La Iglesia de la Ermita en Cali.

“Cali está viviendo una revolución cultural”

Pepe Zuleta, poeta y escritor, hijo del filósofo Estanislao Zuleta, es el hombre detrás del ‘Oiga Mire Lea’, el festival que durante diez días puso a los caleños a hablar de literatura. Con él conversamos sobre una ciudad que se resiste a ser solo salsa y rumba.

2016/09/13

Por Lucy Lorena Libreros

Hace unos tres años, al escritorio del poeta y cuentista José Zuleta llegó la propuesta de liderar un comité que permitiera la creación de un festival literario en Cali. La tarea representaba un verdadero desafío. “Cali es una ciudad con fama de frívola, en la que suele pensarse solo para hablar de rumba, de salsa; una ciudad que además no ha tenido una feria del libro sostenida en el tiempo y que no tiene un mercado editorial fortalecido, acá solo se consiguen novedades”, reflexiona José, hijo del recordado filósofo y pedagogo paisa, Estanislao Zuleta.

Para entonces trabajaba ya en la Biblioteca Departamental, la biblioteca pública más importante del occidente del país, asesorando proyectos de literatura. Y la idea en ese momento –escuchó decir el escritor– era replicar en la capital del Valle el concepto del Hay Festival de Cartagena: cuatro días en los que se invitara a una nómina literaria de lujo para conversar sobre su oficio frente a auditorios colmados de lectores y curiosos.   

“Desde el comienzo, sin embargo, le vi otro potencial. Lo ideal para mí era que ese espacio tuviera un carácter propio. Y sirviera para dos tareas que tenía pendientes una ciudad que cuenta con la mayor cantidad de bibliotecas públicas del país, 56 en total: por un lado, capacitar formadores, es decir promotores de lectura y escritura. Y por el otro, mostrar cuáles son los escritores caleños que están renovando nuestra literatura”.

Lo dice un hombre que se crio bajo la visión de Estanislao Zuleta, un hombre que no creía en la formalidad de la educación, pero sí en el poder pedagógico de los libros, de la palabra. Por eso, sus hijos –Fernando, Silvia y José– se criaron como autodidactas. “Creo que escribir y leer han sido toda mi formación”, cuenta Jose. “No he necesitado nada más. A uno no solo lo forma un colegio. A uno lo educa todo: el tiempo que le correspondió vivir, su música, sus libros, las ciudades que habitó”.

Con esa lección aprendida sobre el poder de las palabras José le ha regalado a la ciudad valiosos espacios de formación en lectura y escritura. Uno de ellos es el programa ‘Libertad bajo palabra’, que comenzó en una cárcel de Cali y hoy recorre ya 17 centros penitenciarios de todo el país. También está el Festival Internacional de Poesía de Cali, que finaliza este 24 de septiembre.

Entonces ‘Oiga Mire Lea’ –dice enfático Zuleta– es mucho más que charlas con escritores. “El eje de este festival es pedagógico y de largo plazo, es construcción de sociedad. Acercar las bibliotecas a la gente, volverlas cercanas para que la gente le tome amor a la lectura y conozca a sus autores. Y qué mejor que haciendo un festival donde, además de traer a grandes figuras de la literatura, se realicen talleres de poesía y de cuento”.

Arcadia conversó con Zuleta justamente sobre eso: una Cali que se resiste a ser etiquetada solo por fiesta y salsa.

José, usted advierte que Cali es una ciudad con fama de frívola. ¿Cambia en algo esa percepción frente al éxito de la segunda edición de este festival ‘Oiga, Mire, Lea’?
Lo que muchos quizás no sepan es que Cali está viviendo una revolución literaria. En estos momentos hay unas 80 tertulias literarias por toda la ciudad y de todo tipo. Y esa cifra no es poca cosa. En la Biblioteca Departamental hay varias de esas tertulias que trabajan en muchas direcciones, incluso hay unas que son lideradas por jóvenes, muchachos de colegio que lee sagas con profunda emoción. Hay otros chicos que leen novela policiaca o novela negra; y también gente de todas las edades que lee para después debatir entre amigos. Yo he visto cómo se reúnen a discutir apasionadamente esos libros y esos géneros.

Sorprende que muchas de esas tertulias las integren gente joven. De hecho, existe en Cali un grupo, ‘Los riders’, que agrupa a cerca de mil muchachos entregados por completo a la lectura…
Si uno se pone a mirar por ejemplo las tertulias de poesía, se sorprende de ver a gente muy joven que se acerca por igual a autores clásicos y nuevos, que disfrutan leer poesía, que prestan libros de poesía para llevarlos a sus casas. Y, mejor que eso, que se animan a escribirla. Eso lo notamos especialmente en el Festival de Poesía de Cali.


¿Será que es mito eso de que los jóvenes no leen?
De eso estoy seguro. En Cali hay muchachos que se leen hasta 20 libros al año, como esos que mencionas de ‘Los Riders’. Y lo digo sin exagerar. Pero a ellos no los incluyen en las mediciones de lectura de libros por año porque dañan el promedio y por eso vivimos repitiendo que en Colombia se leen menos de dos libros por año y que los jóvenes son los que menos se acercan a los libros. Pero en la realidad uno ve otra cosa: por ejemplo, en la Biblioteca Departamental hay una manera de saber qué libros pedir y es por lo que la gente joven está leyendo, por los libros por los que están preguntando. Y muchachos como ‘Los Riders’ nos acercan mucho a ese panorama. Ellos saben qué es lo que se está publicando y leyendo en el mundo a través de redes sociales. Ellos no se quedan esperando a ver qué aparece en la vitrina de Novedades de las librerías, como sí nos tocó a los de otras generaciones.

¿Y qué tanto estamos escribiendo en Cali?
En Cali hay también un renacer de talleres de literatura. Actualmente existen unos diez. Algunos  formales, otros no tanto. Se realizan en universidades, cajas de compensación, en la red de bibliotecas públicas y en espacios independientes como la Fundación Casa de la Lectura y El Globo Taller, que se han preocupado por acercar la literatura a los niños. Y hay un dato interesante allí que ilustra bien lo que está pasando en Cali: los talleres, por su formato y para su efectividad, no pueden admitir a más de 30 personas. Pero pasa que cuando en Cali se abre la convocatoria a un taller de escritura creativa se presentan 250 personas que desean entrar. Por eso digo que Cali está viviendo una verdadera revolución cultural.

Hablemos de ‘Oiga mire lea’, cuya segunda edición baja el telón con una nómina de lujo, comandada por el cubano Leonardo Padura. La gente respondió masivamente a las charlas…
Sí, en promedio asistieron por charla entre 200 y 500 personas. La más taquillera, claro, fue la de Padura, quien conversó con Santiago Gamboa. Y la de William Ospina, ‘Lo que está pasando en Colombia’, junto a Julio César Londoño. Eso lo que demuestra es que Cali es mucho más que rumba y frivolidad. Tuvimos la preocupación de traer a las figuras hispanoamericanas de la literatura que están brillando, que ganan premios y que tienen muchos lectores en el mundo. El año pasado lo logramos después de hacer un convenio con el Fondo de Cultura Económica de Bogotá, pues la primera versión de ‘Oiga mire lea’ coincidió con su festival ‘Visiones de México’, al que traían varios autores. Pero este año decidimos traer a los escritores por nuestra cuenta, los que creíamos los mejores. Por eso llegó a Cali Leonardo Padura, es el escritor más leído en Hispanoamérica, y el hispanoamericano más leído en el mundo. Alberto Barrera, premio Tusquets; Wendy Guerra, diva de la literatura con una novela nueva muy interesante, ‘Domingo de revolución’, y que es una voz muy fuerte de la actual narrativa cubana; y Jorge Volpi, que hace en México quizás el festival literario más importante de Hispanoamérica, y cuya llegada a Cali coincidió con los 20 años de la creación de la Generación del Crack, que es ese mítico movimiento literario mexicano.

Este festival abre también las puertas para que los autores caleños se acerquen a su ciudad…
Es que en eso pasa algo muy curioso: hay una generación brillante de escritores caleños que la gente de Cali no conoce pues se cree erróneamente que los escritores vallecaucanos son los mismos de toda la vida. Y no los reconocemos como nuestros porque viven en Bogotá, como el caso de Melba Escobar, Pilar Quintana y Antonio García que se fueron a estudiar su universidad a Bogotá y allá se quedaron desarrollando sus carreras como escritores. Mucha gente aquí ha leído sus novelas sin saber que ellos son caleños y una manera de hacerlos reconocer es traerlos para que hablen con el público. Y tienen novelas recientes: Antonio García lanzó ‘Declive’ y Melba Escobar, ‘La casa de la belleza’. Para próximas ediciones de ‘Oiga mire lea’ hemos pensado incluso en escritores caleños que vivan fuera del país.

Esa es una pregunta frecuente: ¿dónde están los escritores de Cali, la nueva narrativa de la ciudad?
Lo que hay que hacer es comenzar a conversar con ellos y que la generación anterior reconozca en ellos lo que sembró y que los nuevos miren que hay una nueva generación que está en la mitad; autores que están por los 40 años como Melba, como Antonio, como Pilar, y otros como Santiago Gamboa, que están escribiendo una literatura más allá de las fronteras geográficas y literarias de una ciudad.

Lo bonito de este festival es que acercó a la gente al espacio natural de la palabra: la biblioteca…
Eso es fundamental, que la gente sienta que es un espacio cercano, amable, de familia. No solo un sitio para que los hijos vengan a hacer tareas. A eso es que me refiero cuando hablo de construir sociedad. Que la gente pueda ver, allí en una biblioteca, a los autores que ha leído alguna vez: Julio César Londoño, William Ospina, Santiago Gamboa, Mario Mendoza o Tomás González, conversando de literatura frente a ellos, como si los tuvieran en la sala de sus casas. Fue en la biblioteca, durante el Festival, donde también se abrió el espacio para formar a padres de familia, profesores y bibliotecarios en la promoción de lectura. Eso también nos ayuda a empujar esa revolución cultural que están viviendo los caleños.

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