Carátula del libro 'Caperucita y los cuarenta ladrones'.

'Caperucita y los cuarenta ladrones': un esfuerzo inútil

Para Daniela Vernaza, la historia de Darío Jaramillo, que reúne a los personajes más populares de la literatura infantil, no logra estar a la altura de su premisa.

2016/09/13

Por DANIELA VERNAZA CIVETTA

Publicado por primera vez en 2015 por la editorial SM, Caperucita y los cuarenta ladrones es una de las obras que el poeta y ensayista colombiano Darío Jaramillo ha publicado para niños. La historia, ilustrada por Federico Delicado, autor e ilustrador español ganador del VII Premio internacional Compostela por álbum ilustrado con su obra Ícaro, toma los personajes clásicos de la literatura infantil para relacionarlos en un nuevo mundo en el que se trenza una historia que puede resultar tanto familiar como extraña para el lector.

El relato está articulado a partir del famoso camino en medio del bosque que Caperucita recorre para ir a la casa de su abuela. En esta versión, Caperucita tiene hermanastras y una madrastra que la llaman Cenicienta. Y esta es solo la primera instancia en la que las historias clásicas de la literatura infantil comienzan a cruzarse. A medida que emprende el viaje se encuentra con la Bella Durmiente, que se convirtió en sapo después de que su príncipe azul la besó; con los siete enanitos, que atraparon a los cuarenta ladrones, y con una lámpara vieja en la casa de Blancanieves de la que sale un genio que les concede tres deseos. La historia, llena de príncipes y princesas, lobos, genios y criaturas fantásticas, como varios clásicos, termina en matrimonio.

Si bien el libro intenta reimaginar conocidos temas de la literatura infantil y crear una nueva relación entre los personajes más populares, falla totalmente en su propuesta. Dejando a un lado el extrañamiento que puede causar esta mezcla de personajes, la historia no parece tener un hilo conductor diferente al camino de Caperucita, que además parece una débil excusa para introducir a cualquier figura popular querían incluir en el texto, que realmente no puedo llamar historia. Los personajes, además, son más cercanos a las reinterpretaciones maniqueas de Disney que a las propuestas de Perrault, los Hermanos Grimm y Andersen.

Cuando se compara a otras reinterpretaciones de la literatura infantil como Una caperucita roja o los cuentos de Roald Dahl, Caperucita y los cuarenta ladrones no es capaz de tratar o replantear ningún tema ni a darle un tono juguetón y gracioso. La propuesta gráfica tampoco logra crear un mundo ni atractivo ni profundo; claramente no es una buena representación de un artista que esbozó magníficas ilustraciones en su historia Ícaro. Aparte de esto, el formato alargado del libro rompe y entorpece el ritmo de lectura. No lo recomiendo.

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