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A la conquista del cemento

2010/03/26

Por Daniel Salamanca



Primero que todo quiero decir que odio los graffitis baratos. Y aquí me refiero específicamente a esos escritos cortos e imborrables, probablemente con faltas inconcebibles de ortografía, cuya única función es degradar al político de turno con una grosería impronunciable. Estos además suelen hacerse en los lugares menos apropiados, con una letra espantosa y sin perspicacia lingüística alguna. Ni para algún quiproquo divertido alcanzan estas pobres hazañas de algunos pocos desadaptados que se pretenden genialmente provocadores y que nadie parece decirles que no lo son.


En cambio, el arte callejero o street art, el que nace de un malestar generalizado frente a los escenarios y circuitos tradicionales en donde circula la creación artística me parece fascinante y a la vez estimulante. No sólo por el hecho de ser una expresión desenfadada que le huye al inmaculado papel blanco -hecho para colgar impecablemente en el aséptico cubo blanco-, sino porque en su afán por legitimarse como una expresión igual de valiosa a las demás, ha alcanzado un nivel técnico y formal impresionante. Ya no sólo se ven un par de trazos rápidos, sino que al contrario mezcla los Stencils (plantilla con un dibujo recortado) con toques de aerógrafo, tizas, pinturas fluorescentes y otros ingredientes plásticos muy bien orquestados por un magistral dominio de la lata de aerosol. Y por si fuera poco, muchas veces son gigantescos, hechos bajo el continuo acecho del afán y de la intransigente ley.

Derivado de la caricatura, del cartel, de los tatuajes, de la ilustración y de la producción gráfica en general, esta nueva manera de invadir clandestinamente todos los rincones vacíos de las ciudades se ha vuelto un impetuoso y eficaz medio para comunicar ideas. Ya los trayectos a casa no resultan tan aburridos y los gatos no lucen tan solitarios en las calles y azoteas. Y si no, pregúntenselo a quienes toman el Transmilenio de la 30, el RER en Paris, los tranvías en Río de Janeiro o los buses de dos pisos en Londres. Porque si antes lo único que se veía era precisamente el graffiti barato, ahora lo que se ve es arte de alto nivel. Inclusive la Tate Modern de Londres, que viene a ser como el equivalente a la Capilla Sixtina de los adoradores del arte contemporáneo, se dejó tentar y tuvo el año pasado como evento principal una serie de intervenciones gigantescas hechas por un prestigioso grupo de prestidigitadores de la imaginería urbana.

Con ustedes, dos exponentes de este género, unos brasileros y un italiano, que desde hace un tiempo dominan la escena mundial del street art con sus originales y auténticas propuestas.

Hablo de Los Gemelos (Os Gemêos), un par de hermanos que nos deleitan los ojos con coloridas y arriesgadas propuestas que poco a poco rompen con todos los límites y las fronteras de las artes visuales:



Y de Blu, que me impresionó con su animación Muto (realizada en Buenos Aires) y con sus magnas intervenciones en festivales y encuentros de street art:


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