Antonio García Ángel nació en Cali en 1972.

“El humor que me interesa es el negro, cuando alguien se ríe y está recién operado de una hernia”

El caleño Antonio García Ángel, editor del programa Libro al Viento, acaba de publicar ‘Declive’, su tercera novela, sobre el oscuro -pero chistoso- descenso de un bogotano hacia el fango de lo irreal. El autor presentará el libro el miércoles 31 de agosto en Casa Ensamble.

2016/08/30

Por Christopher Tibble

La vida de Jorge está a punto de explotar. Así se advierte en el título, Declive, y en las 129 páginas que componen la tercera novela del escritor caleño Antonio García Ángel. Pero no se advierte en el héroe: Jorge es un hombre tímido, un tanto inseguro, solitario, cuya vida se limita a los turnos nocturnos dentro de un call center médico y a las visitas de domingo al ancianato donde reside su padre. Vive a solas, en Bogotá, en el barrio La soledad, con una dieta compuesta de comida chatarra y programas de televisión de improbable calidad. Tiene en su haber los recuerdos de una difícil infancia, de un matrimonio fallido, así como la posibilidad de un romance con una compañera de trabajo. Una vida deslustrada, urbana, de clase media.

Pero, así no más, la fantasía -¿la psicosis?- irrumpe un día con estruendo: Jorge se levanta de una siesta solo para darse cuenta de que sus pies crecieron una talla. Los zapatos no le entran. El evento, a todas luces cortazariano -¿o kafkiano?-, detona el descenso del héroe hacia una nueva realidad, donde la cotidianidad se ve envuelta en un revuelo fantástico, de zapatos engrandecidos, hormigas invasoras y, en un momento, de la inquietante posibilidad de una invasión de perros zombis provenientes de Europa del Este.

Declive parece un oscuro homenaje a lo extraordinario. A la capacidad, así se involuntaria, de construir una segunda vida, paralela y onírica. Hablamos con su autor.

Declive tiene una premia fantástica: el inexplicable agrandamiento de los pies del protagonista. ¿Cómo se le ocurrió?

Hay un cuento de Cortázar que se llama Las manos que crecen, que puede ser el germen de la idea. Estuve releyendo los cuentos de Cortázar antes de sentarme a escribir Declive. Además quería desmarcarme de lo que había escrito hasta el momento. No había ese componente fantástico en mis anteriores escritos. 

Bogotá es un protagonista en la novela. ¿Cómo es el proceso de narrar una ciudad? ¿Qué buscó resaltar?

Pues en principio no tenía una intención diferente de describir los espacios urbanos por donde pasa Jorge, el protagonista. Lo que pasa es que el personaje sufre la ciudad: el clima, la inseguridad, los apretujes en el Transmilenio, etc., y en esa medida la ciudad se convierte en un peso, una carga para él.  Además se trata de un personaje que camina la ciudad, lo cual me obligó a cierto nivel de detalle en las descripciones. 

El personaje principal trabaja en un call center atendiendo emergencias médicas. ¿Por qué optó por esa profesión, solitaria y agotadora?

Buscaba un entorno kafkiano para mi personaje, y un call center se ajustaba muy bien a ese propósito. Además, el hecho de que fuera un trabajo nocturno, con jornadas de 12 horas, contribuía a acentuar el aislamiento y la alienación que sufre el personaje.  

Buena parte de las desgracias que aquejan a Jorge son ajenas a su voluntad, por fuera de su control. ¿Se puede considerar una víctima de las circunstancias? ¿De algo mayor?

Creo que la novela muestra el punto en el que la realidad -o la irrealidad- sobrepasa al personaje y precipita su hundimiento. Quizá él pudo actuar de otra forma, pero no tenía la suficiente fuerza para sobreponerse. 

Llama la atención la manera en que fluye la novela. La mayoría de frases son cortas, centradas en una acción, sin muchos adjetivos, casi que como una respiración entrecortada. ¿Buscaba con eso reflejar el estado del personaje?

Quería que el personaje no tuviera respiro. Que así como en un Declive vas ganando impulso a lo largo del recorrido, sucediera lo mismo con Jorge. Aunque creo que la novela se detiene en algunas descripciones. 

La novela, a pesar del declive del personaje, contiene una buena dosis de humor. Y hacer al lector reír no es fácil. ¿Cuál es el secreto para escribir con humor?

Creo que, como dice Raymond Chandler, el estilo es una proyección de la personalidad. En los momentos más dramáticos se me puede escapar un chiste de forma involuntaria, como un bostezo o un estornudo. Traté al máximo de restarle humor a la narración, pero es un componente que está ahí a pesar de los esfuerzos que hice por ser trágico. El humor que me interesa, sin embargo, es el negro y cruel, el humor que duele, como cuando alguien se ríe y está recién operado de una hernia.

Ya para terminar, ¿por qué hormigas? 

Luego de escribir la novela me encontré esta frase en mi primer libro, Su casa es mi casa, que se publicó hace ya 15 años: "Al fondo, Ana Lucía Sanders vomita un chorro de hormigas encima de Quico". Es una mínima parte de un sueño que tiene el protagonista. Supongo que ese tema estaba ahí, en mi literatura, esperando a ser desarrollado. También creo que dentro de los insumos literarios está la primera parte de Ángeles e insectos, de A. S. Byatt., en la que aparece un naturalista que estudia una colonia de hormigas.  

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