Henry Marsh nació en Oxford, Inglaterra, en 1950. Foto: Archivo particular.

Una lectura airada de Henry Marsh

‘Arcadia’ es fan de este neurocirujano británico. No solo reseñamos su laureado libro ‘Ante todo, no hagas daño’, sino que además lo incluimos entre los mejores libros del año pasado. Uno de nuestros lectores no está de acuerdo, y nos envió este artículo.

2017/01/12

Por Leonardo Medina Patiño*

Soy seguidor de la edición digital de la revista Arcadia, la tengo en mi Facebook, en mi cuenta de twitter, disfruto leyendo a Caballero, a Sanín, como las opiniones de arte, de música, las notas sobre eventos culturales; en fin, es una revista necesaria, para estar mínimamente enterado del acontecer diario de la cultura y el arte en el país.

Pero hoy quiero hacer una diatriba porque el año pasado me hizo dos jugadas imperdonables, por decir lo menos, con referencias literarias: Ante todo, no hagas daño (Henry Marsh) y La pasión de Maidemoiselle S. (Anónimo). Los perdono, pues sigo leyéndolos con igual gusto. Sin embargo, no dejaré de hacer mi diatriba sobre uno de los dos libros referidos.

Mi profesión de abogado me ha llevado a transitar por la defensa de intereses en asuntos de salud -desde ambos lados-, tanto del institucional defendiendo entidades públicas, a profesionales de la medicina que han sido investigados, como reclamando derechos de usuarios del sistema; lo que me incitó a publicar un libro sobre el consentimiento informado, tema del derecho médico, que es una de las especialidades que me interesa leer permanentemente. Y fue por eso, que al revisar la edición de Arcadia del 1 de julio de 2016, encontré una breve reseña del libro “Ante todo no hagas daño”. Qué mejor que escrito por un neurocirujano. Qué mejor que hable de la relación médico-paciente, problema vigente en el actual sistema de salud en nuestro país. Qué mejor que comente lo que muchos médicos callan y que al paciente le corresponde, en ocasiones, adivinar.

Pues bien, lo averigüé en la librería nacional que es la única en Cali, y encontré que estaba agotado. Una señora amiga generosa, lo consiguió encargándolo. Me senté a leerlo inmediatamente lo recibí. Con sólo leer un epígrafe, me quedé perplejo. Veamos: “Todo cirujano lleva en su interior un pequeño cementerio al que acude a rezar de vez en cuando, un lugar lleno de amargura y pesar, en el que debe buscar la explicación a sus fracasos”. ( René Leriche). ¿Hay un mea culpa?, ¿qué defensa jurídica puede soportarse ante una lapidaria frase como esa?.

Sin embargo, seguí. Pero encontré unas perlas que – no conozco el régimen jurídico de la responsabilidad civil o médica de Inglaterra-, podrían endilgar responsabilidad penal, ética o civil al autor del libro, el neurocirujano Henry Marsh, al existir en algunos párrafos una confesión de un hecho. Acerquémonos al texto: “La paciente había sobrevivido, pero a causa de mi retraso en el diagnóstico de la infección, había quedado paralizada casi por completo, y así seguiría por el resto de su vida” (pág 237). Y a página siguiente continúa la confesión, de manera casi insensible –diría yo-, pero leamos: “La verdad es que no asimilé lo que me decía, y cometí un error de diagnóstico al tomar la infección por una inflamación inofensiva. Nunca debí haber dado un diagnóstico como aquél basándome en una llamada telefónica…”.

No es nada lo afirmado en comparación con estas líneas, que muestran una desfachatez absoluta. No comprendo por qué asociaciones médicas, científicas, de “neuros”, o tribunales de ética médica no se han pronunciado. Sobre la misma paciente comenta el neurocirujano, luego de haberse reunido con los abogados del hospital a examinar el caso. Les cito un aparte de la página 239: “La neurocirugía es así. Sólo lamento haber dejado incapacitada a esa pobre mujer y haberles costado a ustedes millones de libras”. Como estas citas, el libro se encuentra invadido.

El libro tiene una traducción algo difícil por el español que se usa, esto es, que tiene términos como “joder” o similar, “maridar la perdiz”, entre muchos que no son de uso cotidiano en estas latitudes. Se encuentran también párrafos que equilibran un poco las reflexiones o memorias del neurocirujano Henry March, quien estará en el próximo Hay Festival de Cartagena, dialogando con Guiseppe Caputo y allí estaré - de cara dura-, para tratar de interrogarlo.

*Abogado especializado en derecho administrativo y constitucional.

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