El rumor del astracán, de Azriel Bibliowicz

La Bogotá de los inmigrantes judíos

Después de casi veinte años fuera de circulación, reeditan El rumor del astracán del escritor Azriel Bibliowicz. Lea el prólogo de Luz Mary Giraldo a la reedición de la novela.

2013/09/26

Por RevistaArcadia.com

El rumor del astracán: un entrecruce de relatos.

Cuando en 1991 Azriel Bibliowicz publica su primera novela, El rumor del astracán, la crítica destaca su escritura cinematográfica y reconoce en ella distintas perspectivas: por una parte, la de la ciudad, específicamente Bogotá en los años 40, por otra la de inmigrantes, y por otra la relación con la nueva novela histórica. Más de dos décadas después, no solo esta novela sigue vigente, sino se ha ampliado en Colombia el registro de la ficción referido a las migraciones judías y otras culturas, así como la definición de ciudad en la literatura.  

Desde el sugestivo y elocuente título, la novela lleva al lector por los recovecos del lenguaje literario, la realidad cotidiana y sus vínculos con los medios de comunicación, los hábitos que caracterizan una época en unos espacios sociales determinados, las costumbres en una ciudad en tránsito de la burguesía a la masificación y en la que las ramas del comercio se extienden a tramitadores y contrabandistas. Estructurada en secuencias y a tono con las inquietudes contemporáneas, el relato ofrece varios discursos que se entrecruzan: el de un narrador que con imaginación y fantasía y desde determinados contextos cuenta la historia de los inmigrantes que buscan destino en América, y el del investigador, sociólogo y periodista que conoce la historia de la ciudad y algunos de sus episodios, aprovecha testimonios e historias de vida, situaciones diarias y asuntos que forman parte de la cultura colectiva. Sin evadir situaciones de violencia en el territorio colombiano, uno de sus puntos de partida es la novela de viajes que relaciona con las hambrunas vividas en Europa durante la primera mitad del siglo XX, y la urgencia de buscar posibilidades en otro lugar. De esta manera, entrecruza tránsitos que reflejan extrañamiento y choque entre paisajes, personas y costumbres. Al desplazarse de la tierra propia a la ajena, inevitablemente los personajes pasan de una realidad a otra: no solo hacen una larga travesía por mar y tierra hasta llegar a la ciudad que se convierte en transitorio refugio, sino en ella hacen recorridos entre diversas calles y lugares emblemáticos, escenarios comerciales y parques, asisten a retretas que corresponden al contexto histórico y cultural, y viven el día a día entre la casa y el trabajo. Se trata de una Bogotá lluviosa y gris que ve llegar la modernización. En ese nuevo espacio logran necesarios encuentros con los de su misma cultura, de la mano de lo cotidiano en casas de inquilinato para judíos, la asistencia a sus ceremonias que definen hábitos, concepción de raza, clase, lengua, religión y grupo. Entre viajes, sociedades, formas de vida y de costumbres, la vida y la muerte cumplen su destino, entretejidas con poesía, humor y tragedia.

Estructurada en secuencias y al mejor estilo fragmentado, se cuentan episodios de vida de unos cuantos personajes, y se narra el proceso de emigración de judíos polacos a Latinoamérica desde Szczuczyn a Bogotá, pasando por Nueva York, Cuba y Barranquilla. Desde el primer momento se sabe que no se trata de llegar a “la tierra prometida” ni a “la tierra santa”, sino más bien se asume como aventura de viaje en búsqueda de fortuna. Se emigra a sabiendas de que será una experiencia transitoria, pues no hay intención de instalarse conquistando o fundando territorio o asimilando o adoptando comportamientos y costumbres ajenos. Son exiliados que saben que estarán en hogares provisionales y por ello buscan refugio con exacerbado sentimiento de solidaridad de grupo. Al llevar consigo sus raíces, aunque disfruten el lugar que los alberga, afrontan los desafíos que la nueva sociedad propone y alimentan de manera comunitaria la evocación de la tierra de los antepasados. Si bien es cierto que la novela muestra peripecias de viaje del europeo a Colombia, también destaca el arribo al puerto de Barranquilla, las dificultades que generan perplejidad en las oficinas de la aduana, hasta tomar el tren que finalmente conduce a Bogotá, para llegar a una estación con “aire vienés” en esa ciudad que expone al inmigrante a la inseguridad, pues lo recibe con experiencias nuevas, entre otras ser víctima de raponeros que roban el equipaje (irónicamente ropa sucia), obligar a asumir normas inesperadas o diferentes a las propias (cortarse las barbas, por ejemplo) y  diariamente escuchar a los voceadores de periódicos y a los vendedores de lotería.

El inicial encuentro en territorio colombiano se revela agresivo y peligroso y la llegada y ubicación en Bogotá orienta el relato en otras direcciones: se detiene en las características y rasgos de identidad del pueblo judío, de quienes muestra tradiciones y creencias, costumbres y hábitos festivos y alimenticios, los que destaca en la figura del personaje Jacob, quien sobresale por el respeto y la fidelidad a su fe y a sus convicciones. Así mismo, no solo se muestran las condiciones del inmigrante, su proceso de adaptación a la nueva sociedad, el cruce y choque de dos mentalidades, las peripecias para adecuarse a un nuevo territorio, el hermoso proceso de aprendizaje de una nueva lengua, sino la violencia, la discriminación, el racismo y las razones de una sociedad, la colombiana, que impone valores y principios capitalistas en los que prima la ley de la sagacidad.

Aunque el hilo conductor se logra a través de Ruth, existe en la novela un antecedente: el relato del viaje de Jacob y Saúl asumido como una apuesta motivada por las historias de éxito de Abraham Silver, quien ha amasado fortuna y posición en Bogotá. Este viaje inicialmente se relaciona con las aventuras de un rabino andante, y se diferencia, en el caso de personas semejantes a David, otro de los personajes, en que para estas Nueva York es “la tierra prometida”, Jerusalén la “tierra santa” y otros lugares  solo son de paso. Ruth, quien viaja de Szczuczyn a contraer matrimonio con Jacob, además de tener que aprender a vivir en el exilio, aprende la nueva lengua para lograr comunicación, lo que paulatinamente se fusiona con la vivencia del amor, el desencanto y el desamor, la infidelidad, el honor y la estigmatización. Ruth se entusiasma con quien le enseña la música de las palabras, tiene un amante y ama a su marido. Un triángulo perfecto, que se resuelve contra todos: Jacob muere, Ruth es estigmatizada y David es reconocido como un infractor. La novela se inicia con la muerte de Jacob, lo que genera, como toda ficción policial, intriga sobre la causa de esa muerte en un accidente, situación que se retoma en los capítulos finales, en los que se reconoce la defensa del honor y una ofensa a la integridad y la honestidad que deja implicado a David, trasgresor de las normas judías, contrabandista de pieles de astracán, patrón y amante de Ruth.

En el caso de Jacob, vivir en el nuevo país exige aprender el idioma para el “teatro de las ventas”. Así se inicia en el comercio informal, oficio que primero asume vendiendo imágenes de la Virgen en las iglesias y que luego afina con sagacidad como vendedor ambulante, recorriendo calles y consiguiendo clientes de diversas telas como paños, popelina, lanilla y otros objetos, con el peculiar sistema de venta a crédito y al regateo. El país y Bogotá corresponden a la década del cuarenta, cuyos rasgos están definidos por la imagen arquitectónica y cultural: el desarrollo del comercio y la sociedad capitalista, los sistemas de propaganda y divulgación, los avances en radio y comunicaciones, la vida cotidiana en el ambiente urbano y el interior de las habitaciones de los inmigrantes extranjeros, los oficios de estos y de sus análogos colombianos, los sitios de encuentro y de tránsito, la vida semanal y la festiva en el espacio público, que revelan la génesis de la burguesía industrial en relación con la historia de las ciudades y las migraciones  a Latinoamérica.

La confluencia de dos mundos se logra, no solo relacionando la cultura judía y polaca con la colombiana, sino con las de otros sujetos inscritos en otra ficción entretejida que se corresponde a una radionovela escuchada en la época referida en  la obra de Bibliowicz. Se trata de la serie de Chang Li Po, en la que un detective oriental esclarece casos delictivos. Es una radio novela de espionaje. Esta textualidad sirve para ubicar El rumor del astracán tanto en la época como en el tema policial, dada la carga de indagación que ofrece: por una parte se indaga sobre la muerte de Jacob, por otra sobre el tráfico de pieles que realiza David, y por otra, estratégicamente entreteje el valor del idioma, haciendo que el aprendizaje de la lengua recaiga sobre vínculos contraídos: se trata de un acto de amor.

Entre quienes han analizado la influencia de la inmigración en la economía nacional, recordemos a Salomón Kalmanovitz, quien reconoce que en el proceso de migración del extranjero debido a las dos guerras mundiales, este aunque carece de fuerza política, favorece la conformación de una burguesía empresarial, comercial y cambiaria que apoya la industria, el comercio, la banca y la economía. El autor destaca la presencia, especialmente desde los años 20 y 30, de empresas pioneras de extranjeros, que progresivamente se nacionalizaron, a las que se sumaron grupos de inmigrantes provenientes de Alemania, Polonia, Italia y España, y de judíos y libaneses que contribuyeron a la industrialización liberal. Varios autores destacan, también, la inestabilidad, la movilidad propia de los inmigrantes, sus razones culturales y religiosas que contribuyen a jerarquizar principios y ocupaciones, que al unirse a relaciones despersonalizadas fomentan la mentalidad burguesa capitalista en la que prima la ley del más fuerte en sentido económico y social.

El rumor del astracán refiere el ingreso de judíos polacos a América, sus búsquedas y condiciones en una ciudad colombiana que por ese tiempo apenas inicia su modernización, destacando un viaje de paso que confirma la vida del inmigrante cargada de fuerzas emocionales. La atmósfera del allá y del acá geográficos expresa una poética de la travesía, muestra los rasgos particulares de una cultura y la tensión entre su lugar lejano y el nuevo, en el que solo puede reencontrarse la identidad con individuos de su lengua, religión, tradiciones y modos. Es claro en esta novela que la elección de Bogotá es un proyecto concebido de manera transitoria, pues se trata de buscar los medios para regresar al lugar de origen y pasar a Estados Unidos, donde existe una comunidad mayor de judíos. El periplo no se logra, pues Jacob muere y su esposa será degradada y señalada por faltar a los valores de la cultura y la religión a la que pertenece. Si en esta novela la tierra deseada es Nueva York, es claro que la alcanzada, Bogotá, es un lugar que exige producir porque todo está por hacer.

Con humor crítico, la voz narrativa acompaña a los personajes en sus tránsitos: si la leemos desde los hijos de los inmigrantes que le cantan a la tierra de los antepasados, también podemos verla desde otras cargas afectivas, la de Ruth y Jacob, la pareja protagonista, por ejemplo, vemos en el caso de ella, la historia de encuentro consigo misma frente a sus angustias, frustraciones y transgresiones; si es desde su marido, lo vemos en la preservación de unos principios o en sus negocios puerta a puerta, de la misma manera que los pequeños o los grandes comerciantes abriéndose camino en una ciudad ajena. Las 109 secuencias ofrecen múltiples planos y trazos de una ciudad en ebullición, en la que las identidades están en juego. El escritor aprovecha diversas elementos de la tradición para renovarlos en un verdadero entrecruce de relatos y tensiones. El resultado es una novela muy dinámica: de viajes, de aventuras, policial, de amor y de muerte, de visión de ciudad, sociedad y cultura, de historia. Una novela que, después de más de dos décadas de haber sido publicada por primera vez, sigue viva y fresca.

Luz Mary Giraldo, 2013.

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