Horacio Benavides y Nelson Romero Guzmán

Hablan los poetas

Arcadia entrevistó de manera simultánea en la FILCA a Horacio Benavides y a Nelson Romero Guzmán, ganadores del Premio Nacional de Poesía en 2013 y 2015.

2015/10/10

Por Christopher Tibble, Cali.

Me dicen ambos que la noche anterior salieron de fiesta. Son las nueve de la mañana del segundo día de la Feria Internacional del Libros y las Culturas de Cali. El día anterior, los dos viejos amigos dieron un recital de poesía frente a un auditorio casi lleno en la plazoleta Jairo Varela. Horacio Benavides leyó de su poemario Conversación a oscuras, una pequeña y desgarradora obra dedicada a la violencia que se vive en el campo colombiano. Nelson Romero Guzmán, en cambio, no se limitó a un libro a la hora de declamar: recitó poemas en prosa de una obra inédita, así como versos de su más reciente poemario, Música lenta.

Arcadia aprovechó la oportunidad de hacerles las mismas preguntas, para ver en qué se diferencia la poesía de dos de los más importantes poetas del país.

¿Cuál es el tema central de su obra?

H.B.: Yo creo que hay varios temas. La naturaleza, el amor y la muerte.

N.R.G.: Yo no he podido identificar temas en mi trabajo creativo. Más bien lo que construyo son imágenes liberadoras que abarquen un poco las diferentes circunstancias de la vida.

¿Cuál es su principal influencia poética?

H.B.: La tradición popular. Yo escuché de niño relatos de miedo, fantasmas, y creo que eso me tocó profundamente. También escuché formas populares del poema, sobre todo la copla, y algo que está muy cerca pero que no sé si es poesía: la adivinanza.

N.R.G.: Hay autores que le transforman a uno la escritura. En mí caso, unos de esos fueron los poetas de la modernidad: Baudelaire, Rimbaud, Verlaine Y Mallarmé.

Ul poemario de Horacio Benavides.

Una imagen recurrente en su obra…

H.B.: Creo que le doy vueltas a la muerte como imagen. Y aparece como algo externo, a veces un jinete, a veces una mujer.

N.R.G.: Un elemento que recubre toda mi poesía es una cierta luz envuelta de sombra. Una imagen de la ambigüedad, del entredicho, del claroscuro.

Este fue el poemario por el que Nelson Romero ganó el Premio Nacional de Poesía este año.

¿Cómo definiría su poesía?

H.B.: Esa es una pregunta muy difícil. Podríamos decir que toca con la sencillez. Intenta tocar lo sagrado, y cuando digo sagrado diría como lo otro, como la muerte, como el inconsciente, como lo misterioso. Eso me atrae, no sé si lo logre.

N.R.G.: La definiría como una imagen poética, una especie de sueño siempre despierto, de vigilia permanente que da cuenta del hombre y que da cuenta del mundo.

¿Cómo definiría la poesía de su colega?

 H.B.: La obra de Nelson me parece, por un lado, aparentemente sencilla. Y, por otro, compleja. Yo creo que ahí está el juego de su poesía. Nelson utiliza con frecuencia la prosa poética, el relato, y sin embargo en ese relato que podría ser insustancial, en su caso encuentra asideros profundos y eso no es fácil. Siempre hay una especie de juego entre lo que podríamos llamar la realidad y algo oscuro que no podría definirse fácilmente. Un ir y venir entre la vigilia y el sueño.

N.R.G.: Siempre he leído la poesía de Horacio Benavides. Hizo parte de mis primeras lecturas de poesía colombiana. Podría definirla toda como una obra esplendorosa que nos da una lección de brevedad, una que a la vez es infinita en la manera como utiliza las imágenes y elabora las ideas poéticas.

 Lea este perfil sobre Horacio Benavides, el poeta que vino del sur.

¿Qué es lo más valioso para usted como poeta?

H.B.: Lo más valioso es la vida. Y cuando digo vida quiero decir la capacidad de captar todo lo que está fuera y dentro de uno. Lo más valioso, pienso, es tener los sentidos despiertos. Y no es fácil. Esos instantes cuando uno realmente puede captar, ver, oír, oler. Esos momentos no son muchos.

N.R.G.: Para mí, todo es valioso. El hecho de existir, de estar en el mundo frente al lenguaje, con la palabra para expresar el mundo. Para hacer memoria. Eso es valioso, el reto de la escritura.

Un poema que lo conmueva… 

H.B.: Hay un poema muy breve de Rainer María Rilke que voy a intentar memorizar:

 

La muerte es grande

Le pertenecemos con la risa en los labios

Cuando nos creemos en el corazón de la vida

Osa de pronto llorar en los ojos

 

Ahí, en algo tan breve, hay una profundidad que combina vida y muerte de una manera maestra.

N.R.G.: A mí siempre me ha conmovido el poema de Salvatore Quasimodo, Y de pronto anochece, por la brevedad y porque en ese relámpago está capturada la experiencia, el devenir, la historia y las preguntas:

 

Uno está solo en el corazón de la tierra

Atravesado por un rayo de sol

Y de pronto anochece.

¿Qué puede dañar un poema?

H.B.: Bueno, si es algo externo, el ruido. En su construcción, creo que la imposibilidad de encontrar lo otro. El poema siempre anda buscando algo que está escondido. El poema tiene una cara manifiesta y una cara oculta. Si logramos una sola cara, y no alcanzamos a vislumbrar lo otro, algo se ha perdido.

N.R.G.: Creo que la ausencia de la esencialidad en el uso de las palabras. Creo que lo esencial consiste en decir lo que se quiere decir y muchas veces no decir lo que se quiere decir. Es un poco complejo este planteamiento pero la verdadera poesía no está en las palabras que vemos o leemos, sino en el sentido que es capaz de construir esa palabra detrás. Entonces el poema es aquello oculto, que hacemos emerger y ponemos en el mundo.

¿Hay un tema que jamás trataría en su obra?

H.B.: Nunca lo he pensado. ¿Algo que no me gustaría decir? No.

N.R.G.: Uno como poeta tiene la pretensión, o la falsa pretensión, de abarcarlo todo con las palabras y cuando uno escribe un texto, no importa el tema especifico, uno quiere que el lector se encuentre con el mundo.

¿Cómo se mide el valor de un poema?

H.B.: Creo que es muy difícil decir el valor, pesar el poema. Sin embargo, un trabajo continuado con la palabra y un conocimiento amplio con la poesía puede dar una especie de medida para decir: aquí hay algo importante. Sin embargo, es algo muy relativo. Uno se puede enfrentar con un texto de un poeta y decir ‘aquí no hay nada’ pero años más tarde decir ‘estaba ciego, aquí hay algo muy importante’. Eso me paso con un poeta que admiro mucho, José Manuel Arango.

N.R.G.: Siempre he creído que un libro de poemas crea sus propias leyes, o crea su propio mundo. Una persona educada en la poesía no se deja engañar y entiende cuando está leyendo un poema sin poesía.

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