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Coincidencias continentales

La ebanistería como práctica artística contemporánea

2010/04/09

Por Daniel Salamanca

Chequeando la programación de exposiciones del MALBA (Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires), me encontré con que este año se llevará a cabo la sexta intervención en su espacio, esta vez a cargo del artista porteño Pablo Reinoso.

El MALBA es uno de los museos de arte contemporáneo más importantes de América Latina, probablemente junto al Museo Nitéroi en Rio, el Pabellón Ciccillo Matarazzo, donde se realiza la Bienal de Sao Paulo, y el Museo del Banco de la República de Bogotá. Y allí, como en muchos de los sitios de exposición del mundo de hoy en día, se da la posibilidad, bajo un esquema de convocatoria o invitación, de que artistas visuales, arquitectos, diseñadores y demás profesionales afines, intervengan el espacio, es decir, que se apropien a través de sus obras de las instalaciones arquitectónicas del lugar. Caben aquí modificaciones no estructurales, adecuaciones temporales de las salas, inclusión de objetos tridimensionales que jueguen con el ambiente, instalaciones que involucren la arquitectura del sitio, etcétera, etcétera. Y digo etcétera porque las posibilidades y los límites de intervención de un espacio son casi infinitas e inimaginables.

Y bien, la propuesta de este artista argentino consiste en una típica banca de madera (probablemente de pino amarillo), cuyos travesaños se arman paralelos al piso, sobre una estructura metálica, dando forma al típico asiento colectivo que todos hemos visto en parques, plazas, fincas y museos. Sí, en principio se trata sólo de ese mobiliario ideal para descansar, ver pasar gente, criticar espectadores, o simplemente, para admirar mientras se camina por ahí.

Sin embargo, en esta silla tradicional, de repente algo empieza a pasar, las tablas de madera que la estructuran, poco a poco se van convirtiendo en unos ´spaguettis´ orgánicos que se trepan por las paredes del museo cual enredaderas. A su vez, otros de estos brazos flotan en el aire, se derriten como pasta al viento y se aglutinan colgantes como lianas y ramas selváticas. Es algo increíble. Poco a poco recorren el lugar en una especie de transformación radioactiva, hasta adherirse de nuevo organizadamente a una segunda banca de madera que se encuentra estática y juiciosa en la planta baja del lugar. Es como un monstruo escurridizo que se apodera del espacio.

Dicho en pocas palabras, las bancas me parecen lo último en guarachas. Tanto, que tengo la irremediable costumbre de pasar horas enteras postrado en ellas mirando a la gente pasar. Me parece un pasatiempo inigualable y que, a pesar de lo monótono de la actividad, es perfecto para romper con la rutina. Y en este caso pues ni qué decir, además de ser sillas, se convierten en obras de arte y en una instalación museística. ¡Wow! Me dan unas ganas enormes de comprar un pasaje directo a Buenos Aires y poder vivir la experiencia en vivo y en directo. No sólo por mi fetiche extraño hacia este objeto corriente, ni por un gusto pueril hacia los spaguettis, sino por el alucinante trabajo escultórico en un material tan clásico como la madera.

Más alucinante y extraño fue caer en cuenta que mientras en Buenos Aires este artista-ebanista contemporáneo plantea ese monstruoso juego de formas y tornos, aquí en Bogotá, justo por estos días, también se muestran dos proyectos en dónde la madera y su manipulación, son los exclusivos protagonistas. Hablo por un lado de la intervención del colectivo compuesto por Diego Álvarez y Maria Paula Álvarez en el patio de la galería Nueveochenta, y de la muestra de Teresa Sánchez en la sede de Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá. Los primeros son dos jóvenes diseñadores y artistas que han visto en la madera y en los moldes su materia prima para crear un exclusivo mobiliario y en este caso, unas piezas que simulan ser toallas colgadas al exterior, pero que en realidad son láminas de cedro perfectamente dobladas para evitar la sensación de rigidez.

Teresa Sánchez, en cambio, presenta un trabajo escultórico más tradicional y que simplemente apela a la belleza de las formas orgánicas, rítmicas y armónicas que le logra dar a la madera.

Esto es lo que yo llamo casualidades continentales y coincidencias creativas. Azares que en este caso tienen que ver con el oficio del carpintero que se convirtió en diseñador y artista y que nos demuestra que la madera poco a poco retoma su lugar protagónico no sólo como material de creación, sino a su vez como aliado perfecto en montajes, museografía y curaduría. Otra buena referencia de esto sería el artista colombiano Gabriel Sierra (de Casas Riegner) que también ha hecho un montón de instalaciones con muebles y mostradores en madera. Cosas sencillas y sobrias que sirven incluso como vitrinas o pedestales, además de sus obras mismas que suelen incluir el material.

Parece que ya no sólo el color blanco está de moda. Lo que está pegando es la madera, material utilizado también por Mateo López y Nicolás París, quienes la están incluyendo en el montaje de sus piezas.


Acá algunas fotografías de la intervención de Reinoso en el MALBA













Imágenes de la intervención de Diego Álvarez y María Paula Álvarez en el patio de la Galería Nueveochenta en Bogotá:





Imágenes de la muestra de Teresa Sánchez en la Cámara de Comerico de Bogotá, sede Chapinero:









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