Octavio Escobar Giraldo nació en Manizalez en 1962.

“Todo comenzó con la historia de una mujer que mató a su madre”

Un matricidio y una estafa en su natal Manizales inspiraron a Octavio Escobar Giraldo a escribir ‘Después y antes de Dios’, la novela que recién ganó el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura. Hablamos con él.

2016/09/12

Por Christopher Tibble

“Lo clavé en la espalda una, dos, tres veces, con todas mis fuerzas. Si digo que no la quería matar sé que nadie me creerá, pero es la verdad, la única verdad. Quería que se detuviera; quería un poco de paz y de silencio”. A finales del primer capítulo, tras dilapidar los ahorros de su padre difunto, y de verse involucrada en la pirámide financiera de un cura carismático, la protagonista de Después y antes de Dios, la más reciente novela de Octavio Escobar Giraldo, asesina a su madre en un arrebato emocional.

El matricidio inicia entonces una historia tan extraña como bien hilada: una desorganizada fuga que abarca relaciones lésbicas, secretos familiares, canciones de Miguel Bosé y lecturas de la biblia. Una especie de road trip policiaco en el que la religión, en especial los conceptos de la culpa y la expiación, pero también las dinámicas sociales de una sociedad tan conservadora como la de Manizales, funcionan como el telón de fondo para una historia que, a todas luces, trata sobre la emancipación.

Octavio Escobar Giraldo, su autor, médico de profesión y cinéfilo empedernido, habló con nosotros sobre la novela que le valió el Premio Nacional de Novela 2016

Dos hechos en particular inspiraron la novela…
Los hechos que dan comienzo a la novela son dos anécdotas verídicas que ocurrieron en Manizales. La primera es la historia de una mujer burguesa que en circunstancias no del todo claras mató y luego veló a su madre durante varios días porque era muy religiosa. Y la otra, con años de separación, es la de un sacerdote con relaciones sociales muy fuertes que armó una pirámide con la excusa de hacer caridad y terminó estafando a una cantidad de familias, muchas de las cuales no lo denunciaron por temor al ridículo.

Manizales, con sus costumbres y contradicciones, ocupa un lugar importante en la novela. ¿Cómo definiría su ciudad?
Creo que tienes mucha razón en que es una ciudad muy contradictoria. En la superficie, en lo más visible, es una sociedad conservadora, donde los apellidos y el estrato social son muy importantes, pero en el fondo no es tan clara. Igual me parece una característica común en sociedades con similar sustrato, hay cuatro o cinco ciudades colombianas que se podrían equiparar, al igual que otras alrededor del mundo.

¿Se puede decir que en esas sociedades donde la religión juega un papel tan fundamental, tan visible, se convierte en algo más social que personal?
En muchos sentidos sí. Cuando hay presiones sociales tan fuertes, el hecho de ser católicos, o el de pertenecer a determinadas familias o incluso partidos políticos, eso hace que la gente adopte conductas que en otras circunstancias no adoptaría. La base de la novela, el asesinato de una señora mayor por parte de su hija, ya es indicativo de lo que significan esas presiones y lo que pueden llevar a hacer a personas, incluso contra su voluntad.

¿Se puede considerar una crítica a la religión?
Es una posible visión del lector. Yo mientras la escribía, estaba más concentrado en que la historia fuera creíble, que tuviera un desarrollo lógico, en trabajar con una serie de elementos truculentos de los que era muy consciente. No pretendía escribir una novela en términos absolutos realistas, todo lo contrario: me parece que la novela tiene un sesgo exagerado y por eso escogí mencionar a El Greco, porque es un pintor en el que las deformaciones son importantes, que trabajó en la época más exacerbada del catolicismo. El conjunto de la novela fue trabajada en torno a eso, pero siempre pensando en que la historia funcione, que sea verosímil.

¿A qué se refiere con el sesgo exagerado?
Empezando porque el crimen del que parte todo es uno de los menos usuales y uno de los peores. Ahí en adelante, la protagonista pasa por situaciones límites, que son difíciles de narrar. Es una mujer que mata a su madre, tiene una relación lésbica, termina en una casa de campo extraña, después es raptada por su tío que no termina siendo su tío. Es casi un culebrón. Trabajar esto de manera que sea creíble es muy complicado. Uno de los grandes esfuerzos que hice fue trabajar con el ritmo, para que arrastrara al lector, y así poder jugar con temas exagerados. Ese trabajo tuvo que ver con mi afición al género negro y al cine.

El cine está presente en la novela. No solo se menciona a Thelma y Louise y a El fugitivo en uno de los capítulos, sino que resulta muy fácil imaginarse la novela como un guion en el futuro…
Yo fui cine clubista, que es una especie de religión. Y nosotros los cine clubistas aprendemos mucho sobre cine, pero sobre todo vemos mucho. Y todos los esquemas del cine, que provienen de la literatura, los tengo muy presentes. Además, soy muy consciente de que estoy escribiendo para un público que no solo es lector, sino que ve películas y series permanentemente. Es muy difícil desde mi punto de vista seguir escribiendo sin pensar en ese público que tiene pantallas constantemente en su vida, acostumbrado a relatos que se desarrollan con lenguaje cinematográfico.

La homosexualidad atraviesa la novela. En un momento, de hecho, se sugiere que es más común de lo que se cree en Manizales. ¿Cómo funciona lo gay en su ciudad tan conservadora?
Funciona por la aceptación y la clandestinidad, y por la posibilidad de que no te critiquen si eres discreto. Manizales es una ciudad donde estadísticamente hay un índice mayor de homosexuales que en otros lugares. A mí me interesó, con respecto al personaje principal, la posibilidad de que tuviera una relación homosexual como fórmula para no estar sola. No estoy muy convencido de que la protagonista sea homosexual, sino alguien que encuentra a una persona que le da cariño y amor, que no es lo que le parece ideal pero sí la satisface, y ahí estamos en un límite, que si bien todo la invita a ser heterosexual, la persona que le da posibilidades de amor es una mujer. Si te das cuenta, ella siempre se refiere a su relación sexual con eufemismos, con palabras veladas, no habla francamente de lo sexual.

La figura de la cultura popular más recurrente es Miguel Bosé….
Eso fue a propósito. Él es una figura muy notoria, muy visible, que toda la vida jugó con una especie de ambigüedad sexual. En una época, Bosé era profundamente andrógino. En los últimos años se ha vuelto más masculino, pero en buena parte de su carrera jugó con eso. Así mismo, la protagonista tiene una relación lésbica pero no es lo que ella quiere, es obvio que admira al abogado que interviene al final de la trama. Bosé se prestaba muchísimo para enfatizar esa ambigüedad.

¿Cómo fue, como hombre, narrar desde el punto de vista de una mujer?
Fue complicado. Lo abordé desde el punto de vista de las palabras, desde el sentido de escoger un vocabulario que se percibiera más femenino. Intenté
fijarme en las costumbres de las mujeres, en esos actos femeninos, en la forma como afrontan los hechos de la vida. Fue un proceso difícil. La línea argumental surgió con cierta naturalidad, que hablara una narradora, pero el hecho de que el lector la pudiera percibir como mujer fue un trabajo de filigrana que requirió mucho esfuerzo. Por ejemplo, ella nunca habla de senos o tetas, solo de bustos. Era seleccionar ese tipo de cosas, que el lector concibiera como femeninas.

Más allá del crimen, ¿en la protagonista hay un deseo por liberarse de una sociedad que, de alguna manera, puede resultar asfixiante?
En alguna medida, sí. Creo que esta mujer, cuando asesina a su madre, espera sentir culpa, hace todo el proceso, pero también siente que se está liberando e intenta que esa liberación la lleve lejos.

¿Y ese es un deseo también suyo?
En mi caso no aplica. Creo que todos establecemos una relación complacida con nuestras ciudades. No creo que haya sencillas, y en mi caso es más complicado porque ser escritor desde acá es supremamente difícil. Si bien tengo un público y he ganado premios, no tengo presencia definitiva en mundo literario nacional porque no estoy en Bogotá. Pero creo también que una tranza con su ciudad, pues la relación es de amor. En el caso mío tuve posibilidad de salir. Pero decidí quedarme.

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