Rafael Gutiérrez Girardot

Rafael Gutiérrez Girardot: el humanismo como destino vital

Se cumplen diez años del fallecimiento del intelectual colombiano.

2015/05/27

Por Marco Bonilla

Rafael Gutiérrez Girardot, ensayista y crítico de la literatura hispanoamericana, amaba a Alemania tanto como a Colombia. Este germanófilo, nacido en Sogamoso (Boyacá) en mayo de 1928, hizo del país europeo su casa y su destino. Pocos como él lograron difundir en América Latina la obra de Friedrich Hölderlin, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, pero también de otros escritores perseguidos por el fascismo, como Gertrud Kolmar y Else Lasker-Schüler de quienes ninguna referencia se tenía en nuestros países.

Vivió su primera infancia en su natal Sogamoso. La “Roma de los muiscas” le imprimió sus primeras imágenes, que fueron determinantes en la idea que siempre tuvo de América Latina. A los cuatro años de edad quedó huérfano de padre.  Su abuelo materno Juan de Dios Girardot pasó a ser su protector y tutor, iniciándole en un proceso intelectual  que le enseñó cómo la experiencia vital era necesariamente un goce intelectual. También le formó en una sólida base humanista, caracterizada por una crítica a toda forma de dogmatismo religioso o ideológico. Tras finalizar sus estudios secundarios en Tunja, Gutierrez-Girardot viajó a Bogotá e ingresó a la facultad de derecho de la Universidad del Rosario, donde se distinguió por su disciplina y erudición.

En 1950, abandonó el país y viajó a Madrid, donde cursó clases de sociología, filosofía del derecho y filosofía. Tres años después se trasladó a Friburgo, Alemania, invitado personalmente por Martin Heidegger donde se doctoró con la tesis Poesía y prosa de Antonio Machado, dirigida por Hugo Friedrich. Entre 1956 y 1966, en medio de su ejercicio diplomático en la embajada de Colombia en Bonn, cofundó con el argentino Francisco Pérez González la editorial Taurus en 1959. En 1970 fue nombrado profesor titular del departamento de Hispanística de la Universidad de Bonn, posición que ocuparía durante más de 40 años, hasta su fallecimiento el 27 de mayo de 2005.

Dotado de una cultura enciclopédica, Rafael Gutiérrez Girardot fue un filólogo, historiador de las ideas, educador y traductor. Sin embargo, fue ante todo un crítico literario que trató de hallar la especificidad de la literatura de nuestro continente para iniciar un diálogo con las tradiciones europeas. El académico boyacense buscó las características que eran comunes a nuestra experiencia americana, se hundió en el estudio de nuestra historia y encontró en esta pesquisa, los hilos conectores con tradiciones ajenas en el espacio y el tiempo. Tales características vienen dadas por una riqueza cultural producto de la herencia colonial, pero también de patrones culturales propios que no se encuentran en ningún otro contexto.

Con gran conocimiento de las obras, lucidez puesta al servicio de sus propuestas y una habilidad para hallar conexiones que para muchos permanecían ocultas entre los textos literarios, Gutiérrez Girardot formuló un lenguaje crítico en el que lo local, lo regional y lo global estaban en permanente diálogo. En el momento de su muerte, el ensayista ya era una institución en la crítica literaria latinoamericana, a la altura del uruguayo Ángel Rama y del peruano Antonio Cornejo Polar. No hay texto que se haya publicado sobre el modernismo latinoamericano después de 1983 que no dialogue con Modernismo, el libro de Gutiérrez-Girardot.

Su teoría crítico–literaria se basa en la convicción de que el análisis de la obra debe tener en cuenta los factores históricos, sociales y culturales que gravitan en  torno a los textos, para que los estudios literarios puedan gozar de cientificidad. Para Gutiérrez Girardot, la obra literaria no surge ex-nihilo, sino que está inserta en el entorno social en el que surge: este aporta valores ideológicos, humanos y estéticos. En este sentido, texto y contexto están ligados de forma indisoluble. El entorno social, económico y político impregna de sentido a la obra literaria. También destaca en su propuesta crítica la idea de que la historia cuenta, pues es una variable sine qua non que explica el significado y el signo de una obra literaria. En esto, Gutiérrez Girardot antecedió décadas al llamado “neohistoricismo”, la aproximación al criticismo literario y a la teoría literaria, basada en la premisa de que una obra debe ser considerada como el producto de una época y desde las circunstancias de su composición, más que como una creación aislada.

Hay en su propuesta crítica un afán por resaltar los valores de la Ilustración. Gutiérrez Girardot nunca dejó de defender el proyecto humanista moderno ante los ataques de la filosofía francesa heredera de Heidegger. La perfectibilidad humana a partir de la educación de las masas fue el horizonte inescapable de su proyecto. También se distingue en su propuesta crítica una preocupación por el desarrollo de un arsenal conceptual propio, alejado de las categorías analíticas provenientes de Europa y Estados Unidos: una reflexión teórica no dependiente, sino fundamentalmente latinoamericana.

Su pasión por Alemania conjugaba perfectamente con una devoción intelectual por la historia cultural hispanoamericana. Su interés por encontrar y consolidar los elementos esenciales de la identidad cultural de los países hispanoamericanos se conjuga con un amor imperecedero por la literatura alemana a la que tradujo y de la que fue su gran divulgador. Borges nunca dejaría de reconocer que gracias al trabajo de Gutiérrez Girardot conoció a Schopenhauer. Y fue en gran parte gracias al autor boyacense que el trabajo del escritor argentino se conoció en Alemania.

Este era el afán de Gutiérrez Girardot: lograr la inserción de la literatura latinoamericana en el panorama de las letras universales.

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