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Al mal tiempo, bellos libros

A pesar de que a la crisis del sector editorial, tan sonada últimamente, se le sumó ahora la crisis económica, algunos editores, distribuidores de libros y libreros se la juegan en el mercado con libros exquisitamente editados y, en algunos casos, costosos.

2010/06/29

Por David Roa* Bogotá

Probablemente la mayoría de gente que compra libros no le da mucha importancia a la calidad del papel o a la diagramación; a veces incluso poco importa la editorial que publica el producto. Sin embargo, en la práctica, para cualquiera es grato poder leer un libro con espacios generosos entre las líneas, márgenes amplias, con una fuente delicada y clara y con un papel lo suficientemente grueso que impida que las letras al respaldo distraigan la lectura. La editora Catalina González opina que en esos pequeños detalles se puede evaluar el gusto del editor.

Del mismo modo, algunos lectores compulsivos están muy pendientes de estos cuidados, y no dudan en volver a comprar un título ya existente en su biblioteca si lo encuentran bellamente editado, o se arriesgan con una obra desconocida si la presentación del

libro es impecable o la editorial que lo publica se ha ganado su confianza.

Estos lectores son los que preguntan por las novedades de editoriales como Acantilado, Siruela, Valdemar o Galaxia Gutenberg. Los mismos que se sorprenden gratamente con iniciativas editoriales locales como Tragaluz Editores, Domingo Atrasado, Eafit o La silueta, entre otros. Visitan constantemente librerías que tienen, aunque sea en pequeñas cantidades, libros que llenan sus expectativas y motivan su curiosidad.

De esto da fe Carlos Arturo Rangel, quien con su distribuidora Promolibro lleva unos diez años en el oficio de comercializar libros y quien asegura que son en su mayoría las librerías pequeñas las que demandan excelencia, respondiendo a las necesidades de clientes que quieren buenas ediciones, así los libros lleguen a veces muy costosos.

En esto está de acuerdo Alba Inés Arias, quien al frente de la librería Lerner Norte de Bogotá, suele encargarle libros a Rangel como los bellísimos primeros tomos de las obras completas de Walter Benjamin (editorial Abada) que cuestan más de 200.000 pesos cada uno. Según ella, a pesar del costo elevado, los ejemplares no se quedan por mucho tiempo en las estanterías, pues se trata de libros que los clientes preguntan desde el momento de su publicación.

Claro que no es el único motivo para tener este tipo de libros. Arias cree que la fidelidad de sus clientes también se gana proponiendo, y por eso no todo lo que pide a Promolibro y a otras distribuidoras por el estilo, como Artemio, Océano o Plaza y Janés, es por encargo de los lectores sino por iniciativa propia. Por ella y gracias a otros libreros que siguen esta suerte de credo secreto es que en algunos sitios de Bogotá, como las librerías Babel, Arteletra, Prólogo, Fondo de Cultura Económica y Biblos, se puede encontrar una amplia variedad de libros hermosos de editoriales para muchos desconocidas. Cabe anotar que, a veces, son los propios libreros los que se ven en la necesidad de importar los libros directamente para prestar un servicio que, a través de los distribuidores, se complica.

Hoy en día los bibliófilos de Bogotá pueden encontrar libros de editoriales nuevas por estas latitudes, como la colección de cuentos Los ojos de Davidson, de H. G. Wells en la edición de Atalanta; El secreto del bosque viejo, de Dino Buzzati de la editorial Gadir, o Calcomanías, de Oliverio Girondo de la editorial Renacimiento. También la excelente presentación de Lo infraordinario, de Georges Perec, o El vacío perfecto, de Stanislaw Lem de Impedimenta, que junto a otras siete editoriales hace parte del proyecto Contexto, ganadores del Premio Nacional a la mejor Labor Editorial Cultural 2008, concedido por el Ministerio de Cultura de España. Algunas de estas, como Libros del Asteroide, Barataria, Global Rhythm y Sexto piso, ya se pueden conseguir en Colombia.

Según Enrique Redel, director de Impedimenta, la crisis parece convenirle, y ha podido comprobar sus sospechas con el incremento de las ventas de su editorial en los últimos tiempos. De hecho, afirma que ha tenido que elevar los tirajes de sus novedades de 2.000 a 3.000 ejemplares. Redel argumenta que en su país, probablemente el más afectado por la crisis económica en Europa, la gente anda con pocos euros en el bolsillo y por eso se ha vuelto más exigente a la hora de comprar. Estas condiciones les convienen a sus libros que, estando en el rango de precios de editoriales como Acantilado o Atalanta, procuran un estándar de calidad aun más alto.

Claro que la gente de Impedimenta y las otras editoriales independientes del Proyecto Contexto saben que no les basta con su preciosismo editorial para salir bien librados de la desaceleración del mercado. Parte del reconocimiento que se les dio con el prestigioso premio que obtuvieron el año pasado, fue por desarrollar esta agremiación que les ayuda a la hora de mercadear sus productos, visibilizando a cada uno de los miembros y reduciendo costos a la hora de negociar conjuntamente, para realizar catálogos, distribuir libros o publicitar en prensa, y un largo etcétera. En el caso de Impedimenta, estas circunstancias no solo les ha permitido ganar el premio, que da visibilidad, sino tener una fuerte presencia en librerías en apenas dos años de existencia.

Los precios de muchas de estas editoriales son apenas más altos que el promedio en España pero, lastimosamente, a Colombia llegan mucho más costosos. Sin embargo, esta circunstancia no amedrenta a los gomosos de las bellas ediciones. Es notable, por ejemplo, el éxito que tiene el libro Érase veintiuna veces Caperucita Roja, de la editorial Media Vaca, que ya no se consigue fácilmente en Bogotá a pesar de su precio elevado (120.000 pesos). Es irónico que, a diferencia de otros editores, los dueños de esta editorial hacen todo lo posible por conservar bajos los precios de sus excelentes publicaciones.

Media Vaca es una “empresa” de dos personas: Vicente Ferrer y Begoña Lobo. Ellos se encargan de todo el proceso: elección del material, diseño, diagramación, producción, comercialización etcétera. Ferrer, quien además es un reconocido ilustrador en su país, sabe perfectamente cómo se llama la persona que hace los textos de sus libros y cómo la distribuidora que lo comercializa en Colombia.

Dado el cuidado que demanda la realización de sus libros, Vicente y Begoña han hecho solamente tres al año durante la última década. No tienen empleados para poder conservar sus precios bajos (sus libros cuestan entre 15 y 25 euros). Según ellos, tratan de llegar al público más amplio posible, pues no les gusta la idea de que sus libros solo sean accesibles para unas pocas personas.

A Ferrer no le preocupa demasiado la crisis y afirma con tranquilidad que, como en el caso de Impedimenta, sus ventas no se han visto afectadas. Supone que la situación de su editorial es bastante singular puesto que, hasta en Valencia, su propia ciudad, hay mucha gente que apenas los está descubriendo, y en consecuencia, tienen todas las posibilidades de crecer como empresa. Agrega además que la Crisis, con mayúscula, se lleva bien con la Literatura, con mayúscula, y que sin duda ellos sobrevivirán a ella, aunque no tan seguramente a sus exigentes horarios de trabajo, su desorden alimenticio y sus pocas horas de sueño.

Al parecer, editores como los del Proyecto Contexto o Editorial Media Vaca y los proveedores y libreros que trabajan con ellos, coinciden por ahora en desestimar la crisis. Para unos, como Rangel, la crisis es una característica natural del sector editorial, mientras que para otros la crisis es su momento ideal. Sería bueno pensar que es más lo segundo que lo primero, y que la proliferación de nuevas editoriales exquisitas e independientes en las mesas de novedades de las librerías es un síntoma de una buena época para el mundo de la edición. Una época en la que los editores son verdaderos editores. Gente como Vicente Ferrer o Enrique Redel, que pueden sentirse orgullosos de sus libros.

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