El crítico de libros Luis Fernando Afanador intentó resolver el rompecabezas detrás del misterioso escritor Pedro-Juan Valencia.

El caso Pedro-Juan Valencia

Llega a librerías Eclipse de cuerpo, la segunda novela del escritor colombiano Pedro-Juan Valencia. Nadie sabe quién es, y no son pocos los que dudan de la existencia del autor, de misteriosa y delirante biografía. Pero Luis Fernando Afanador ha logrado armar el rompecabezas.

2010/09/21

Por Luis Fernando Afanador

Hace cuatro años se publicó una novela difícil de ignorar: Eclipse de cuerpo, del joven escritor colombiano Pedro-Juan Valencia. Se trataba de una aguda y muy bien escrita reflexión sobre las complejas relaciones del cuerpo con el Yo. Un tema filosófico y psicológico, no muy común en la novelística colombiana. En general —planteaba Javier, un hombre de sesenta años y protagonista de la novela— hay personas que tienen buenas relaciones con su cuerpo; otras que las tienen problemáticas; pero existe una tercera categoría —su caso original— de los que viven exiliados de su cuerpo: “Tengo despegado el cuerpo del alma. He vivido mi vida como si el cuerpo, mi cuerpo, no fuera parte de mí”.

Javier o el experimento de la vida desapegada. Algo fascinante para un apasionado incurable, como yo. Pues bien, lo que siguió es apenas obvio: me di a la tarea de saber quién es esa rara avis de nuestra república literaria porque, como es sabido, somos como una pequeña familia —odios, amores, pequeñas alianzas— que se vigila a hurtadillas. Sí: ¿quién diablos era ese Pedro-Juan Valencia? La bizarra nota biográfica de la solapa de la edición de Pre-Textos estimulaba aún más la curiosidad. Vale la pena leerla, es una pequeña joya: “Pedro-Juan Valencia. Bogotá (1974). Realizó los estudios de secundaria como alumno interno en Suiza, lugar donde aprendió todo lo que es posible aprender sobre el tedio. De allí pasó a Londres, donde inició estudios de filología, al tiempo que trabajaba como copista de las más grandes obras de la literatura inglesa y universal. Un oscuro asunto de familia le obligó a trasladarse a Argentina donde, acuciado primero por la necesidad y después por la vocación, se dedicó a la cría de animales, obteniendo importantes galardones y siendo internacionalmente conocido como uno de los mejores criadores y adiestradores de perros de raza. Pero su aparición y reconocimiento públicos le forzaron nuevamente a exiliarse en Venezuela, país en el que contrajo matrimonio y vio la luz su primera hija. Sin embargo, tampoco allí su pasado le permitió sosegarse y, corriendo peligro no sólo su vida, sino la de sus seres más queridos, tomó la decisión de ocultarse definitivamente en algún lugar del vasto Caribe”.

Quería saber quién era, pero, aún más, quería entender cómo alguien de 34 años fue capaz de crear con tanta veracidad a un narrador de edad más avanzada. Porque tenía esta certeza: por más talento para imaginar que tuviera el joven Pedro-Juan, era imposible que supiera las cosas que sabía. Esa sabiduría de la vida sólo la podía tener alguien mucho mayor. Las sospechas apuntaron a un escritor reconocido con seudónimo. Y así, el círculo de mis pesquisas terminó estrechándose en el escritor Darío Jaramillo. Entre otras razones, por su cercanía con Manuel Borrás, editor de Pre-Textos e íntimo amigo suyo, y porque –sin ir muy lejos- en la última novela de aquel, La voz interior, ya había escrito otra biografía ficticia: la de Sebastián Uribe Riley. También cabía la posibilidad de que se tratara de una impostura a cuatro manos. Decidí interrogarlos por separado. Le pregunté a Darío Jaramillo a quemarropa. Me respondió: “Es más probable que sea usted, a que sea yo”. Le pregunté a Borrás: “Haga el favor de no descubrirme”, me dijo y siguió hablando de otro tema. Me estaban vacilando. ¿Tendría que haberlos torturado? ¿O chuzado? Lo sé, no soy muy eficaz como periodista investigativo; no se me ocurrió nada mejor. Entonces —lejos de mí la tortura o las chuzadas— preferí archivar el caso y seguir siendo el fan número uno de Eclipse de cuerpo.

Sin embargo, este año, sin andar buscando, encontré la plena prueba. Pedro-Juan Valencia publicó su autobiografía, Versiones de mi vida, para demostrar que existía, que no era pieza de algún juego literario; por el contrario, contraatacaba. Quienes habíamos insistido en su naturaleza ficticia, éramos unos irresponsables. Dice el narrador en el libro: “Y nadie puso en duda mi impedimento para dar la cara. En Colombia fue lo contrario. Alguien de la farándula cultural, luego un reseñista, después un programa de radio en horario triple A, en una cadena chismográfica por completo irresponsable, se implicó a un tercero. Me asusté: estoy dispuesto a asumir el peligro que corro, pues para eso he tomado mis precauciones. El tema se me pone cuesta arriba cuando veo en peligro al tercero implicado. Ante todo, quisiera que no enfrente ninguna contingencia en detrimento suyo. En principio, lo protegen dos cosas: una, su silencio y, otra, la distancia que hay entre el crimen organizado y la república literaria. Parece que quienes me persiguen no se interesan por los chismes de reseñas de libros. El bajo mundo no se interesa en leer novelas. Tampoco el alto. Menos mal”.

Ingenioso. Y válido en el juego de las mistificaciones literarias. Si uno crea un escritor ficticio, lo vuelve más convincente atribuyéndole, además de “obras”, una vida concreta. Qué bueno saber hechos anecdóticos de Pedro-Juan-Valencia, de la misma manera que queremos saberlos del Sebastián Knight de Nabokov y del Herbert Quain de Borges. El problema aquí es que al tratar de inventarle una vida autónoma a Pedro-Juan Valencia, se hizo mediante un libro que se parece demasiado a los de Darío Jaramillo. La biografía, contrario a lo que buscaba el demiurgo, fue el corazón delator. Gran decepción. No por el libro, que es divertido y de una prosa impecable —como suelen ser los suyos—, sino porque no convence como vida autónoma. Lo que queda —después de sacar a unos secuestradores incompetentes— son las viejas obsesiones de Darío Jaramillo: la soledad, el amor al silencio y a las novelas del siglo XIX, la amistad entre hombres, la vida como arte, la sobriedad, el clasicismo. Terminé anhelando el misterio que insinuaba la citada nota biográfica. Y, ¡oh ironía!, deseoso de que fuera verdad la existencia de Pedro-Juan Valencia.

 

En el mercado

Versiones de mi vida

Pedro - Juan Valencia

Pre-Textos

2010

212 páginas

$59.000

 

Eclipse de cuerpo

Pedro-Juan Valencia

Pre-Textos

2006

292 páginas

$65.000

 

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