El escritor sueco Stieg Larsson, reconocido por la trilogía Millennium, tuvo gran éxito editorial póstumo.

El hombre que murió muy pronto

Sin campañas publicitarias ni giras de autor, la trilogía que un periodista sueco escribió casi a escondidas, y que fue publicada después de su muerte, ha vendido tres millones de ejemplares en su país (¡que solo tiene 9 millones de habitantes!) y arrasa en las librerías del resto de Europa. A propósito del estreno en nuestras salas de cine de Millenium 2 (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) recordamos a Stieg Larsson.

2010/06/30

Por Ricardo Abdahllah

A los cincuenta años y tres meses de edad, Stieg Larsson se desplomó mientras entraba a la redacción de la revista Expo y murió minutos después. Listos para enviar a la imprenta estaban los tres primeros volúmenes de su serie Millenium. Apenas algunas semanas después de su funeral, los lectores suecos descubrieron Los hombres que odiaban a las mujeres, la primera de las novelas, y a su protagonista, Lisbeth Salander, pero los reporteros se enteraron que Larsson ya nunca estaría disponible para hablar de ella. Entonces recurrieron a los amigos. Uno de ellos, el periodista Mikael Ekman, sugiere que además de Pippi Långstrump, el personaje de los libros de Astrid Lindgren que tanto gustaban a Larsson, Lisbeth Salander tuvo una inspiración real.

A falta de más detalles, fanáticos y periodistas han estado dándole vueltas desde entonces a la posible identidad de la protagonista de la trilogía. Como el look Salander ha comenzado a volverse popular, lo que resulta lógico con los lectores jóvenes que se han enganchado a la serie y lo atrayente que resulta el personaje, y la modelo debe haber cambiado con el tiempo, cada vez será más difícil hallar a quien debió ser una mujer apenas pasados los veinte y apenas pasado el metro cincuenta, anoréxicamente juvenil, con varios tatuajes visibles y ropa más bien goth llevada con descuido más bien grunge.

Si la propia Salander tuviera que hacer la búsqueda, empezaría por google. Asistida por su banda de freaks, la que puede ser la hacker más eficiente de Suecia se gana la vida como freelance para una agente de investigaciones que oculta a sus clientes que su arma secreta es una chica que anda por Estocolmo en una motocicleta, y al final de las fiestas en bares pobres suele terminar en la cama con algún amigo o amiga. A Salander, fumadora y medianamente alcohólica, le basta un computador portátil para saquear la información de quien sea necesario y como su agencia trabaja en los límites entre la mafia y el mundo empresarial, ha sido testigo de asuntos turbios; pero ninguno ha estado a la altura de los que tendrá que ver cuando su jefe le encargue un informe sobre la vida del periodista Mikael Blomkvist.

Para Blomkvist, el segundo héroe de la trilogía, hay un modelo real más claro. Aunque heredó su apellido de otro personaje de Lindgren, comparte profesión con un cierto Steig Larsson y los dos están al frente de publicaciones que tratan las fibras oscuras del corazón de Suecia. Blomkvist dirige Millenium, una revista dedicada a desenmascarar escándalos financieros; Larsson fue parte de los fundadores de Expo, un mensual dedicado a “denunciar las manifestaciones ordinarias del fascismo en Suecia”. A Blomkvist sus denuncias lo llevaron a los tribunales y lo obligaron a renunciar a su cargo para no perjudicar la imagen de la revista. Ese es el inicio de Los hombres que no amaban a la mujeres, que este mes llega a las librerías colombianas. A Larsson sus investigaciones le valieron amenazas de muerte constantes. Como no se permitía tomárselas en serio, hablaba de las novelas que estaba escribiendo como “seguro para la vejez”.

Como se permitía tomárselas en serio, Larsson y su compañera Eva Gabrielsson nunca se casaron. El hecho de que vivieran juntos durante 32 años sin figurar como pareja en ningún documento oficial era una manera de protegerla.

Se habían conocido en una manifestación contra la guerra de Vietnam, lo que no está mal como comienzo para un cuento de hippies. Tenían 18 años y Larsson era miembro del Partido Socialista de Umea, la capital de la provincia de Västerbottens donde había nacido en 1954. A comienzos de los 80 los dos se mudarían a Estocolmo; Eva buscaría trabajo como arquitecta y Larsson entraría al departamento de diseño de Tidningarnas Telegrambyrå, TT para los amigos, la agencia de noticias más grande de Suecia.

 

El periodista comprometido que escribía novelas policíacas

Larsson permaneció más de diez años rotando por todos los departamentos de la TT, fue reportero en África, cubrió la guerra de Eritrea y presidió la Asociación Escandinava de Ciencia Ficción; pero antes de su suceso literario, era conocido en Suecia sobre todo por su activismo en contra de los organizaciones neofascistas, un papel que desempeñó primero como corresponsal de la revista inglesa Searchlight y luego frente a la Fundación Expo. Sus cinco libros publicados en vida, todos en coautoría, se ocupan del tema y en particular del poder que los miembros de dichos movimientos mantenían dentro del establecimiento sueco. Graeme Atkinson, editor europeo de Searchlight, diría en una columna en homenaje a Larsson que “su conocimiento de la derecha sueca y europea era enciclopédico”.

Solo su círculo más cercano sabía que, además de sus ensayos y reportajes, utilizaba ese conocimiento para trabajar en una serie de novelas que en principio podrían llamarse policíacas. El relato de lo que sucede cuando

Blomkvist para ganar dinero y tal vez revertir el fallo en su contra, acepta poner su talento de periodismo de investigación al servicio de un anciano millonario que ha pasado 40 años tratando de descubrir quién pudo asesinar a una de sus nietas, comienza como un thriller, pero lo que resulta es un examen a profundidad, y forzosamente oscuro, de la sociedad sueca con mafias que controlan la democracia, ciudadanos obsesionados por la informática, nuevas-viejas maneras de ver el sexo y las relaciones de pareja y una grieta cada vez más ancha entre el Estocolmo casi del futuro y un resto del país casi del siglo XIX.

En una entrevista al semanario izquierdista francés Marianne, Eva, que siguió de cerca las trasnochadas de Larsson y pudo ver su trabajo constante de verificación de datos, confirmaba que las simpatías de ciertas familias suecas con los nazis eran tan reales como las redes de prostitución y la violencia contra las mujeres con las que “súper” Blomkvist se encuentra en lo que había creído era su pequeño proyecto de año sabático.

También es real el desprecio de Blomkvist hacia el gremio de los periodistas económicos y su tendencia a glorificar las fortunas emergentes sin entrar en detalles sobre procedimientos, intenciones y consecuencias usualmente turbias. Durante toda su carrera, Larsson no evitó controversias con sus colegas que omitían, por ignorancia o por conveniencia, señalar con nombre propio las organizaciones y familias detrás de las maniobras políticas en Suecia.

Esa reputación de periodista de combate explica en parte que el grupo editorial Norstedts tuviera en cuenta de buena gana los tres manuscritos que Larsson les hizo llegar en el primer semestre del 2004. Ahora que una de cada tres personas en Suecia ha leído el libro, los derechos se han negociado en 35 países y la primera versión cinematográfica está en preparación, la editora Eva Gedin, que llegó a ser una amiga cercana de Larsson en el proceso de corrección, ha rectificado la segunda mitad de su opinión inicial en el sentido de que “Los hombres que odian a las mujeres es un libro perfecto, pero creo que el título no va a funcionar”.

Los editores ingleses creyeron lo mismo y lo llamaron La chica con un tatuaje de dragón; para Francia y en las ediciones en español, el título fue Los hombres que no aman a las mujeres. Los siguientes libros de la saga, La chica que jugaba con fuego y El castillo en España que alguien explotó fueron traducidos como La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de corrientes de aire. En la larga correspondencia electrónica que sostuvieron Larsson y Guedin, el autor no solo defiende sus títulos sino explica que el comienzo demasiado lento que preocupaba a la editora era intencional y buscaba llevar a los lectores a comprender los mecanismos internos que movían a los personajes.

 

El autor de culto que llegó a las páginas de los tabloides

El plan original de Larsson era que la serie Millenium se extendiera a lo largo de siete episodios más, pero tuvo que detenerse cuando apenas llevaba 200 páginas de la cuarta novela y justo antes de que el primer tomo fuera enviado a la imprenta. Esas 200 páginas son la carta de Eva Mendelsson para recibir una parte de las regalías de Millenium que hasta ahora han sido entregadas al padre de Larsson, con quien el autor se veía en raras ocasiones. De acuerdo con la legislación sueca, solo los matrimonios oficiales son considerados válidos en pleitos de sucesión.

Varias publicaciones europeas sobre chismes de farándula han dedicado páginas a esta disputa, y esto la hace aún más lamentable; pero ese interés parece probar que el gran público se interesa por los autores de best sellers incluso si han escrito literatura de calidad, no firman autógrafos y no aparecen en los programas literarios de la televisión.

Esa puede ser la revelación más grande en la historia de Larsson. Nadie fuera de su círculo sabía que llegaba tarde a la sede de Expo porque había pasado la noche tecleando sus libros y aunque recorrió Europa dando conferencias, hablaba de los peligros del giro que el continente daba hacia la derecha, y no de su literatura.

Larsson nunca recibió un avance como condición para continuar, no tuvo un agente y no cedió a la tentación de una primera novela corta y fácil que le abriera un mercado. Escribir solo por gusto, o porque sí una trilogía de dos mil páginas fue uno más de los combates que Larsson peleó a lo largo de su vida y lo ganó de lejos aunque un infarto se le atravesara antes de saberlo.

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