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El cómic no es un chiste

El pabellón de caricatura y diseño en la pasada Feria del Libro de Bogotá.

Cómic (Impresa)

En la pasada Feria del Libro de Bogotá, el pabellón de caricatura y diseño gráfico dio muestra del increíble esfuerzo de cientos de jóvenes por hacer de su pasión por el diseño una empresa autosostenible. Un tanto caótico, lleno de afiches baratos, calcomanías y revistas, su propuesta merece análisis. ¿Qué tal les va?

Por: Catalina Holguín Jaramillo

Publicado el: 2010-09-10

A primera vista, el pabellón de caricatura y diseño gráfico de la Feria del Libro de Bogotá podía parecer un hervidero caótico con sus corredores llenos de estudiantes dando vueltas al azar y sus stands repletos de marcalibros y calcomanías baratas. Pero, camuflados entre la baraúnda de estudiantes, había propuestas interesantes de producción y distribución de cómic, historieta y novela gráfica: la revista Larva, que ya lleva diez números, tira 3.000 ejemplares por edición y reúne historietistas colombianos y latinoamericanos; el fanzine Ficciorama reúne reseñas, caricaturas, y tributos literarios; la novela gráfica 4 jinetes, del artista Jean Zapata, es la cuarta publicación de la Editorial Cultura(s), dirigida por Jesús Alberto Motta, profesor de arte de la Universidad Distrital. Por el lado de la distribución, vale la pena destacar la presencia de las tiendas bogotanas Spooky House y Xazanimé. Ambas distribuyen manga, cómic y objetos afines; ambas son administradas por personas jóvenes apasionadas por este género.

 

Si se mira con detenimiento, este bazar colegial revela una vergonzosa distancia entre el sector editorial tradicional y los productores de historietas, cómics y novelas gráficas. La distancia es vergonzosa e inexplicable dadas las cifras reportadas en otros países del mundo. En Estados Unidos y Canadá esta franja del mercado editorial reportó ventas en 2009 por 680 millones de dólares, mientras que en España las ventas de este tipo de literatura ascendieron a 84 millones de euros en 2008.

 

La economía del pabellón

 

La historia del pabellón de caricatura y diseño gráfico se remonta a principios de los 90, cuando salió el primer número de la revista de caricatura y cómic ACME. En aquella época la participación en el pabellón estaba sujeta únicamente a una propuesta de arte gráfico y al portafolio del artista. En el año 2000 el esquema de participación cambió cuando Orlando López y Pablo Granados desarrollaron una estrategia de mercadeo para caricaturistas como proyecto de tesis. La estrategia de marketing incluía presencia en eventos como la Feria del Libro. Desde entonces, López comercializa para Corferias este pabellón en el que participan escuelas de dibujo, caricaturistas, diseñadores gráficos, distribuidores de libros de arte secuencial (categoría que agrupa caricatura, cómic, manga, cuento y novela gráfica), grafiteros y clubes de juegos de rol. Según López, es el pabellón donde chicos y familia se divierten.

 

Este año el pabellón de caricatura y arte gráfico contó con 52 expositores. Según Orlando López, la participación de los expositores está sujeta a la presentación de un catálogo de productos, así como a una propuesta de diseño de stand. A cambio, los expositores reciben una tarifa especial por el espacio (201.400 pesos el metro cuadrado) además de un escritorio y tres sillas. En promedio, un expositor puede pagar entre millón y medio y dos millones de pesos por stand. Y sobra agregar que ninguno de estos jóvenes recibe un subsidio por parte de las instituciones que tanto hablan de apoyar el emprendimiento cultural. Explica López que la participación en la feria es una oportunidad para que diseñadores y artistas desarrollen productos para jóvenes que no tienen poder adquisitivo y que no les gusta leer. Efectivamente, a diferencia de los otros pabellones, en éste, por módicos quinientos pesitos, un chino puede sentir que hace parte de la gran fiesta del libro.

 

Según Pablo Guerra, director del club de lectura de cómics de la Biblioteca Luis Ángel Arango e historietista, “la feria necesita un espacio para poner a los chinos a hacer algo y a la vez generar vínculos entre los editores de libros más tradicionales y productores de arte secuencial (categoría que reúne al cómic, la novela gráfica, la historieta y otras formas narrativas visuales de este tipo). Guerra sostiene que la lógica de producir objetos baratos para vender en la Feria del Libro ha estancado el desarrollo de productos editoriales sofisticados. Hace cinco años Guerra participó en la Feria. Él y sus compañeros querían mostrar y vender sus historietas. Ante la imposibilidad de recuperar la inversión del stand con la venta de historietas, Guerra y sus compañeros empezaron a vender apodos por quinientos pesos. Esta improvisada venta de caricaturas verbales les salvó la inversión. La sensación —comenta Guerra— es que ese pabellón está diseñado para vender cosas baratas, y por eso se ha generado un círculo vicioso donde se produce lo que funciona para las ventas. Además, los precios de los objetos del pabellón son tan bajos que cualquier revista o libro que en otro pabellón tendría un precio competitivo, en éste, dice Guerra, está condenado al fracaso.

 

Guerra critica la falta de diálogo entre editores de libros para niños, jóvenes y adultos y los productores de historietas. Este diálogo es clave para enriquecer a ambos mundos: mientras que los productores de historietas se benefician de un contacto crítico con una industria experimentada, los editores pueden enriquecer sus historias, lenguajes y audiencias. Jean Zapata atribuye esta fractura a la falta de visión de largo plazo de los productores de historietas, pero también a la falta de mediación por parte de la Cámara del Libro entre los artistas gráficos y Corferias, que trata a los artistas gráficos como comerciantes. Por su parte, Diana Rey, coordinadora de la Feria del Libro, afirma que los historietistas no se han acercado a la Cámara Colombiana del Libro para buscar su apoyo o intermediación. A diferencia del gremio de los ilustradores, con quienes llevan trabajando durante los tres años que se ha realizado el Festival del Libro Infantil y Juvenil, Rey sostiene que los artistas gráficos e historietistas no están afiliados a la Cámara ni se han agremiado para buscar apoyo.

 

Lo cierto es que independientemente de la mediación de la Cámara del Libro, al sector editorial nacional tampoco parecen generarle curiosidad las novedades editoriales internacionales. Solamente en Francia se editan cerca de 4.000 títulos de bande dessiné y grandes editoriales como Gallimard y Actes du Sud tienen colecciones dedicadas exclusivamente a este género que no se enfoca solo en un público juvenil e infantil. A su vez, la Federación de Gremios de Editores de España reporta que en 2008 se editaron 1.824 títulos de cómics, ascendiendo a un total de 22 millones de ejemplares tirados.

 

Los cómics, las historietas y las novelas gráficas no están restringidos a una audiencia y temática juvenil. Robert Berry lanzó en 2009 una adaptación ilustrada de la novela Ulises de James Joyce, que puede consultarse gratuitamente en internet y desde hace poco cuenta con una aplicación exclusiva para la lectura en iPad. La editorial mexicana Sexto Piso desde 2006 publica la versión gráfica de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Recientemente, la misma editorial lanzó un diario de viaje por Oaxaca del dibujante y caricaturista norteamericano Peter Kuper, una adaptación gráfica del clásico norteamericano Moby Dick, y el singular Libro de las caídas del pintor y escultor español Pablo Angulo. La ola editorial ha llegado incluso al sector editorial educativo. El profesor Jeremy Short de la universidad Texas Tech de Estados Unidos utiliza dos novelas gráficas de su autoría para enseñar a estudiantes de primer semestre los fundamentos de la administración.

 

¿Por qué la falta de interés?

Quizá parte de la respuesta se encuentre en la Ley 98 de 1993, conocida también como la Ley del Libro. Esta ley dispone exenciones de impuestos de renta y complementarios para editores de material de carácter científico y cultural. Según el artículo segundo de la misma ley, en el que se define qué tipo de publicaciones son de carácter científico y cultural, se exceptúan de la definición anterior los horóscopos, fotonovelas, modas, publicaciones pornográficas, tiras cómicas o historietas gráficas y juegos de azar. Vale la pena preguntarse cuándo se dará el debate por una definición del libro y de la cultura trazada hace más de quince años que afecta la producción y comercialización de productos editoriales diferentes.

 

A pesar de las limitaciones que impone la Ley, el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe realizó en mayo de 2009 un encuentro llamado Comicteca, que buscaba iniciar una reflexión en torno a la promoción de lectura entre jóvenes a partir de historietas y cómics. Próximamente, el CERLALC distribuirá en toda América Latina un libro con orientaciones para montar comictecas en bibliotecas públicas y para estimular su uso para el fomento de la lectura entre jóvenes. No obstante, el proyecto concreto de comicteca aún no despega. Según María Isabel Borrero, encargada del proyecto en CERLALC, no se logró concretar una alianza con BiblioRed para montar una sala de lectura de este tipo para jóvenes en la recién inaugurada Biblioteca Julio Mario Santodomingo. Además, hay que tener en cuenta que los libros de arte y narrativa gráfica en español que se producen en España principalmente se venden acá en números muy limitados y a muy elevados costos, y que la producción nacional es bastante limitada.

 

El proyecto de comicteca no es tan descabellado como estrategia de lectura entre los jóvenes. Según Patricia Vélez, directora de la biblioteca de un colegio privado bilingüe, el fondo de novela gráfica y cómic en inglés y en español de secundaria tiene 160 títulos. En el año escolar de 2009, este fondo registró 227 préstamos. Es como si todos los días del calendario escolar, se prestara un libro de este tipo. La más reciente encuesta de hábitos de compra y lectura realizada en España en 2008 confirma esta tendencia: 13,4% del total de lectores españoles leen cómics; el 50% de las lecturas de niños entre 10 y 13 años incluye cómics.

 

Comparar el mercado editorial nacional con el de potencias editoriales extranjeras puede parecer estúpido, al menos a la luz de cifras y testimonios aleccionadores reportados por Alfaguara y La Silueta. Alfaguara incursionó en esta Feria en el mundo de la novela gráfica con la publicación de la versión gráfica de la primera novela de la saga vampírica Crepúsculo, de Stephenie Meyer. Con ventas de apenas 200 ejemplares en Feria, es difícil imaginar una revolución editorial. Igualmente, las ventas del primer y segundo volumen de la novela gráfica Virus tropical, de la colombiana Powerpaola, ambas publicadas por la editorial independiente La Silueta, no han sido las mejores. Aunque Andrés Fresneda, editor de La Silueta, se confiesa perplejo por la dificultad de derrumbar las tradicionales reservas de los lectores colombianos ante la producción editorial nacional, admite que los pasos que den las editoriales grandes en este medio son importantes para abrir el mercado. ?Pero los pasos pequeños también son importantes. La revista Larva planea, para finales de este año, un evento sobre cómics, historietas y novelas gráficas que enriquezca el diálogo acerca de este género y agrupe a un sector un tanto disperso. Los jóvenes de la tienda Xazanimé conformaron una alianza que reúne dos academias de lenguas orientales, una asociación cultural boyacense y otra tienda en Bucaramanga para promover el conocimiento y el consumo de manga en el país. Hay clubes de lectura de cómic en las bibliotecas del Banco de la República de Bogotá y de Armenia, y la publicación de fanzines gráficos de papel y electrónicos anda disparada. Y entonces, ¿dónde están los editores?