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Andrés Caicedo, queda mucho por decir

Su hermana, un amigo íntimo, un compañero de colegio y una estudiante que se inspiró en su obra para hacer un musical se reunieron en el auditorio de la FILCA para, cada uno a su modo, rendirle homenaje al autor de ¡Que viva la música!

2015/10/11

Por Christopher Tibble, Cali.

No se trató de una charla dedicada a repetir lo de siempre. A recordar la prolífica obra literaria y la igual de extensa crítica de cine que escribió Andrés Caicedo. A cuestionar los motivos por los que el escritor caleño decidió quitarse la vida a los 25 años. Fue, en cambio, la oportunidad de escuchar cuatro testimonios muy distintos sobre el autor de Angelitos empantanados. De conocer otras de sus facetas, algunas historias desconocidas y, lo que es más, la forma en que una nueva generación se ha apropiado e identificado con la angustia, el ímpetu y la rebeldía que Caicedo plasmó en su obra.

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La charla, que duró aproximadamente cuarenta minutos, despuntó con un anuncio aplaudido por el auditorio: a través del acuerdo municipal 039, la alcaldía de Cali determinó que el Cine Foro llevará el nombre de Andrés Caicedo de ahora en adelante. Luego, cada uno de los invitados recordó a Caicedo a su manera. Todos menos la estudiante Vanessa Zea, quien más bien nombró al escritor de ¡Que viva la música! como una de las principales influencias del Riders Club, el grupo de literatura, danza y música del que hace parte. La verdadera intervención de Zea, sin embargo, no se dio durante la conversación: después de terminar la charla, presentó junto a su grupo el musical Caicedo en un sueño en el Pabellón Infantil de FILCA. La pieza, un homenaje a las contradicciones y a las distintas culturas que el autor conoció en esa Cali de los sesenta y setenta, concluyó de la mejor manera posible la conversación sobre la vida y obra del escritor.

El amigo íntimo

El primero en tomar el micrófono fue el cineasta e investigador Ramiro Arbeláez, quien perteneció al Cine Club de Cali y a la revista Ojo al cine en los años setenta. Amigo cercano de Caicedo desde su adolescencia, Arbeláez aprovechó la oportunidad para hablar sobre varias facetas desconocidas del autor caleño: “Cuando hablo de Andrés a mí siempre me gusta destacar facetas suyas de las que normalmente no se habla. La gente conoce al escritor y al crítico de cine, y últimamente se ha empezado a publicar su literatura epistolar. Pero mucha gente no sabe que Andrés fue dramaturgo antes de ser escritor y crítico. Hacía teatro, y no solo lo escribía sino que lo llevaba a las tablas. Hizo en total unas nueve piezas mal contadas porque incluyo allí algunas adaptaciones, como la de La ciudad y los perros, que a Vargas Llosa le gustó”.

“Otra faceta que me gusta resaltar de él es la de promotor cultural. Una de las cosas que más me asombraba de Andrés era su capacidad para organizar grupos culturales: formó tres de teatro, tres cine clubes, pero también fue editor de una revista y de sus propios libros, como El atravesado”, afirmó Arbeláez, quien además habló sobre la personalidad de Caicedo: “él era muy generoso en la medida que compartía todo lo que sabía, sobre todo la música. A Andrés le gustaba repartir conocimiento, incluso en algunos momentos actuaba de profesor. Recuerdo que en mitad de los ensayos de su obra de teatro El mar, para descansar estudiábamos cine y él hacía las veces de maestro, cogía un tablero y nos enseñaba sobre, por ejemplo, las primeras generaciones del cine americano, a veces de películas que ni siquiera habíamos visto”.

La amistad entre ambos comenzó cuando el autor de El atravesado vio a Arbeláez actuar en una obra de teatro en el colegio. Poco después, se le acercó para que entre los dos montaran sus obras. “Andrés tenía 16 y yo 15. Inmediatamente hubo un enganche muy fuerte, en especial con su literatura pues ahí había cosas que yo quería decir pero que no sabía como. Andrés podía expresar lo que a uno se le hace un nudo en la garganta. Ahí empezamos nuestra saga teatral, que tuvo muchos accidentes porque fue censurada desde el comienzo”, dijo el cineasta.

Una de las primeras “censuras” que tuvieron fue en la casa de Caicedo, con una obra llamada Los imbéciles están de testigos: “Andrés había invitado a un grupo particular de invitados porque quería hablarles por medio del teatro. Actuábamos los dos y resulta que el volumen del estéreo de la radiola les parecía muy alto a los papás de Andrés. Ellos bajaban para bajarle al ruido y cuando subían, lo volvíamos a subir. La fiesta estaba muy animada y a la media noche, cuando estábamos a punto de presentar la obra, el papá de Andrés sacó a todo el mundo. Nos fuimos a Chipichape, a un lote de bodegas, y a la luz de un poste presentamos la obra. Pero claro, las niñas ya se habían ido. Solo quedábamos hombres”.

En Popayán también experimentaron una especie de censura cuando presentaron Recibiendo al nuevo alumno. “Andrés le había pedido a su papá que consiguiera el paraninfo para hacer la obra. No lo consiguió, pero sí la pudimos montar en el patio que quedaba al lado, en una tarima. La obra se trataba de un nuevo alumno que llegaba a un colegio religioso, yo hacía tres papeles, y el momento más fuerte era cuando un padre que usaba una capucha le hablaba a los niños de lo malo que era masturbarse mostrándoles un horrible dibujo (dibujado por el mismo Andrés), describiéndoles como se masturbaba con un crucifijo. Había unas dos o tres monjas en la primera fila quienes obviamente se salieron. Un foro espontáneo había llegado a ver la obra y cuando se acabó muchas personas querían hablar de ella. Por supuesto, recibimos sobre todo ataques. Cuando regresamos a los vestuarios, nos habían robado todos los libretos”.

La hermana

Pilar Caicedo, la hermana del escritor, también decidió hablar sobre un rasgo del autor que a menudo se desconoce: “Quiero destacar algo que no mucha gente sabe: la seriedad con la que Andrés desde muy joven decidió que iba a hacer obra. Él escribía todos los días de su vida y a todas horas. Es increíble pero cada vez que veía una película, que era casi todos los días, y estamos hablando de una ciudad y de un momento en el que había que ir a un teatro a ver cine, Andrés llegaba a la casa y hacía la crítica inmediatamente. Para él eso era todo un trabajo. De cada libro que leía también escribía. Al principio le gustaba mucho Gabo y después lo odió, por ejemplo. Para el escribir era todo un proceso de trabajo firme y definido. Era su vida.”

Hacia el final de su corta intervención, Pilar recordó una frase de su hermano: “muere joven y deja obra. No les des a tus padres el espectáculo de verte viejo”. También afirmó, con un tinte de nostalgia, que “él sabía que iba a morir pronto y por eso necesitaba generar obra. Y por eso escribía en todo momento”.

El compañero de colegio

“Yo tuve la fortuna de compartir parte del bachillerato con Andrés –afirmó el sociólogo y editor Hernán Darío Correa. Conocí entonces a Andrés antes de que fuera famoso, cuando estaba empezando a hacer sus primeras obras. Andrés era tímido, tartamudeaba. Sin embargo, atesoraba en sus silencios prolongados cosas como esas obras de teatro que menciona Ramiro y que nos sorprendían a todos”.

Correa, no obstante, no habló de su relación con el autor caleño durante la charla, sino más bien sobre la experiencia de pertenecer a una generación que quiso cambiar el país: “Nosotros queríamos cambiarlo primero desde una comprensión de qué era Colombia, y segundo desde una expresión a partir de esa tensión que vivíamos con el país. En el caso de Andrés, él intentó hacerlo con su obra. Y ese fue un poco nuestro signo. Hoy, cuando almorzábamos los cuatro, les decía que nuestra generación quiso cambiar a este país en todos los planos. En la política, pero también en la contracultura. Fue una suerte de rebelión profunda que era parte del mundo entero en los años sesenta y setenta. Y nos tocó abrir trocha respecto a una generación que llegaba a las ciudades a instalarse, a construir comodidades. Había unas tensiones con nuestros padres muy fuertes”.

Para el sociólogo, la obra de Caicedo puso en evidencia, quizá mejor que cualquier otra, el sentimiento de frustración de su generación frente a la vieja. “Su trabajo está plagado de esas tensiones, con un elemento muy importante: el construye una geografía urbana muy interesante desde la música, y desde las aventuras de un joven. Y ahí hay un elemento que quiero destacar: ¿cuál era la Cali de los años sesenta? Era una olla de presión. Fue la Cali que recibió más desplazados de la década de La Violencia. Era una ciudad profundamente jerarquizada y excluyente, de una élite muy rígida que le tocó vivir la llegada de mucha gente. Y justo una de las pocas cosas que permitió la inclusión social fue la salsa, la música. Fue una transformación, y si nos pusieran a hacer un balance generacional, podría decirse que si en la política no pudimos, por los lados de la contracultura si son muchas las transformaciones que hay que constatar”.

Correa resaltó como el trabajo de Caicedo ha permanecido relevante a través de los años: “La vida me ha deparado una cierta permanencia con la obra de Andrés. Tengo hijos de dos generaciones, la menor es una adolescente. Y con ambas generaciones me ha dado por leer partes de la obra de Andrés. Con mi hija y una amiga hicimos una lectura muy interesante de ¡Que viva la música!, acompañados de un Ipad con el que íbamos escuchando las canciones que el citaba. Así empezamos a hacer una lectura estereofónica del libro y a encontrar ahí unos puentes entre dos generaciones. A mí me impresiona mucho esas sintonías y como en el país se combinan algunas tradiciones: la primera canción que aparece en el libro de Andrés es Vanidad, del argentino Yaco Monti, pues el Cali de los sesenta no era el Cali de la salsa. Era el Cali del bolero, de las rancheras, no era el de esa irrupción popular. Y lo interesante es que ese Yaco Monti, al lado de Richie Ray y The Beatles, nos muestra una Colombia en ebullición que en medio de los cambios tan drásticos supo reinventar su tradición. Andrés en eso se anticipó a esa modernidad que ayudó a inaugurar una Colombia que en ese entonces aún no terminaba de nacer”.

 

 

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