión

En el último año, Netflix estrenó Unbreakable Kimmy Schmidt, de la maravillosa Tina Fey. Se trata de una vertiginosa sitcom (sí, de esas en las que hay que poner pausa para no perderse los chistes), pero es cierto que no logra superar a su predecesora: 30 Rock.

Durante años, Tina Fey fue de los guionista y actriz de Saturday Night Live, el programa neoyorkino de skechts que hace poco cumplió cuarenta años de emisión. Muchísimos de los comediantes que conocemos han salido de allí. (Un dato de color: Bob Odenkirk, más conocido como Saul Goodman, fue durante un tiempo guionista de SNL.) Gran parte de esa experiencia, Tina decidió transformarla en una serie: 30 Rock. Así se conviertió en Liz Lemon, demócrata, feminista, defensora del contenido de calidad, que debe enfrentarse en cada show con Jack Donaghy, su jefe, republicano, neoliberal y mercenario; con Tracy Jordan, cómico negro hipercarismático, excéntrico pero de ideas básicas; y con Jenna Maroney, actriz superficial solo preocupada por su popularidad.

Sátira social en la que abundan críticas políticas, sociales, de género y mordaz autoparodia, en donde nos muestran la cocina de las ficciones, algo que, en general, la televisión prefiere evitar.


HBO no es televisión

Aunque como consumidores de sitcoms no lo tengamos en cuenta, el canal que emite la serie tiene un modo de producirla, una cantidad de espectadores esperada, un público al que va dirigida y, a partir de eso, ciertos temas, tonos, modos de ser personajes, tipo de bromas admitidas, complejidad de tramas.

HBO es una cadena de televisión paga y, en ese sentido, se puede dar el gusto de mostrar lo que le guste. Es más, eso forma parte del diferencial del contenido que vende. Si The Big Bang Theory, de CBS, cuenta la historia de cuatro nerds para que todos la entendamos, Silicon Valley, de HBO, narra ese mismo mundo, pero de forma más inteligente y sofisticada.

En el 2000, HBO estrena Curb your Enthusiasm, probablemente una de las sitcoms más revulsivas de todos los tiempos. El genial Larry David hace un personaje que lleva su mismo nombre y tiene su misma vida, pero que, por supuesto, no es él. Auto ficción en estado puro. (Es interesante observar que no existe auto ficción de serie dramática, tema que da para escribir todo un artículo.) Larry lucha contra todas las convenciones sociales que cree injustas, aunque muchas veces eso revela su carácter egoísta y antisocial. Diógenes, el cínico, fue un filósofo griego al que Platón llamaba el “Sócrates delirante”. Cuando un anfitrión le prohíbe escupir en el suelo, Diógenes le lanza un escupitajo en la cara y le dice que es el lugar más sucio que encontró. Falsifica moneda, lo que hace que lo exilien de Sínope. Cuando le recordaban: “Sínope te expulsó de la ciudad”, él contestaba “Y yo los condeno a permanecer en su tierra”. Cuando Platón da como definición de hombre “un animal sin plumas”, Diógenes despluma un gallo y lo tira en medio de la Academia. Alcanza con ver unos capítulos de Curb, para darnos cuenta de que Larry David es el cínico del siglo xxi.

Fligth of the Conchords, Bored to Death, Entourage fueron comedias de HBO y todas se caracterizaron por lo mismo: ese gesto que las vuelve diferentes.

Sin duda, la última comedia que se destaca en los últimos años, es también de HBO y se llama Girls. Creada por Lena Dunhan y producida por Judd Apatow (gurú de la nueva comedia americana), rompe tanto en forma como en contenido con las anteriores. Por un lado, funciona en negativo de su predecesora Sex and the City: en Girls, una es gorda, la otra es drogadicta, una es acartonada, la otra superficial. Y lo mejor es que ese no es el tema “en sí”, sino que solo se trata de las características de los personajes. Por otra parte, el humor no se genera por el running gag, sino que surge de la incomodidad de las situaciones y de la observación irónica de las relaciones interpersonales en una ciudad con códigos cada vez más confusos y modos de vida cada vez más nihilistas.

En definitiva, si Seinfeld y David fueron los últimos en ir a Disney World antes de que se incendiara, Dunhan y Apatow hicieron humor con esas cenizas.




RANKING COMEDIAS DEL MUNDO


1. Seinfeld (USA)

2. Friends (USA)

3. The Simpsons (USA)

4. The Big Bang Theory (USA)

5. The Office (UK)

6. Curb Your Enthusiasm (USA)

7. Two and a Half Men (USA)

8. El chavo del ocho (MX)

9. Alf (USA)

10. The Lucy Show (USA)

11. Family Ties (USA)

12. Get Smart (USA)

13. The Wonder Years (USA)

14. Monty Python (UK)

15. Diff’rent Strokes (USA)

16. M.A.S.H. (USA)

17. Cheers (USA)

18. 30 Rock (USA)

19. Arrested Development (USA)

20. Louie (USA)

21. Father Ted (UK-IE)

22. Mad About You (USA)

23. Modern Family (USA)

24. Saturday Night Live (USA)

25. Everybody Loves Raymond (USA)

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