Algunos bibliobuses durante un congereso de bibliotecas móviles.

El bibliobús, una alternativa para llevar libros a las regiones

Desde hace por lo menos 20 años, España cuenta con una impresionante red de bibliotecas sobre ruedas. Esos vehículos, que se remontan a la Guerra Civil Española, cada año atienden a más de 10 millones de personas, en ciudades, pueblos y veredas. El presidente de la asociación que los representa visitó Colombia.

2016/09/06

Por Christopher Tibble

En el sector cultural colombiano, entre quienes se dedican al fomento de la lectura, cada tanto se escucha la siguiente afirmación: “En el país nos hacen falta librerías y bibliotecas”. El comentario, a primera vista, tiene sentido: entre librerías pequeñas, papelerías y grandes superficies, como el Éxito y Panamericana, en Colombia solo hay 604 puntos de venta de libros, según un estudio del año pasado. Y, lo que es más, la situación ha empeorado. De acuerdo al Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, en el último lustro esos puntos de venta disminuyeron en un 5 %. En el territorio nacional hay un punto por cada 80.000 personas, muy lejos de los niveles de cobertura óptimos (entre 10.000 y 20.000 habitantes por punto).

Pero, ¿qué pasa si la solución no son más librerías, en ocasiones mal dotadas y sin libreros bien formados? ¿Qué pasa si se reemplazan edificios por carros, bibliotecas por bibliobuses, como estrategia para fomentar la lectura en las regiones? Ese es el planteamiento que elaboró Roberto Soto, el presidente de la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles de España (ACLEBIM), durante su primera visita a Bogotá, en un salón del Centro Empresarial y Recreativo El Cubo, de Colsubsidio.

Para Soto, la idea de tener una biblioteca en cada pueblo es un absurdo: “Eso sería mala gestión, porque así no se estarían optimizando los recursos. Lo más probable es que estarían mal atendidas y gestionadas. Sería como matar moscas con un cañón”. El español considera que es mucho más lógico implementar un sistema de bibliobuses, con recorridos fijos, que puedan fungir como las bibliotecas de varios pueblos a la vez. Y eso es justamente lo que ha ocurrido en España, donde las comunidades autónomas (departamentos) se encargan desde sus respectivas organizaciones a llevar libros en carro a las veredas y pueblos más apartados. Un total de 82 bibliobuses en toda España atendieron a más de 11 millones de españoles solo en 2014.

La historia de este sistema de difusión de la cultura en el país ibérico se remonta a la Guerra Civil Española, cuando el gobierno de Cataluña atiborró una furgoneta de libros para mandárselos a los soldados. Poco después, tras su victoria, Franco desautorizó la medida catalana. Y solo fue hasta 1953, cuando su gobierno empezó a ser reconocido por países como Estados Unidos, que permitió a su ministro de Educación poner en marcha la iniciativa de los bibliobuses. La idea era llevar obras propias del régimen a los barrios obreros, en la periferia de la ciudad.

El gran avance llegaría 21 años después, en 1973, cuando el bibliobús salió de las ciudades. Se trataba de una época en la que, si bien ya se había iniciado el gran éxodo de la población hacia las ciudades, la mayoría de la gente aún vivía en el campo, donde el acceso a la cultura era complicado. Luego, tras la muerte de Franco, se redactó la Constitución de 1978, en la que se estipuló que todos los ciudadanos tienen derecho a la lectura. El Ministerio de Cultura entonces empezó a dotar a las comunidades autónomas con bibliobuses y, una década después, nació la ACLEBIM, la encargada de realizar actividades como congresos para que cada una de las regiones comparta su experiencia con los vehículos literarios.

Hoy, algunas comunidades autónomas cuentan con muchos más bibliobuses que otras: Castilla y León tiene 31, Cataluña 11 y Extremadura apenas uno. Para Soto, las que tienen pocos, o no tienen ni uno, se debe más a que no consideran que el servicio sea necesario, y no tanto a la falta de recursos: “A las provincias del norte, que son muy pequeñas, como Galicia o Asturias, que son muy montañosas y tienen una población muy dispersa, les vendría muy bien un bibliobús. Y no los tienen por cuestión de mentalidad, no de dinero”.

Otro absurdo para Soto, pues como explica, la plata no debería ser un problema: según estudios realizados por varios países, destinar recursos a bibliotecas no significa un gasto, sino una inversión. Y una bastante rentable. Por ejemplo, según un estudio llevado a cabo por la Gerencia del Servicio de Bibliotecas y la Dirección de Estudios y Prospectiva de la Diputación de Barcelona, por cada euro que la administración invierte en las bibliotecas de su red, se generan 2,25 euros de beneficio directo y 4,25 en beneficios indirectos.

Soto lo explica de la siguiente manera: “Imagina que conseguimos que desde el bibliobús todos los ancianos usen internet. Empezarían a tener periódicos a la carta de todo el mundo, a crear comunidad con gente que no conocen, quizás con un blog, a profundizar sobre el tema que les guste, a hablar por Skype con su familia. Esto supone que su calidad de vida sería mejor porque tendrían más salud, porque hacen cosas que le gustan y porque estarían menos solos. Ya no necesitarían ir al médico; muchas veces los viejos van porque no tienen a nadie con quien conversar. Al final, cuando salen del médico, ocuparon espacio que a lo mejor necesitaban otros enfermos. Dicho de otra manera, los bibliobuses supondrían un gran ahorro en gastos farmacéuticos”.

En Colombia, aunque poca gente lo sabe, los bibliobuses ya existen, aunque de manera desarticulada. En Bogotá están, por ejemplo, las cinco bibliotecas sobre ruedas que hacen parte de la Red de Bibliotecas Colsubsidio. En promedio, cada uno de estos vehículos cuenta con 300 visitantes diarios, presta unos 200 libros al día y recorre, cada año, un total de 50.000 kilómetros. Al igual que sus homólogos españoles, no solo contienen libros, sino que además proveen a sus visitantes internet, revistas, devedés, así como actividades lúdicas. Distintas secretarias culturales cuentan con iniciativas similares, pero hasta el momento no se ha constituido una asociación que los represente a todos.

Y quizá ahora, durante un gobierno cuyo Ministerio de Cultura tienen como proyecto de bandera el fomento a la lectura, resulte interesante considerar su implementación.

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