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Anclado en Cali

Más allá de la anécdota de ser gringo, el escritor Tim Keppel ha sabido capturar algo de la esencia caleña y colombiana en su primer libro de relatos. ¿Cómo llegó un escritor gringo a Cali y por qué se quedó?

2010/03/15

Por Margarita Cuéllar Barona

Tim Keppel vive en Cali hace mas de diez años y todavía no baila salsa. Es un tipo canoso, de ojos claros y andar lento. Tiene la cara alargada, las mejillas rosadas, la mirada entre gris y azulosa. Es melómano y amante del jazz; pero no baila. Y no lo hace porque a pesar de que se enamoró de Cali y de una dagüeña (de Dagua) bailadora, prefiere las tertulias con los amigos a las rumbas caleñas. Antes de venir a Colombia poco le gustaba la jardinería, pero ahora se ha enamorado de la exuberancia de sus plantas. En su casa de un barrio del sur de Cali, abundan. Dos plátanos sirven de pilares a su guarida de escritor. Luego de diez años en este país, Keppel siente que, finalmente, al igual que sus plátanos, ha echado raíces y que está listo para enfrentar el reto de la paternidad.

Keppel, que recientemente publicó su primera colección de cuentos Alerta de terremoto, llegó por primera vez a Colombia en 1990. Venía a dictar clases de inglés en el Colombo Americano de Cali. Llevaba años buscando experiencias que le sirvieran de gasolina para sus relatos, cuando se enteró del puesto por mera casualidad mientras trabajaba para la ciudad de Filadelfia ayudando a personas marginadas. Se tomó un año de licencia para venir a Colombia y al regreso a su país se inscribió en un PhD con la esperanza de conseguir trabajo como profesor de Literatura en una universidad colombiana. Y así fue. En 1995, cuatro años más tarde, regresó a Cali con un doctorado de la Universidad Estatal de la Florida y comenzó a trabajar en la Universidad del Valle, en donde todavía da clases en la Escuela de Ciencias del Lenguaje.

Vino con la esperanza de encontrar material para sus relatos; una búsqueda que hizo que se matriculara en “la universidad de la vida”, como dice en un guiño algo gastado pero muy colombiano, y recorriera distintas partes del mundo. Antes de llegar a Cali, Keppel trabajó como taxista en Nueva York, socorrista en un terremoto de Guatemala, trabajador social en Filadelfia y miembro de un cuerpo de paz en Nicaragua. Luego de más de veinte años de deambular, encontró en Colombia una fuente de inspiración, al parecer inagotable, y por eso decidió quedarse.

Alerta de terremoto es una recopilación de diecisiete cuentos que narran las vivencias de un extranjero en Colombia. Los cuentos no se centran en un solo personaje, sino que recogen historias de diferentes gringos y su experiencia como inmigrantes. Con humor y sarcasmo, Keppel invierte los problemas de aculturación, visados, lenguaje y adaptación a los que muchos colombianos se someten cuando emigran a los Estados Unidos.

“Campeón”, el cuarto cuento de la recopilación, habla de la fascinación, el temor y la sensualidad que hacen parte de la experiencia de vivir en Cali. “Rick Hines se quedó sin plata en Cali. Se alojaba en Las Palmas, un hospedaje con duchas frías, cucarachas y una espléndida vista a las montañas por encima de techos rojos. Todas las mañanas lo despertaba el canto de un gallo. Al principio el sonido lo enfurecía y se tapaba la cabeza con la almohada. Pero pronto aprendió a dormir con el canto, aunque se le enredaba en los sueños.”

Los cuentos fueron escritos durante un período de cinco años y nacen de la necesidad de procesar y dar palabra a su vida en Colombia. Alerta de terremoto puede leerse como la perspectiva de un gringo que aterriza en este caos de calor, violencia, sensualidad, motos y minifaldas. Aunque sus personajes centrales son en su mayoría gringos, los cuentos de Keppel hablan de la experiencia universal de vivir como extranjero. Son cuentos realistas, en los que logra plasmar la idiosincrasia del pueblo caleño con la agudeza de alguien que no sigue siendo extranjero en esta cultura.

En la vida real, Keppel se parece más a los personajes caleños de sus cuentos que a los gringos. Es un tipo alegre y descomplicado que disfruta de su trabajo tanto de profesor como de escritor. Como profesor, Keppel no duda en prestarles sus libros a sus alumnos. Su oficina funciona como una versión informal de la biblioteca universitaria. Como escritor, no ha parado de escribir: todas las noches se sienta en su terraza con su computador portátil y prende el ventilador Sanyo para darse fresco. Es un lector incansable y probablemente su crítico más exigente.

Hace seis años compró la casa en la que vive y por ahora no tiene ganas de moverse. Keppel siente que por fin ha logrado establecerse, tiene una gran biblioteca, una cómoda sala de Rattan, un jardín del cual se enorgullece y un clima que le permite sentarse a escribir en la terraza todas las noches. A pesar de que Anita, su esposa y musa, quiere mudarse a Bogotá, Keppel no tiene ganas de volver a empezar un nuevo jardín, pues vive feliz en Cali. Mientras la mitad de los caleños sueñan con irse, Keppel sueña con quedarse y empezar una familia. Porque digan lo que digan acerca de lo que este gringo cuenta de Colombia, Keppel se enamoró de este país y en él ha encontrado el amor y la inspiración que tanto buscaba para su oficio de escritor. Tim Keppel, como sus matas, ha echado raíces.

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