El escritor peruano Santiago Roncagliolo

El affaire Roncagliolo

Todos están furiosos con el escritor peruano Santiago Roncagliolo. Escribió una biografía, se comprometió a no publicarla y luego lanzó una novela casi idéntica. Él alega que es ficción, pero no piensan lo mismo ni sus editores ni la familia de la biografiada. Historia de un lío de la Madonna.

2010/03/16

Por Lina Vargas

Los Barletta son una de esas familias con las que hay que tener cuidado. Un poco a lo Corleone, un poco a lo Berlusconi, Amadeo Barletta –calabrés, pelo engominado, saco y corbata, papada y barriga– llegó de Italia a República Dominicana a comienzos de los años veinte como cónsul de Mussolini en Santo Domingo. Una vez instalado, Barletta fundó la empresa automotriz Santo Domingo Motors con la que distribuiría los vehículos de General Motors por todo el Caribe. Al tiempo, se cree que ejerció como doble agente del gobierno italiano y de la CIA y se inmiscuyó en el negocio del tabaco –cuyo monopolio pertenecía a Leonidas Trujillo–. Para entonces, Trujillo empezaba una dictadura que acabaría dos décadas después y República Dominicana, como el resto de las Antillas, estaba a merced de la mafia y las políticas anticomunistas.

Trujillo expulsó a Barletta de la isla –al fin y al cabo no estaba dispuesto a compartir las regalías del tabaco con nadie–, así que Amadeo se fue para Cuba en donde el negocio de autos marchó bien hasta que Fidel Castro (recién llegado de la Sierra Maestra) lo expropió. Años atrás, Trujillo había encarcelado a Barletta por una supuesta conspiración para asesinarlo, pero tuvo que ordenar su liberación cuando Mussolini amenazó con mandar un acorazado a la costa dominicana. Durante su estadía en La Habana, Barletta fue presidente del Banco Atlántico, dueño del periódico El Mundo, del canal de televisión Telemundo y de varios casinos y cabarés. En 1961, con Trujillo asesinado, él y su hijo ‘Barlettica’ volvieron a Santo Domingo y retomaron las riendas de su antigua empresa: el Grupo Ambar. Hoy, 40 años después, Miguel Barletta, nieto y único hombre de la tercera generación, continúa con el negocio familiar.

Esa es la familia Barletta. Hombres de negocios precedidos por su arrogancia. Mujeres al margen y un hermetismo heredado de la tradición del sur de Italia que deja por fuera todo aquello que no lleve el apellido paterno. Una familia poderosa. El escritor peruano Santiago Roncagliolo se metió con ella y, por eso, está en problemas.

Roncagliolo, un enfant beau de las letras peruanas, se ha ido por el camino corto. Apenas con 32 años, en 2006, ganó el Premio Alfaguara de Novela por Abril rojo, un relato policial en el que un asesino en serie abre la oscura puerta de la violencia política en el Perú de Fujimori. En Colombia lo vimos en 2007 entre los escritores de Bogotá 39 por donde paseó su talento y arrebató más de un suspiro. Y eso, su audacia con las palabras y su indiscutible atractivo, fue lo que llamó la atención de Nelia Filomena Barletta Ricard (hija de Amadeo y hermana de ‘Barlettica’), quien contactó al escritor para que redactara sus memorias.

A comienzos del 2000, Roncagliolo viajó a Madrid. En ese momento era un escritor suramericano con ganas de entrar al mundillo literario europeo y que, para sobrevivir, hacía textos por encargo, guiones para telenovelas, traducciones y hasta servicio doméstico. Entonces recibió la llamada de Nelia Barletta, lo que fue sin duda una salvación. Corría 2001 cuando Roncagliolo escribió Lobos en el paraíso: memorias de Nelia Barletta de Cates. Una biografía que, al parecer, indigestó a los hijos de Nelia, Miguel y Nellyta, tanto que habrían llegado a un acuerdo con el escritor para quedarse con el indeseable manuscrito.

Lobos en el paraíso permaneció inédito y sin firma, tal como querían los Barletta. En efecto era un libro molesto para la influyente familia pues revelaba secretos que durante décadas se habían guardado con celo. El más polémico de todos fue la herencia de Amadeo Barletta, estimada en 250 millones de dólares que, en los noventa, enfrentó a Nelia y sus hijos en un complicado proceso judicial. El periodista de El Nuevo Herald Gerardo Reyes, quien siguió el caso de cerca, cuenta que la Comisión de Finanzas del Senado de República Dominicana recibió un video de 50 minutos en el que Nelia sostenía que Miguel, Nellyta y funcionarios de un banco se habían confabulado para quedarse con su dinero. Otras versiones sugieren que se gastaron cerca de 400.000 dólares en sobornos para evitar el pago de impuestos sucesorios. En esa ocasión, Miguel Barletta aseguró que su madre tenía desequilibrios emocionales. “Todo esto lo hace por venganza, por ocupar su tiempo, porque está sola y motivada por muchos rencores y resentimientos”, dijo al Nuevo Herald.

No hay muchas fotos de Nelia, pero se sabe que fue una mujer de gran influencia en la alta sociedad caribeña. Una dama sofisticada que, de vez en cuando, practicaba por gusto la filantropía. Nació en Santo Domingo en 1932. Estudió en París y Estados Unidos. Se casó, se divorció y se volvió a casar. Vivió en París en un apartamento cerca a los Campos Elíseos. Allí murió, en agosto de 2002, a causa de un cáncer pancreático que los médicos habían descubierto cinco años atrás.

Segundo round

Si las cosas se hubieran detenido allí, nadie se habría enterado de las infidencias de tres generaciones de la familia Barletta. Sin embargo, el año pasado –cumplidos siete de la muerte de Nelia– Roncagliolo apareció con Memorias de una dama, una novela editada por Alfaguara, cuya protagonista es la millonaria Diana Minetti, italo-dominicana hija de un poderoso magnate de Santo Domingo que se codea con Trujillo, Batista, Mussolini, la mafia y la CIA. Tamaña sorpresa. Los personajes, las situaciones y los escenarios reconstruyen a la perfección lo que hasta entonces no eran más que rumores sobre los Barletta. O por lo menos, eso creen cientos de dominicanos que, en la clandestinidad, devoran las páginas del libro y no se dejan convencer por aquello de que cualquier parecido con la realidad es coincidencia.

La novela empieza bien. Con la desenvoltura que le ha valido a Roncagliolo ser una promesa de la literatura en su país y con un humor que no se ve, pero que está allí, cuenta que conoció a Diana Minetti en su residencia de la avenida Roosevelt, a pocos metros de los Campos Elíseos. El protagonista es un joven recién desempacado en Madrid, que quiere ser escritor, pero que no tiene dinero ni un editor. Por eso, acepta la propuesta de Minetti para escribir sus memorias y concederle alguno que otro favor. (Sí, se permiten sonrisas). Por el teléfono, Madame Minetti me había dado la impresión de ser una anciana venerable, más bien débil. Supuse que sería algo egocéntrica, a juzgar por el tipo de trabajo que requería. Pero en cualquier caso, su llamada había caído del cielo. Hacia el final, Diana muere y el joven cobra a sus hijos para no publicar la polémica biografía. Decisión que con seguridad habría molestado a la anciana, pues quería vengarse de sus hijos por haberla despojado de una herencia de 400 millones de dólares.

Roman à clef es un relato en clave que describe hechos reales con elementos de ficción. Hay ejemplos por montones, pero uno particularmente atrayente es la novela Intimidad del inglés Hanif Kureishi. Un “conflicto delicioso” –según el propio Kureishi– no lo fue tanto para su ex esposa, que se vio reflejada de manera injusta en las páginas del célebre escritor. De nada valió la histeria de la señora Kureishi pues los libros se vendieron como arroz.

Roncagliolo, por su parte, enfrenta una situación similar –aunque no tan publicitada como la de Kureishi– pues Alfaguara, tras el lanzamiento de Memorias de una dama en España, decidió parar su distribución en República Dominicana y en el resto de Latinoamérica apenas lo ha hecho con sospechosa timidez. ¿Cuál es el motivo? En Alfaguara no hay respuestas: la orden es mantener el asunto en silencio. Solo Juan González, su director de contenidos, habló. En un comunicado dijo que las razones para no publicar la novela en algunos países latinoamericanos habían sido comerciales. “Es un hecho que el libro no se lanzó en su país por decisión comercial”, señaló.

Una razón distinta a la entregada por González llegó a Arcadia a través de un correo electrónico anónimo. El misterioso remitente saluda a la revista desde República Dominicana –aunque, después de un rastreo de la dirección se supo que el correo había sido enviado desde México–. En adjunto, aparece un boceto de contrato fechado en Madrid en julio de 2009 para ser firmado por Santiago Roncagliolo, Santillana Ediciones (casa matriz) y Miguel y Nelia (Nellyta) Barletta, apoderados por uno de los abogados del prestigioso bufete Ramón Hermosilla y Gutiérrez de la Roza, con oficinas en España, Estados Unidos, Brasil y México.

Con una redacción sospechosa y algunas irregularidades en las fechas –que distan mucho de la meticulosa escritura legal– se establece un supuesto compromiso entre las partes para no distribuir, comercializar o reeditar la novela, bajo pena de una indemnización de 250.000 euros. De haberlo firmado, Roncagliolo y Alfaguara aceptarían mantener absoluta confidencialidad respecto al acuerdo y a los Barletta. “En el caso de que fueran eventualmente requeridos por los medios a realizar algún comentario acerca de cualquier aspecto relativo o concerniente al libro, la editorial y el autor deberán limitarse a indicar que la obra no ha tenido la acogida esperada”, dice el documento.

Eso explicaría mucho. Explicaría por qué los dominicanos leen Memorias de una dama en fotocopias y libros piratas o por qué los cuestionamientos que al respecto ha hecho José Rafael Lantigua, secretario de Cultura de ese país, se han quedado sin respuesta. No se puede decir lo mismo de Roncagliolo, cuya actitud es, por lo menos, ambigua. Roncagliolo –quien hasta hace apenas unos días accedió a hablar sobre el asunto– dice que su novela, a la que califica como su mayor éxito, es “en esencia” una historia original. ¿Qué significa eso? ¿Acaso se debe entender que en el fondo es original, pero en la superficie no? ¿Y respecto a qué? ¿A Lobos en el paraíso? Tampoco queda claro si recibió dinero de Nelia Barletta o de los abogados de la familia. Y, por cierto ¿por qué no puede dar detalles sobre trabajos privados?

Hay algo de picardía en sus declaraciones, en los guiños constantes que hace –como cuando en el perfil de su blog escribe que fue “biógrafo de una millonaria”– y en la sutil evasiva con que ha manejado todo el asunto que recuerda un poco eso de tirar la piedra y esconder la mano. Quien conozca a Roncagliolo se lo puede imaginar a gusto con la situación. Ya no es el escritor ignorado y pobre de hace unos años. ¿No es esa una buena razón para sonreír?

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