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Del estadio a la catedral

Sus crónicas deportivas se convirtieron en ejemplo: escribía de fútbol y atletismo con la técnica de un narrador literario. Ahora, en un giro sorpresivo, está a cargo de la sección cultural de El País. En conversación con Arcadia, pide que se escriba con la misma emoción con la que se ve un clásico Madrid-Barcelona.

2010/03/15

Por Catalina Gómez

Se acabó el partido. Oleadas de personas se desplazan fuera del estadio Santiago Bernabéu; están ansiosas por llegar a casa o, al menos, al bar más cercano para discutir el juego. El tráfico sobre La Castellana está prácticamente paralizado y los buses no respetan el orden habitual, se detienen donde pueden para recoger a los aficionados, cuyo estado de ánimo varía según si el Madrid perdió o ganó.

Santiago Segurola bien pudo estar miles de veces en una situación semejante. Esta noche en particular, a estas alturas, ya escribió su crónica para El País y está desesperado buscando un taxi que lo lleve hasta la Gran Vía (aproximadamente a quince minutos de allí, sin tráfico), donde queda la Cadena Ser. Allí va a participar en “El Larguero”, el programa de radio sobre deportes más escuchado de España.

Finalmente llega a la cabina, acelerado y angustiado, como es habitual, pensando aún en la crónica que envió al periódico. Como todo periodista que escribe sobre fútbol, siempre piensa que le faltó tiempo para comprender y explicar mejor el partido. Pero el tiempo es el peor enemigo de los periodistas, sobre todo de los que cubren fútbol, pues no tienen más de diez minutos, cuando los tienen, para describir y analizar lo que ha pasado en la cancha. A las doce empieza el programa y José Ramón de la Morena, el director, presenta a sus invitados en cabina y dice que allí está el editor de deportes del diario El País que acaba de llegar en su moto. Ya se ha vuelto una broma dentro del programa. “Es una leyenda urbana que prefiero que la gente se crea”, dice Segurola, que no conduce. Cuando se abre su micrófono y empieza a hablar, nadie creería que está angustiado. Mucho menos que es tímido (no acepta dar conferencias, ni presentarse en programas de televisión). Cada vez que De la Morena le hace una pregunta, él contesta pausadamente y expone, como pocos saben hacerlo, su visión sobre lo que ha sucedido en el juego. No es de discusiones apasionadas; defiende cuando tiene que defender y ataca cuando le toca. Tal vez por esa razón mucha gente piensa que además de ser un gran hincha del Atlético de Bilbao, al fin y al cabo es su ciudad natal, también lo es del Madrid. Otra leyenda urbana. “Yo sólo tengo corazón para el Bilbao”, dice.

Por más que le hagan guiños y lo inviten a más programas de la Ser lo suyo no es la radio. Desde que entró a trabajar en un periódico local de Bilbao y años más tarde en la redacción de esa ciudad del diario El País, donde escribía las crónicas del Bilbao, lo suyo ha sido la prensa escrita. El año pasado cumplió veinte años como cronista de fútbol. Es considerado por muchos expertos, entre ellos Alex Grijelmo, director de la agencia Efe, como el mejor cronista deportivo en español. Su reconocimiento en España entre los amantes del deporte (o simples lectores y oyentes) es tan grande, que su nombre es igual de reconocido que el de Jorge Valdano o cualquier otro grande del fútbol. Es más, cuando se quiere tener una visión clara de lo que sucede con la selección española de fútbol, el primer referente siempre es Segurola. “Siempre pretendí, por medio de mis crónicas, responder a las preguntas que me hacía sobre lo que veía”, explica. Este reconocimiento, no sólo por parte de los seguidores del fútbol, sino de muchos periodistas deportivos de habla hispana, se debe además de sus análisis claros, a la calidad de su escritura. “Había que hacerlo todo muy rápido pensando en que no tenías que escribir lo mismo que, minutos después, aparecería en internet. Se trataba de entregar un artículo, al día siguiente, de manera que una crónica fuera también un reportaje y un análisis. Todo lo que fuera netamente descriptivo, en gran parte, ya había sido trillado por la televisión”, explica.

Habla en pasado, porque ha dejado el deporte. Los amantes del fútbol y del atletismo (“el atletismo me liberaba más, escribía con más libertad”) que siempre seguían sus artículos lo extrañan. Se nota por los mensajes que escribieron varios bloggers cuando se supo que cambiaba de sección: desde hace unos meses es el editor de Cultura y del suplemento cultural “Babelia”, de El País. La noticia, sin embargo, no sorprendió a quienes lo conocen: Segurola jamás se limitó a los deportes. Más bien aprendió periodismo en las páginas deportivas de los periódicos y de leer a los grandes escritores y periodistas anglosajones que escriben sobre deportes (por ejemplo, Norman Mailer sobre Cassius Clay, Gay Talese sobre Joe DiMaggio...), pero nunca negó su pasión por los libros, el cine y, por sobre todas las cosas, la música. Dice que tuvo la suerte de que desde niño su familia le alimentara la curiosidad.

“Creo que [el cambio de sección] es un desafío extraordinario, porque no suele ser muy habitual que se den estos cambios dentro de un periódico, y porque me permite intentar hacer cosas que ya he hecho en deportes pero con un poco más de tiempo”. Una vez más el tiempo, una palabra que se nota que lo agobiaba. Veinte años de trasnochar, de trabajar los fines de semana y de cubrir grandes eventos deportivos mientras que todo el mundo se toma sus vacaciones de verano deben de dejar agotado a cualquiera. “Te acabas convirtiendo en un alienígena”. Por eso el reto en Cultura lo emociona. Nunca había trabajado en otra sección, pero tiene claro lo que quiere. Primero, que la sección esté perfectamente bien escrita: “Si todo el periódico tiene que estar bien escrito, Cultura tiene que estarlo aun más”. Y, segundo, que la sección no sea el brazo publicitario de la industria cultural, que es enorme. “Hay esa idea de que los medios tienen que acomodarse a la exigencia o a los ritmos de la industria cultural. Yo creo que no. El punto de vista propio de un periódico es sagrado. Por tanto, hay que tener un nivel de autonomía grande, que voy consiguiendo”.

No hay duda de que es un reto. El mejor periodista deportivo ha de convertirse ahora en el mejor periodista cultural. Gran lección para los que tanto estigmatizan el deporte.

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