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Nuevos versos de amor

De artes y oficios, el más reciente libro de Luz Mary Giraldo, nos ofrece una visión decantada en torno a la experiencia del amor en su sentido más amplio y diverso.

2015/09/26

Por Lucía Estrada, Medellín

Se trata de una obra que en lo poético sabe eludir las viejas trampas, las fórmulas que lo desdicen más que invocarlo. No son estos poemas el desgastado monólogo del amante ni su diálogo con la ausencia y el abatimiento que llenan de hastío y monotonía las páginas. Aquí, el amor es destello, herida, revelación, pero también presencia avasallante, cercanía y posibilidad del mundo en toda su complejidad. Es experiencia que intensifica matices en cada palabra dicha al oído, al corazón del lector.

Y aunque no se evidencia en estos textos la figura específica del ser amado, nos permiten en cambio imbuirnos en una atmósfera de lo amoroso que se teje y se desteje en cada silencio, en cada línea como realidad única, poderosa, inmanente. Es el amor expresado otra vez sin un por qué o un para quién, como la propia escritura. Mas, cuando en apariencia se revela un nombre, un motivo concreto, una historia, es la fuerza poética la que lo arrastra hacia una luz, a una orilla de significado distinta, que lo salva de toda obviedad.

Porque con la conciencia, la paciencia y el cuidado de una artesana, Luz Mary Giraldo nos entrega estos poemas forjados en el saber, pero sobre todo en el sentir que detrás de todo acto de creación se albergan siempre otras posibilidades, las de abrirse a una visión menos estrecha del vínculo esencial que se tiende entre el alma y aquello que la conmueve.

De artes y oficios sueña en el vasto universo de las correspondencias. Una semilla, un pájaro, la huella de alguien, la memoria de una experiencia en fiebre son aquí la palabra inicial, aquella que le da fuerza y luz a todo cuanto pueda existir después. Es el amor, pero también la difícil alquimia del lenguaje la que asciende a estas páginas con la serena sencillez de quien ha leído y comprendido la partitura de cuanto somos.

Inclinado tu cuerpo ante la página

seduces con ojos y con tacto.

Escoges palabras

las acaricias

las oyes

las cuentas una por una

como quien aprende sílabas.

(…)

El lector puede sentir el avance tembloroso de una voz que pasa por entre las cosas tocándolas de un modo diferente. No hay otra certeza ni otra seguridad que la caricia silenciosa y atenta de una mano que se detiene y pregunta por las texturas del mundo, por las formas que guardan la semilla de un conocimiento íntimo, por la temperatura que le revela cuán cerca o lejos está del corazón que la reclama.

¿Qué hace Amor con su flecha en el blanco?

Cambia la soledad de los amantes

y pulsa la algarabía de pájaros

que dibujan canciones en el aire.

Deshoja las ramas de los árboles

y como nave en mar desconocido

en un instante enciende en Venus la aventura.

Entre fugas y preludios repetidos

se revuelca

se ahonda

se ahoga en cada ola

y en éxtasis muere en brazos del amado.

Amor toca la letra menuda de los días

con su flecha en el blanco

da tono a las palabras y a los gestos

y acompaña la entrega secreta de dos fieras.

Luz Mary Giraldo nos sorprende de nuevo con su sensibilidad para encontrar el salto de agua, la piedra en formación, el lenguaje más vivo allí donde otros habían cavado antes con menos suerte. Pero no hay soberbia en ello, tampoco el desparpajo del que ha recorrido muchas veces el camino. Ella sabe que en la escritura y en el amor siempre es la primera vez, que en ambas experiencias todo gesto es inicial y único. Que no hay aprendizaje posible, que todo está cubierto por un fino manto de inocencia.

En estas páginas el amor se prueba varios nombres, infinidad de rostros que surgen de la niebla o se ocultan en la sombra de un jardín de medianoche. Rostros afilados por la angustia y el desamparo, que son la síntesis de todos los caminos, de todas las encrucijadas. Rostros que invitan a la contemplación y a la fiesta de los sentidos, que son la ausencia pero también la llama que consume y libera al árbol del padecimiento de sus raíces. Rostros de un amor místico y profano, elemental y complejo como la transparencia del agua y del aire, rostros de un amor que se entrega y se oculta entre los pliegues del tiempo y lo diluye.

Como cristal a punto de romperse

tu voz guarda silencio.

Podría golpearte la luz

y nada sale de tu boca.

Te estrellas con tu sombra

y en cada paso arrastras el desaliento.

(…)

Nadie se acerca boca a boca

a tu lastimado corazón.

Hablas hacia adentro.

Un hilo de luz eleva la palabra

y te despierta.

Interrumpe la tempestad

que atropella tus ojos.

(…)

Ya en libros anteriores, Giraldo nos ha dado pruebas de su conciencia poética del mundo, de las palabras, del lenguaje que ciñe con su misterio la realidad de nuestros días, que la descifra y la hace más nuestra. Su rigor crítico, su aventura silenciosa por los laberintos de la poesía, la ha llevado a medir con el ritmo de su corazón cada tramo del sueño y la vigilia que la acompañan. El resultado es una escritura diáfana y honesta, que la mantiene viva y en contacto permanente con esa presencia invisible que se nos escapa cada vez más, con aquello que sólo tiene un instante y no se repite.

En este libro de poemas que tienen la extensión necesaria para decir, pero también para silenciarse cuando es necesario, las palabras mismas son el amor, el oficio más antiguo pero también el más reciente. “Hay que reinventar el amor”, exigía en su último desamparo el poeta de Abisinia. Y no hay otra ruta para ello, otra puerta que la de los ojos abiertos, ojos compasivos que le devuelvan toda la dignidad y la fuerza a la vida que en nosotros resplandece. No hay otra sangre, otra savia que pueda devolverle su brillo como aquella de las palabras que nos ayudan a comprender la efímera eternidad que nos asiste.

Luz Mary Giraldo ha decidido una vez más abrazarse a esta búsqueda. De artes y oficios sigue escribiéndose en ella, en sus lectores, y más allá de su impecable factura, es la conciencia de una necesidad imperiosa de reinventar en el amor, de alejarlo de la banalidad y la inmediatez, la que nos conmueve.

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