José Ovejero, ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013 con La invención del amor.

"El suspenso está desacreditado"

José Ovejero ganó el Premio Alfaguara 2013 con la novela La invención del amor, una historia sobre la impostura ambientada en una España azotada por la crisis y el desempleo. Ovejero emprende una gira de promoción cno varias paradas en América Latina.

2013/07/02

Por Fátima Uríbarri. Madrid.

Todo empieza una noche con una llamada telefónica. A un hombre le comunican que una chica ha muerto; él no tiene ni idea de quién le habla, tampoco conoce a la mujer: se trata de una confusión. Pero en lugar de aclarar el error, el receptor de la llamada le sigue la corriente a su interlocutor y se hace pasar por otro, por el hombre que fue amante de la chica muerta.

La idea de esa extraña conversación la tuvo José Ovejero (Madrid, España, 1958) hace mucho tiempo. Le pareció el arranque de una novela que empezó a escribir y luego abandonó, paralizado por el bloqueo. Entretanto empezó y terminó otras novelas, pero la llamada telefónica seguía en su cabeza, así que retomó el texto que se convertiría en La invención del amor, la novela con la que ganó el Premio Alfaguara 2013. “Me atraía la idea de averiguar qué sucedería si haces algo distinto a lo previsto, ¿cómo cambiaría tu vida?”, cuenta Ovejero. “El eje literario es la mentira, o la invención y cómo la invención modifica la realidad”, explica.

Como se dice en el título, también es un libro sobre el amor. “Pero no de amor sino sobre el amor”, puntualiza Ovejero. Quiere decir que a través del protagonista, Samuel, el escritor analiza el amor, no el romántico, el idealizado,  sino un amor con aristas, con sus partes oscuras y claras.

 ¿Lo ha llegado a entender?

 “He pensado mucho sobre ello, porque, como he acompañado mucho a mi personaje en todas sus locuras, he acabado dándome cuenta del por qué del título, que lo tenía antes de escribir la novela. Me he dado cuenta de que el amor nos lo inventamos. Cuando te enamoras no conoces al otro, te inventas para el otro, para seducirlo; y  sólo después empiezas a conocerle, entonces las cosas no son tan perfectas, se acaba la idealización y tienes que decidir si te interesa la persona real, no la idealizada. Te enamoras cuando no conoces; el otro amor, el de después, es muy distinto. Ya sé que no suena muy romántico, pero es así. Además creo que si utilizamos mucho la palabra amor, se desgasta. Hay gente que oculta algo detrás de tanta zalamería.

La invención del amor es la primera de sus obras escrita en primera persona ¿qué tant se aleja de su narrativa anterior?

 Sí. Es la primera vez qu escribo en primera persona, y también es la primera vez que dedico todo un libro a las relaciones amorosas. Es algo que me deja perplejo. Me he dado cuenta de que el amor es ingrediente habitual de la literatura y es difícil vender novelas sin amor. Un año para Miki, una de mis obras, en la que no hay nada de amor, ha sido una catástrofe de ventas.

¿La literatura también requiere de elementos de tensión, de intriga?

En la invención del amor no pasa gran cosa. Me preocupaba mucho el conseguir mantener el interés, encontrar el tono para que hubiera un suspense, la sensación de la inminencia de la catástrofe. Pero ahora el suspense está desacreditado.

¿A qué se refiere?

A que ciertas tendencias más posmodernas consideran que la trama, el suspense o la creación de personajes no es lo importante. Si lees las novelas de parte de la generación Nocilla te percatas de que no hay suspense, hay escenas relacionadas con otras escenas, o metaliteratura…. Son otras construcciones, otros juegos.

Pero tiene que haber algo que al lector le impulse a seguir. “Sí, pero puede no ser el saber qué va a pasar. Para este tipo de autores de la generación Nocilla  con los que coincido en parte, no es tan importante lo que va a pasar como lo que está pasando. El juego con el lector pesa más que el riesgo o el peligro. Me parece una concepción interesante: uno no tiene por qué plegarse a la novela que se hacía hace cincuenta años. Por eso dicen que la novela se está muriendo: no es así, lo que está muriendo es la novela que se hacía hace cincuenta años”, proclama.

La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, es la mejor novela del siglo XXI, según una encuesta reciente realizada por el diario ABC de España. ¿Está de acuerdo? “Me pidieron que participara en la encuesta y no lo hice porque me dí cuenta de que en los últimos años he leído poca literatura reciente en español porque mis últimos libros han requerido mucha investigación y no he tenido tiempo de ponerme al día. La Fiesta del Chivo me parece la mejor novela de la última década de Vargas Llosa: me gustaba más el Vargas Llosa de antes. En esa novela recuperó su fuerza narrativa”, opina José Ovejero.

Ha sido sorprendente que esa lista de mejores novelas haya figurado  La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. “Me deja perplejo que una novela tan banal pueda considerarse literariamente relevante; lo es como fenómeno de ventas, sin duda está escrita con oficio, pero considerarla una de las novelas más importantes no lo entiendo, salvo que se haya utilizado como criterio el del éxito”, dice el ganador del Premio Alfaguara.

¿Qué es lo que hace que una novela sea literariamente buena?

“No es fácil de explicar -responde Ovejero-.  Lo que hace una buena novela es ponerte en contacto contigo mismo; mostrarte quién eres; enseñarte cómo es la realidad que tienes a tu alrededor. Lo otro es un entretenimiento que no deja huella y que te deja tal como eras antes de leerlo”.

Pronto Ovejero comenzará una gira por Latinoamérica,  un territorio que  conoce bien. “Me hace una ilusión enorme. No sólo por ir, que me agrada mucho, sino además por recuperar la presencia de mis libros allá”.

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