Mendoza nació en 1949, en Culiacán, México.

El crimen no paga

Latinoamérica tiene todos los días quince minutos donde la justicia es posible, dice el escritor mexicano cuyo más reciente libro acaba de aterrizar en las librerías colombianas. ¿Quién está detrás del detective Edgar Mendieta?

2016/08/24

Por Ángel Castaño Guzmán

Élmer Mendoza es uno de los pesos pesados de la ficción negra latinoamericana. Su obra –según Pérez Reverte, su carnal y colega– es la primera en fijar por escrito el habla fronteriza, esa asombrosa mezcla de mexicano de corrido prohibido e inglés. Besar al detective, su más reciente novela, retoma al personaje del zurdo  Edgar Mendieta, un policía envuelto en el frenesí de las conjuras de los narcos y de las autoridades gringas. Balas, complots, celadas, rock sesentero son algunos de los ingredientes de esta trama novelesca. Mendoza visitará en breve el país en el marco de Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Luego de escribir novelas policíacas, de ser referente de eso que algunos llaman narcoliteratura, ¿qué visión de las sociedades mexicana y latinoamericana tiene hoy? ¿Abordar los temas de la marginalidad delictiva en su ficción ha condicionado de alguna manera su mirada de la realidad?

Somos sociedades permisivas. Rechazamos a los delincuentes cuando no los conocemos, cuando nos encontramos con ellos nos llaman la atención y es posible que muchos terminemos admirando su temeridad e invirtiendo su dinero. El rating de las telenovelas sobre las bandas de narcos puede ser un ejemplo. Esto, sin duda, tiene un impacto en los valores y en los códigos de convivencia.

Digamos que ahora he cultivado una manera de ver la realidad, que es cruda y misteriosa. Al final es la gente, más que el espacio, lo que me educa para tomar modelos y convertirlos en entes de ficción.

Algunos críticos miran por encima del hombre la novela negra: la ven como un producto para las masas. ¿Qué piensa al respecto?

Los críticos pueden descalificar y despreciar lo que quieran. Algunos lo hacen con tal propiedad que es posible utilizar sus señalamientos para mejorar textos. Otros más bien entregan ejercicios de mala fe. Los autores también llevamos culpa. Cuando la literatura negra se masifica la mayoría de los autores no eran fieles ni a Poe ni a Conan Doyle. Escribían para sobrevivir, o como decía Edgar Rice, creador de Tarzán, "escribo para escapar, escapar de la pobreza". Así que, si alguien desea que los críticos lo respeten, que escriba bien. Es cierto que es un género con muchos lectores, pero los lectores no son idiotas, les gustan las historias contadas. Los ejercicios de estilo los adormecen. Pero hay lectores para todos.

La literatura negra se ocupa de los delincuentes que toda sociedad genera, si alguien no lo entiende, no es culpa nuestra.

En varias de sus novelas -entre ellas Besar al detective- el Zurdo Mendieta es el protagonista. A esta altura, ¿cuál es su relación con ese personaje? ¿Qué tanto de usted hay en él y de él en usted?

Somos compas. Nos gustan las chicas guapas, el whisky, el ambiente de las viejas cantinas, la machaca, el rock de los sesenta, leer novelas y pensar que Latinoamérica tiene todos los días quince minutos donde la justicia es posible. Claro, a veces ocurren a las tres de la mañana.

En Besar al detective el Zurdo se ve envuelto en una trama que involucra a los carteles del narcotráfico y a las autoridades gringas. ¿Hasta qué punto la guerra contra los narcos condiciona la vida cotidiana de los mexicanos de hoy?

Aún no la condiciona, pero hay percepciones que podrían en un momento dado, hacer que se piense dos veces antes de ir a cenar a un restaurante caro. En algunas ciudades hay tiros nocturnos pero no vivimos angustiados.

En su novela se nota una preocupación por captar el lenguaje vivo, el de las calles y los bares. ¿Cuál es su procedimiento para lograr que el lenguaje callejero se convierta en una herramienta literaria?

Los escritores encuentran maneras de que sus personajes vivan en sus textos y con suerte, que invadan algunas mentes y se queden allí. Para mí el lenguaje es la manera, y trato al lenguaje de la calle con tanto respeto como al español estándar. Es la única forma que puedo conseguir pasarlo del aire al papel sin que pierda sus atributos. También los meses de escuchar el discurso sin dejar de corregir.

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