RevistaArcadia.com

Cosas de encantamiento

Ganador del Man Booker Prize por su primera novela, Vernon Dios Little, DBC Pierre es en sí mismo un personaje de ficción. Su verdadero nombre es Peter Warren Finlay, nació en Australia, pero creció en Mexico, país que lo llevó a la perdición. Tras años de excesos, vive en Irlanda, lejos del ruido.

2010/03/15

Por Jorge F. Hernández

Ante las sucesivas sorpresas que le llenaban la vista de escenas increíbles, el soldado cronista llamado Bernal Díaz del Castillo sosegó su asombro calificándolas como cosas de encantamiento: el enjambre de las ciento cincuenta mil voces que se elevaban como vapores desde la plaza abierta de la Gran Tenochtitlán, los inmensos templos aun más altos que la torre de la Giralda de Sevilla y la perfecta cuadrícula de acequias y casas flotando sobre el límpido manto de anchos lagos sobre un fondo al óleo de volcanes nevados no eran mero paisaje, sino pasajes ya leídos en el libro del Amadís de Gaula. Parece que desde entonces novelistas o historiadores, turistas o habitantes de México tendemos a la detección y asimilación de cosas de encantamiento: lo vivimos en medio de una ciudad de veintidós millones de habitantes que sigue teniendo mucho de pueblo y lo vemos en el surrealismo cotidiano de los tacos al pastor, las calaveras de azúcar o el tequila que se sirve a todas horas con un chaser que llamamos sangrita.

Parece increíble: un australiano nacido en 1961, llamado Peter Warren Finlay, decide escribir una novela bajo el seudónimo DBC Pierre (por Dirty But Clean y Pierre, en honor de un personaje de caricaturas), titularla Vernon Dios Little y gana con ella el prestigioso Booker Prize for Fiction de Inglaterra, el 14 de octubre de 2003. Siendo el tercer australiano en alcanzar tal reconocimiento, Peter Warren Finlay declaró a los tabloides londinenses que prefería ser considerado mexicano, y fiel a su seudónimo, Sucio pero Limpio, aclaró que la novela tenía mucho que ver con la casi una década de estupor etílico y neblina narcotizada en la que había sumido su propia vida. Habiendo crecido en la Ciudad de México, en el seno de una adinerada familia inglesa, Peter Warren Finlay fue víctima y testigo de la quiebra en las finanzas paternas a consecuencia de la nacionalización bancaria decretada por el gobierno populista que encabezó José López Portillo, presidente mexicano que llegó a considerarse la reencarnación del dios azteca Quetzalcoátl, nada menos que la mitológica serpiente emplumada.

Según DBC Pierre, con eso empezó una larga cadena de problemas que lo llevaron no sólo a la estricta narcodependencia sino a una retahíla de trances ilegales, transas, robos y supercherías. De hecho, DBC ha confesado haber ayudado a un amigo con la venta de su casa, para luego embolsarse él mismo la totalidad de los ingresos por la compra y también ha reconocido su delirante proyecto de buscar el tesoro perdido del emperador azteca Motecuhzoma. De hecho, se sabe que las cincuenta mil libras esterlinas que ganó con el Booker Priza sirvieron para aliviar en parte las muchas deudas que había acumulado el bizarro mexicano, que dedicó la década de los noventa del pasado siglo a “repolarizarse y deconstruirse” a través de un ritual diario con música orquestal rusa, hasta emplearse como diseñador gráfico y mudarse a Irlanda, donde quién sabe qué duendes lo llevaron a confeccionar esa novela tiulada Vernon Dios Little, y su siguiente libro, Ludmila’s Broken English, ambas, o todas, dignas cosas de encantamiento.

DBC Pierre ha afirmado que “México, con sus contrastes, su pobreza apabullante y su luminosa riqueza, su corrupción institucionalizada y su sabiduría cultural, su amor por la vida y su contención de la muerte, me ubicaron indudablemente en el sendero hacia el abismo, tanto psicológico como emocional” y para describirse a sí mismo, DBC ha declarado ser sinónimo de “freak, dickhead, arsehole, dumb, farting machine, awkward and bumbling”, que prefiero dejar sin traducción, aunque ambas explicaciones sirven para contextualizar tanto la trama como los personajes de Vernon Dios Little, una novela situada en el inventado pueblo tejano de Martirio, frontera con México, en donde un tal Jesús Navarro decide suicidarse, luego de asesinar a mansalva y a sangre fría a dieciséis compañeros de su escuela. El Vernon que da título a la novela, una suerte de Holden Caulfield de El cazador entre el centeno, de J.D. Salinger, se convierte en sospechoso o chivo expiatorio del crimen perpetrado por Jesús Navarro y decide huir hacia México, para escapar de la pena de muerte establecida en los Estados Unidos y en busca de todos los refugios posibles que ofrece el enredado paisaje de México y sus sinsentidos, sus corrupciones y sus diversos azares. La novela entonces se vuelve un mosaico mural, digno de los más encendidos de Diego Rivera, en donde DBC Pierre rinde homenaje a los muchos desposeídos descarriados que habitan los agitanados trailer parks de las carreteras empolvadas de la frontera más larga y enigmática del mundo, la única que divide al Primer Mundo –de hecho, a la Primera Potencia Militar y Económica del Planeta– de un raro país maravilloso que parece, de veras, tan cosa de encantamiento, como la enrevesada prosa de un soldado cronista del siglo XVI que no supo si vivía un sueño o habitaba los párrafos de una novela; o tal como la enloquecida prosa de un australiano flatulento que se considera mexicano y que, en realidad, quiso con su premiada novela demostrarnos a todos que el sueño norteamericano no es como aparece en las telenovelas y que México, como país o como delirio, bien puede ser el mejor refugio para todas nuestras más caras ilusiones.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.