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Bálsamo comercial

¿Qué nos dicen estos libros del conflicto armado y de la experiencia del secuestro? ¿Qué hay detrás de las decenas de libros que se han convertido en la alegría económica para las editoriales?

2010/06/30

Por Redacción Arcadia

Oliver Stone llama a Luis Eladio Pérez para que se reúna con él en Hollywood. Parece una ficción que el director de W, Asesinos por naturaleza o JFK conozca de primera mano la experiencia de un secuestrado colombiano. Lo que parece más increíble es que su libro, impreso primero en Colombia y después en España, en tan solo dos meses de haber sido publicado haya atravesado tantas fronteras. Somos un país provinciano y estas cosas sorprenden.

Según Muriel Bayer, directora general de la editorial francesa Plon, la primera edición del libro de Clara Rojas tendrá 100.000 ejemplares en francés. El libro será publicado por Planeta en español y aunque aún no hay cifras de tiraje, de seguro tendrá un lanzamiento estelar. Para poner las cifras en contexto, basta decir que un libro vende en promedio en Colombia entre 1.000 y 2.000 ejemplares. El libro de John Pinchao (traducido también al francés) va en la novena edición con 25.000 ejemplares vendidos —sin contar las ediciones piratas— y el de Fernando Araújo ha vendido en un solo mes más de 10.000. Por su parte, el mismo Luis Eladio Pérez presentará su libro en la Feria del Libro de Chile al lado de Pinchao, a comienzos de este mes.

La oleada continuará. Se espera la pronta publicación del libro de la ex congresista Gloria Polanco. Eso sin contar Operación Jaque: secretos no revelados de la editorial Oveja Negra —hecho con tanta prisa que los autores fusilaron párrafos enteros de crónicas aparecidas en revistas serias—; los documentales que ya se han emitido sobre el tema en canales como NatGeo; los poemas de amor cautivo del recién escapado Óscar Tulio Lizcano y el esperadísimo libro que quizá publique Íngrid Betancourt, la joya de la corona de los libros del secuestro.

En los últimos años se ha publicado una ráfaga sin precedentes: Diario de un gobernador, de Guillermo Gaviria (2005); Crónicas de secuestro escritas por periodistas (2007); Mi fuga hacia la libertad, de John Pinchao (2008); Siete años secuestrado por las Farc, de Luis Eladio Pérez (2008); Cartas a mamá desde el infierno, de Íngrid Betancourt (2008); El trapecista, de Fernando Araújo (2008), y Desviaron el vuelo, vía crucis de mi secuestro (2008), con prólogo de Álvaro Uribe Vélez, de Jorge Eduardo Géchem. Ante la oleada de publicaciones, es obvio que estamos frente a un fenómeno editorial, pero también a uno social que crea lectores atraídos por los medios de comunicación.

Varios lectores consultados por Arcadia coinciden en que lo testimonial tiene un valor emocional que hace más fácil relacionarse con la historia contemporánea de nuestro país. “Para mí fue descubrir una realidad desconocida de Colombia. Además, no tenía muy claro cómo era el perfil de un guerrillero. La situación de las mujeres, muchas de ellas abusadas, también me tocó en lo profundo”, dice uno de ellos.

Una editora de uno de estos testimonios dice que “los libros son el complemento de las imágenes que vemos por televisión. Uno ahonda en ese mundo que apenas presiente cuando se ven, por ejemplo, los alambres de púas. Hay algo minucioso en la palabra escrita que jamás tendrán las imágenes. Aunque también acepto que al lado de eso hay un profundo morbo de ir hasta el fondo de la tragedia”.

En la Librería Lerner Norte, el librero Ignacio Sánchez, quien se encarga de la sección de libros colombianos, dice que los lectores han hablado mucho del “dolor de Araújo de perder a su esposa. En el de Luis Eladio lo que más ha causado sorpresa es la rivalidad entre los propios secuestrados. El que más se ha vendido es el de Pinchao. Apenas sale uno de los libros comienzan a llegar los lectores, pero son lectores que buscan el del secuestrado de su preferencia”.

Uno podría decir, después de leer varios de ellos que, en efecto, estos libros son importantes documentos históricos del conflicto armado. Su atractivo es coyuntural, pero su valor reside en el testimonio que dan de una de las tantas prácticas de guerra utilizadas por los grupos guerrilleros. Lo que les falta de trabajo estilístico les sobra, en especial al libro de Pinchao, en sinceridad. Los diarios y cartas escritas en cautiverio de Gaviria, Betancourt y Lezsli Kalli son, por lo demás, doblemente desgarradores. Por un lado, estos escritos no están completamente mediados por las editoriales o las expectativas del mercado; por otro, fueron escritos desde el encierro con la esperanza de que cada palabra cautiva fuera la última.

 

¿La coyuntura manda?

Dentro del mundo editorial los libros de los secuestrados pertenecen a una categoría llamada Instant books, libros coyunturales de los que se esperan buenas ventas en muy poco tiempo, y cuyos sobrantes se pican al poco tiempo. No son libros para lectores sino para televidentes. Según Alberto Sánchez, gerente comercial de Planeta, una de las razones de la casi inmediata caducidad de estos libros es la gran cantidad de oferta que hay en el mercado. “Los compradores no se llevan más de uno de estos libros”, dice Sánchez. El testimonio de Pinchao, que lleva ocho meses en las listas de los más vendidos —y del que se espera se mantenga hasta diciembre—, es una excepción. Según Sánchez, esto se debe a que durante ese tiempo ha habido detonantes que catapultan sus ventas: la liberación de los secuestrados en febrero y el reciente documental de Discovery Channel. Sin embargo, los editores conocen el ciclo de vida de estos libros. De ahí la necesidad de publicar más y más rápido y que la puja por conseguir los derechos de publicación de los testimonios no sea fácil.

Con todo, no deja de sorprender la rapidez con la que se publica. El testimonio de Luis Eladio Pérez fue publicado el pasado 29 de mayo, solo cuatro meses después de su liberación. Después de escuchar en Caracol Radio las entrevistas que Darío Arizmendi le hizo a Luis Eladio Pérez poco después de su liberación, el gerente comercial de Santillana vio la oportunidad de publicar un libro que se convertiría en best seller. Y tenía razón: hasta la última semana de julio estuvo de primero en las listas de los más vendidos de la Librería Nacional.

Lo cierto es que los libros mismos se convierten en noticia. Pilar Reyes, directora de Santillana, afirma que como no hay espacio para publicar textos largos en los medios, las editoriales llenan este vacío. Según ella, “el negocio editorial es ‘reactivo’, lo que significa que los editores no creamos gustos, ni determinamos opiniones políticas, ni producimos cambios sociales significativos. Nos adaptamos a la demanda, al gusto, a las opiniones del mercado. En otras palabras, los libros siguen a los acontecimientos, no los causan. La historia de Colombia hoy pasa por la guerra, con todas sus terribles caras. El secuestro es una de ellas. La publicación de estos libros responde a esa inquietud de la gente”.

Lo cierto es que la tendencia no es local. La idea del editor que inventa, propone y ayuda a un personaje a escribir un libro (o le busca un escritor fantasma) que puede vender no es exclusiva del caso colombiano. Los ejemplos son infinitos. En España, poco después de la muerte de Ramón Sampedro, cuya vida y muerte inspiró la película Mar abierto sobre la eutanasia, varias editoriales se pelearon los derechos de publicación del testimonio de su novia. Cuando Aarón Rainstan, el escalador que en abril del 2003 se perdió en las montañas de Utah y se vio obligado a cortarse un brazo para sobrevivir, la puja por los derechos de su testimonio fue durísima. En lo que se diferencia el caso colombiano es que si en los países del primer mundo estos testimonios son excepcionales, pareciera que en Colombia se estuviera negociando con una realidad inmediata y colectiva; casi como si los editores hubieran viajado a Estalingrado en 1942 para buscar testimonios de las víctimas del atroz sitio de la ciudad.

Más que un tema coyuntural

Pero más allá del mercado los libros escritos por secuestrados son registros personales que giran alrededor de un prolongado encierro y obligan una lectura sentimental y mediática del conflicto armado. Por ello, cabe preguntarse qué significan para la sociología de un país. El historiador Jorge Orlando Melo dice que aunque no los ha leído, pues prefiere esperar a que pase el tiempo, de seguro algunos tendrán un valor histórico, aunque este “puede ser menor por la prisa de las editoriales por convertirlos en best sellers”.

Por su parte, Ana Teresa Bernal, presidenta colegiada de REDEPAZ afirma que “uno se pregunta cuándo se han hecho libros sobre las masacres, los falsos positivos, el tema del desplazamiento, entre otros, pues solo incluyendo esos temas se podría hablar de una probable sociología de nuestra violencia actual”.

El periodista Hollman Morris, que lanzará pronto el libro Crónicas de la otra Colombia, parece estar de acuerdo con Bernal. “Por ponerle un ejemplo, el caso de las fincas del horror en las que los paramilitares desaparecieron y torturaron miles de personas, no existe en nuestra memoria. Es verdad que ha habido un esfuerzo de los medios, pero los libros no existen. Hoy los muertos nos están contando esa historia porque los vivos no pudimos contarla”.

Aún más crítico se muestra el sociólogo y decano de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, Fabián Sanabria, quien dice que estos libros “le aportan un relato feliz a la historia de nuestro guión telenovelesco nacional que es muy precario. La historia no se acaba con la liberación sino que siguen capítulos que tienen que ver con la vida íntima del personaje como la infidelidad del uno, o la soledad del otro. Se pasa del drama del secuestro a la telenovela de la liberación y de eso no queda nada. Este fenómeno es un cliché y esos libros pertenecen a un género muy menor que en términos de sensibilidad es lamentable y triste, como las mismas telenovelas”.

En los días de Pablo Escobar, cuando los Extraditables secuestraron a un grupo de periodistas, Azucena Liévano y Juan Vitta publicaron libros relatando su encierro. Los dos habían sido secuestrados con Diana Turbay. En 1996, cinco años después de la liberación de Maruja Pachón y Pacho Santos y tres años después de la muerte de Pablo Escobar, García Márquez se lanzó a escribir Noticia de un secuestro, el libro que le daría cuerpo y un poco de sentido a los sucesos de principios de los 90. Falta un libro de ese tipo, pero también faltan eventos más concluyentes que la liberación de Íngrid Betancourt. Mientras tanto, seguiremos a la espera de más liberaciones y testimonios, pues aún permanecen en Colombia más de 2.800 personas en cautiverio.

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