El escritor mexicano Élmer Mendoza. /EFE

De la narcoliteratura al misterio

El mexicano presentó su nueva novela 'El misterio de la orquídea Calavera en Bogotá. Méndoza, acaso el más reconocido exponente de la 'narcoliteratura' participará en la nueva edición de relatos 'Bogotá contada'. Arcadia habló con él.

2014/07/30

Por Ricardo Castro

Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949) cambia de registro en su más reciente novela El misterio de la orquídea calavera).  Desde la publicación de Un asesino solitario en 1999, Mendoza se ha establecido como una de las voces más poderosas de la narrativa mexicana.  Invitado por Idartes para participar en Bogotá contada, Mendoza aprovechó su paso por la capital para presentar su nueva obra. Su protagonista, el Capi Garay, es un joven acomodado y cómodo, sin sueños o preocupaciones más allá de posibles amoríos con su vecina o con alguna compañera. Piensa estudiar administración para evitar sermones de su familia; realmente no le interesa. El secuestro de su padre lleva al Capi a viajar a Xilitla, en San Luís Potosí, donde tiene que enfrentar a los secuestradores. El misterio de la orquídea calavera es la primera de una trilogía centrada en el Capi Garay.

¿Por qué quiso cambiar de registro y explorar una la novela juvenil, o enfocada a los jóvenes?

      Hay varias razones. Una de ellas es que creí que me lo iba a llevar fácil, que iba a ser sencillo. Pero me equivoqué porque realmente es un registro muy complicado porque la sencillez no es fácil. A veces uno se permite libertades narrativas en las que puedes explorar. Pero yo quería hacer un registro sencillo y lo primero que tenía que evitar era todo eso... y me costó bastante. Por otro lado, yo soy promotor de lectura y los alumnos de mis talleres me decían ‘¿Cuándo vas a hacer algo para nosotros?’ Como que traía eso ahí… Hasta que al fin decidí rescatar una historia iniciada, la del capi Garay, y con otra historia que tenía iniciada de Edward James. Conseguí injertarlas. Junte dos trozos de novela y conseguí forma una novela completa.

Dice que quería hacer una historia más sencilla ¿cree que se corre el riesgo de menospreciar al lector joven?

-          Yo no. Y no creo que alguien se atreva. Lo que pasa es que hay ciertos juegos que necesitan de un lector con experiencia de muchos años de estar leyendo libros. Y en los jóvenes pues es una práctica que no es cotidiana en ellos, salvo los que van a ser escritores, que tiene ya muchos años leyendo. Entonces lo que hay que hacer es como un discurso que permita que las aventuras que viven los personajes prevalezcan sobre los recursos lingüísticos. Y hay que trabajar mucho para conseguirlo. Trate de evitar esos ejercicios que exigían más.

¿De dónde viene el título?

-          Una noche en Xilitla una de las nietas del amigo de Edward James llegó a mostrarme fotos que había hecho en el jardín de su abuelo. Me mostró las fotos de pasado como parte de una conversación y me iba mostrando las piezas y luego unas flores y me dijo esta es la Orquídea Calavera, y acá está otra… Pero cuando dijo Orquídea Calavera yo sentí como un shock eléctrico. Seguimos en la cena pero cuando llegué a mi habitación lo anoté en una libreta que siempre traigo. Cuando ya empecé a escribir lo primero que hice fue ponerle el título.

El personaje del Capi Garay es muy distinto al Zurdo Mendieta. Es un joven ingenuo y consentido, que ni siquiera sospecha las realidades que aparecen en sus novelas anteriores... ¿Por qué quiso explorar esa faceta de una juventud ingenua, confundida y apática?

-          Bueno, es que conozco muchos casos así. Fui maestro muchos años y siempre me encontré jóvenes así, jóvenes que iban a la escuela porque ahí tenían amigos, o porque tenían una novia… Pero no tenían ningún plan de vida, iban a terminar la prepa y no sabían qué iban a estudiar. Me parecía muy grave que un chico de 18 años no supiera por donde va a seguir, no sabe cuál es su vocación, no tiene idea para lo que sirve, del futuro, o de cómo responsabilizarse de su futuro. Y el Capi es de esos: un chico cómodo. Que ve la tele, se comunica con sus amigos todo el día por WhatsApp… Es un chico que no tiene ninguna gracia. Y hay bastantes así y eso es lo que me preocupa. Dan ganas de lanzar una luz de advertencia a los muchachos para decirles ¡cuidado! En 10 años van a ser adultos y no pueden estar dejando que los años pasen sin tener ninguna responsabilidad.

¿Cómo creo esa voz? ¿Cómo dio con el tono de un niño malcriado y cómodo, para que el lector pueda sentir esa ‘flojera’?

-          Bueno, tuve muchos encuentros con jóvenes en que ellos no sabían que los escuchaba, que los veía. Y me tocó escuchar cosas absolutamente insulsas, ellos no sabían ni que iban a hacer mañana, ni porqué estaban ahí. ¡Y hablaban de eso!  De pronto llegaba uno y
-¿oye, y esta noche qué vas a hacer?
- Nada, a lo mejor veo futbol, o veo la tele.
- Pero hay un concierto, ¿por qué no vamos?
- No, qué flojera…’

Sentía, por lo que escuchaba, que los jóvenes no están contribuyendo a tener un espacio propio en la sociedad. Como que les da igual todo y eso me daba angustia. Hice ejercicios para apropiarme de las palabras que ellos usaban para empezar. Luego fue un proceso de muchas horas de corregir la novela, hasta que conseguía que se escuchara como yo los había escuchado a ellos.

No será la única entrega sobre El Capi Garay…

-          No. He planeado tres desde el principio. Ya fue a la selva, luego irá al desierto mexicano y la tercera la quiero meter en unos túneles. Dicen que todas las ciudades tienen túneles que hicieron durante la colonia y que puedes ir de los palacios a la catedral… Entonces pienso meterlo en unos túneles, pero estoy pensando en ello.

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