Nicaragua celebra la vida y la obra de Ruben Darío.

El natalicio número 145 de Rubén Darío

Un 18 de enero nació el poeta conocido como el padre del modernismo y a partir de hoy Nicaragua festejará con actos musicales y folclóricos, y con un festival de poesía nacional. Arcadia recuerda su obra.

2012/01/18

Por Revistaarcadia.com

Rubén Darío nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, hoy Ciudad Darío, en el norte de Nicaragua y falleció el 6 de febrero de 1916, a los 49 años, en la ciudad occidental de León.

Darío es considerado el padre del movimiento modernista en Latinoamérica. Dentro de sus obras más importantes están Azul (1888), Prosas Profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905). Además de poeta, Rubén Darío trabajó como diplomático y periodista en España, Francia, Italia, Chile y Argentina, y se relacionó con grandes poetas españoles, como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Ramón María del Valle Inclán.

Como homenaje a su natalicio, el Parlamento nicaragüense realizará una celebración especial. En las calles de la ciudad natal de Darío, los jóvenes leerán sus poemas; habrá juegos pirotécnicos. y se realizará un poco usual desfile de carrozas en el que se presentaran las candidatas al certamen Musa Dariana, un cursi concurso en el que jóvenes entre los 16 y los 18 años demostrarán sus conocimientos sobre la vida y la obra de Darío.

Sonatina

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave de oro;

y en un vaso olvidado se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

y, vestido de rojo, piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

la princesa persigue por el cielo de Oriente

la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe del Golconsa o de China,

o en el que ha detenido su carroza argentina

para ver de sus ojos la dulzura de luz?

¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,

o en el que es soberano de los claros diamantes,

]o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa

quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,

tener alas ligeras, bajo el cielo volar,

ir al sol por la escala luminosa de un rayo,

saludar a los lirios con los versos de mayo,

o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,

ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,

ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Y están tristes las flores por la flor de la corte;

los jazmines de Oriente, los nulumbos del Norte,

de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Está presa en sus oros, está presa en sus tules,

en la jaula de mármol del palacio real,

el palacio soberbio que vigilan los guardas,

que custodian cien negros con sus cien alabardas,

un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!

(La princesa está triste. La princesa está pálida)

¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!

¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe

(La princesa está pálida. La princesa está triste)

más brillante que el alba, más hermoso que abril!

¡Calla, calla, princesa dice el hada madrina,

en caballo con alas, hacia acá se encamina,

en el cinto la espada y en la mano el azor,

el feliz caballero que te adora sin verte,

y que llega de lejos, vencedor de la Muerte ,

a encenderte los labios con su beso de amor!

 

A Roosevelt

¡Es con voz de Biblia, o verso de Walt Whitman,

que habría que llegar hasta ti, Cazador!

¡Primitivo y moderno, sencillo y complicado,

con un algo de Washington y cuatro de Nemrod!

Eres los Estados Unidos,

eres el futuro invasor

de la América ingenua que tiene sangre indígena,

que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

 

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;

eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.

Y domando caballos o asesinando tigres,

eres un Alejandro- Nabucodonosor.

(Eres un profesor de energía

como dicen los locos de hoy.)

 

Crees que la vida es incendio

que el progreso es erupción;

en donde pones la bala

el porvenir pones.

                  No.

 

Los Estados Unidos son potentes y grandes.

Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor

que pasa por las vértebras enormes de los Andes.

Si clamáis se oye como el rugir del león.

Ya Hugo a Grant le dijo: Las estrellas son vuestras.

(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol

y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.

Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón

y alumbrando el camino de la fácil conquista,

la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

 

Mas la América nuestra, que tenía poetas

desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,

que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,

que el alfabeto pánico aprendió;

que consultó los astros, que conoció la Atlántida

cuyo nombre nos llega resonando en Platón,

que desde los remotos momentos de su vida

vive de luz, de fuego, de perfumes, de amor,

la América del grande Moctezuma, del Inca,

la América fragrante de Cristóbal Colón,

la América católica, la América española,

la América en que dijo el noble Guatemoc:

«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América

que tiembla de huracanes y que vive de amor;

hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.

Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.

Tened cuidado. ¡Vive la América española!,

hay mil cachorros sueltos del León Español.

Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo,

el Riflero terrible y el fuerte Cazador,

para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

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