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Cuando toca mirarse en el espejo

2010/03/30

Por Catalina Gómez Ángel


La guerra civil que dividió, hirió y también destrozo profundamente a los libaneses durante más 15 años ha sido la inspiración para decenas de películas y libros. Uno de las que más resonancia local e internacional ha tenido en los últimos años ha sido De Niro’s Game (El juego De Niro traducida al español por Duomo ediciones) escrita por el libanés-canadiense Rawi Hagui, de quien les hablaré en una de las próximas entradas. En cuanto a películas, West Beirut de Ziad Doueiri es una de las que más trascendencia han tenido en las últimas décadas. Y es que después de 20 años de finalizada la guerra la sociedad libanesa sigue escarbando en ese pedazo de su pasado, pero lo particular es que muy pocas obras de teatro se han atrevido a tocar el tema. La gente del teatro, como el reconocido director libanés radicado en Paris Nabil Al-Azan, se queja de que esto se debe a las terribles condiciones del teatro en el país. “Por esta misma razón fue que la primera vez que la leí me di cuenta que estaba ante la primera obra de teatro libanesa”. Al –Azan habla de Viva la diva, una pieza teatral escrita por la libanesa Hoda Barakat (algunos la recordarán porque participó en el Hay Festival de Cartagena en 2008) que se presenta actualmente en el Teatro Babel en Beirut y que tienen cautivada a los libaneses de todas las confesiones y niveles económicos.
Esta obra habla del dolor de la guerra y de la complejidad de un país unido con babas a través de la vida de una actriz de teatro que era famosa antes de la guerra y que ya no existe para nadie, ni siquiera para ella misma. “Hablar de las terribles condiciones del teatro en este país es también una manera de llegar a la enfermedad de mi país”, cuenta Al-Azan que desde que leyó esta pieza, publicada en Beirut por la editorial Al Nahar, decidió que sólo tendría una actriz en el escenario y que la conciencia estaría representada por una pantalla que le contestaría en voz en off.
Es así como durante una hora y media la maravillosa Randa Asmar, considerada la actriz de teatro más importante del país, entabla un diálogo con su conciencia mientras hace un recuento de su pasado, sus épocas gloriosas, sus frustraciones, sus dolores y su soledad. ¿Qué pasa con la vida de alguien, especialmente de una actriz, cuando ya nadie la mira? ¿Cuando los focos se han apagado? Una imagen potente en un país que vive hacia la calle y es adicto a las apariencias. En Viva la diva la vieja actriz se ha convertido en una ficción que sólo existe cuando habla, cuando cuenta su versión de la historia. Es un diálogo estremecedor que también logra burlarse y parodiar a todas las comunidades que conforman al país: musulmanes chiitas, sunitas y cristianos maronitas entre muchos otros. Ninguna confesión esta a salvo de caer en los mordaces comentarios de la actriz, algo que pocos se atreven a hacer en este país. Pero lo interesante es que nadie lo ve como una crítica directa. Esta es la magia que tiene el teatro y que engrandece a esta obra que no ha recibido sino elogios en un país tan sensible, en el que todo se tiene que decir y hacer con el mismo cuidado con el que se trata a un bebe recién nacido o a un enfermo terminal. Tal como quiera mirársele.
“Cuando lo analizo, pienso que esta obra también es parte de mi”, cuanta Al-Azan que hace años no dirigía en su país. En París tiene su compañía Barraca que se caracteriza por producir obras multiculturales donde participan actores de todas las creencias, orígenes y colores. No le gustan las sociedades cerradas, “mi lugar es en el medio”. Pero regresó porque la obra lo cautivó por varios motivos. Porque habla de una mujer libanesa, creció con cinco hermanas, porque habla de las minorías, “aquí todos somos minorías pero las mujeres tienen que conquistar más”.
Hoda Barakat le había dicho en alguna ocasión que había escrito una pequeña obra, su primera incursión en el teatro, pero nunca la envió. Fue Asmar quien se la dio a leer hace un año en el festival de teatro de Avignon. Le habían dicho que nadie más que ella lo podía hacer, pero ella tenía miedo. “La obra habla de un país en descomposición y por eso ella tenía que tener el rostro desfigurado”. Tenía que ser una mujer perdida en ella misma y su conciencia.
“Esta obra me ha hecho volver a amar al teatro”, le dijo una señora mayor a Al Alzan el sábado por la noche terminada la obra. Él dice que el éxito se debe a que este país, donde todos los espectáculos tienen que ser grandes y una producción gigante, había olvidado el teatro de Texto. “Ha sido para ellos concentrarse en el texto”. Lo han hecho. Se siente por sus reacciones durante esta obra que habla una vez más del dolor de esta sociedad que ha tratado de tapar las heridas pero que en el fondo todavía están ardiendo. Esto brota en cada una de las líneas de la obra.
Viva la diva será presentada en varios teatros de Francia en verano, las fechas no están definidas, y también en otros países de Oriente Medio. Es en árabe pero tiene subtítulos en francés.


El director Nabil Al-Azan  en la sala de espera del teatro Babel, ubicado en el tradicional barrio de Hamra ubicado en el Beirut Oeste que era el territorio de los musulmanes durante la guerra. Actualmente es el barrio multicultural, bohemio de la ciudad.





La actriz Randa Asmar en escena. Foto: Bilal Jawishe.


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