Labbé nació en 1960. Crédito: Diana Rey / Semana.

"Los niños son por naturaleza filosóficos"

La filósofa francesa Brigitte Labbé, autora de libros para niños sobre temas como la guerra, la muerte y la injusticia habló con nosotros sobre su obra, la formación infantil y lo importantes que son las preguntas.

2017/01/30

Por Daniela Vernaza Civetta

Brigitte Labbé es la autora de la colección Píldoras de sabiduría, una serie de libros infantiles que apuntan a tratar temas como la injusticia, la muerte y la guerra. Labbé participó en el Hay Festival de Cartagena como una de las primeras invitadas francesas que recibe Colombia en el marco del intercambio cultural que este año celebran los dos países. Su obra fue traducida al español por la editorial Panamericana. Hablamos con ella acerca de la relación entre la filosofía y el pensamiento, la literatura infantil y la importancia de tocar temas difíciles con los niños.  

¿Para usted qué es la filosofía?

La filosofía es la construcción del espíritu crítico para poder responderse a sí mismo, cuando se hacen preguntas, sin olvidar de poner en el núcleo de esas preguntas la duda. La duda es central en la filosofía, porque sin duda no hay preguntas. Si dejo de preguntarme voy a dejar de pensar. La duda abre las puertas, una certeza es una puerta cerrada. Preguntarse es como abrir puerta tras puerta. Es una aventura extraordinaria que asusta a los adultos pero que realmente les encanta a los niños: ¡preguntarse, preguntarse, preguntarse!

¿Por qué escribir filosofía para niños?

Decidí escribir filosofía para niños porque los pequeños están por naturaleza en una edad filosófica y es fundamental acompañar sus preguntas para que ellos no se apaguen. Pienso que si uno siembra los cuestionamientos y las dudas eso va a hacer que su pensamiento nunca se quede quieto.

¿Cómo escribir filosofía para niños?

Palabra por palabra, para no perder el ejercicio filosófico pero tampoco hacerlo inaccesible para los niños. Es un trabajo que parte de la tensión que surge al traducir la complejidad de la idea a un vocabulario comprensible para los niños.

Las palabras son la herramienta con la que uno moldea el pensamiento, no existe otra manera. Una de las injusticias más grandes que se puede cometer con un niño es no darle las palabras, porque es como no darle a un escultor la arcilla. Cuando ellas faltan, también lo hace el pensamiento, y así creamos ovejas que siguen al jefe y no pueden pensar. La filosofía en las palabras da la posibilidad de construir un ser humano lo más libre posible. Se trata de no volverse una víctima del jefe de estado, del trabajo o un gurú, es tener la libertad de construirse a sí mismo.

¿Cual es el límite entre la literatura y la filosofía?

La relación entre las dos es muy íntima porque en la mayoría de textos literarios para niños hay preguntas filosóficas.

¿Cómo fue el proceso de hacer el primer libro?

Muy difícil (risas), entre lágrimas y sangre. Partí de ideas filosóficas sobre un tema dado, los primeros dos manuscritos fueron La guerra y la paz y El trabajo y el dinero. Trabajé mucho antes de llegar a esta estructura, a esta manera de dirigirme a los niños.

Usted a menudo complementa la narración insertando pequeñas anécdotas...

La filosofía hace parte del corazón de la vida cotidiana, del día a día. Procedí entonces de esta manera porque las preguntas nacen de la vida diaria. Los problemas surgen cuando la filosofía se vuelve un asunto académico separado de la vida. Y lo que quiero mostrar es que estas preguntas están ahí, en lo cotidiano. Por eso las historias, para acercar la filosofía a la vida.

Aún así es una narración muy directa, sin usar por ejemplo una fábula o algo similar...

Quería hablarle directamente a la inteligencia de los niños, a su intelecto. Tenía mis dos manuscritos y fui a ver a muchos editores en Francia y todos me dijeron que no porque ellos querían que escribiera historias con personajes y con héroes. Ellos decían que esta era una voz muy elitista para los niños. Y Milán, esta casa editorial, se atrevió a hacerlo y ahora sabemos que en realidad son los adultos los que piensan que es una voz elitista, no los niños. Además, creo que dirigirse a la inteligencia del niño, a su capacidad y su espíritu crítico, es respetuoso. Todos los caminos son buenos para dirigirse a los niños, pero lo que encuentro de importante en Píldoras de sabiduría es que se reconoce y respeta el estatus intelectual de los niños.

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