El escritor Guillermo Martínez

Un escritor y sus registros

Guillermo Martínez, ganador del Premio Iberoamericano de cuento Gabriel García Márquez que entrega el Ministerio de Cultura, habló con Arcadia en Buenos Aires sobre sus nuevos proyectos y las ideas que rondan su escritura desde hace veinte años.

2015/06/16

Por Victoria Hoyos* Buenos Aires

Me tomo un café con Guillermo Martínez en un lindo bar del barrio porteño de Belgrano. La tarde está nublada pero él está muy tranquilo y conversamos fluidamente. Escritor y matemático, ha ganado diversos premios literarios como el Premio Hispanoamericano de Cuento García Márquez en Colombia con el libro de relatos Una felicidad repulsiva.

Algunos críticos han dicho que los escritores siempre navegan sobre los mismos temas u obsesiones ¿cree que eso es verdad? Y si es así ¿Qué elementos recurrentes están en usted a la hora de crear?

No creo que sea así, los escritores se pueden dividir de dos maneras. Están los que siempre tocan la misma tecla, manejando el mismo estilo y navegando en la misma zona y los escritores que intentan registros muy diferentes, como por ejemplo Thomas Mann, por dar un caso. Yo me siento identificado con la variedad de registros. En mis cuentos está el registro familiar, también el político, erótico, el género de terror. Mis novelas también son diferentes en ese sentido. La novela de iniciación fáustica llamada Acerca de Roderer, después una novela de escritores que es La mujer del maestro, una novela policial, cuasi inglesa Crímenes imperceptibles, luego una especie de policial psicológico abstracto que es La muerte lenta de Luciana B, y después una novela erótica que es Yo también tuve una novia bisexual.           

Sí, reconozco una recurrencia en el sentido de que en todas mis novelas sigo lo que yo llamo una “línea teórica del conocimiento”, y hago pesar ese tema dentro de la trama dramática. Por ejemplo, en Acerca de Roderer cómo se podría recrear el mito fáustico en el mundo contemporáneo a través de las matemáticas.

¿Cuál tema disfruta más, en dónde se siente más cómodo?

Me gustan las novelas donde hay escritores, porque me permiten naturalmente explicar algunas cosas sobre la literatura, pero a la vez pienso que allí hay algo de un perro que se muerde la cola, entonces a veces es mejor jugar con otros personajes. Me divertí mucho con Crímenes imperceptibles, pero con La muerte lenta de Luciana b pude finalmente aunar en diferentes mundos que había en mis novelas anteriores.

Me llamó la atención en el cuento “Help me” del libro Una felicidad repulsiva, la vejez, expuesta allí, no solo como un elemento fantástico sino como aquella instancia triste de abandono y a la vez repulsión. ¿Era esa la intención en ese cuento?

Sí, acá juego con algo que está en el borde de lo fantástico, algo cuasi vampírico. Esa mujer que de alguna forma en su aspecto exterior lograba disimular esa vejez, aunque algo se filtraba. En el momento crucial donde está en la cama y él ve su pubis blanco, algo que es de una vejez milenaria y que le da al protagonista terror y repulsión. Entonces, sin salir de lo real, es algo que le puede dar al lector diversas  fuertes sensaciones, quizá la mujer haya querido transmitir una regeneración de su juventud a través de una manera vampírica, pero, en general, la pretensión es ese contraste entre la belleza y el elemento de horror. 

La composición de una novela comprende la búsqueda de un punto imaginario desde el que uno pueda divisar el todo. Es curioso, porque ha dicho que imagina sus novelas siempre desde el final ¿Tiene esto relación con las matemáticas o a qué cree que se deba esto?

No, se debe a mi formación como cuentista, es claro eso. La gran mayoría de mis novelas se me aparecieron primero bajo la forma de un cuento. Después en el momento de escribir se fueron ampliando, aparecieron esos costados teóricos, dimensiones. Y cuando uno escribe un cuento, siempre imagina el final, o por lo menos en mi caso. Por eso están estructuradas de atrás hacia adelante. En los cuentos hay algo del arte del ilusionismo, algo falseado que el lector recibe en un primer plano, es un elemento ilusorio. Entonces lo que yo veo inicialmente es como los elementos van a distorsionarse. Justo en "Help me", sabía que el protagonista iba a sorprenderse en esa habitación viendo ese pubis canoso y que ese sería el elemento final del desenlace.

Habló alguna vez sobre referentes literarios muy fuertes a la hora de escribir como Henry James, Mann, Capote ¿De los latinoamericanos, aparte de Borges quiénes lo han inspirado o a quiénes admira?

Me gusta el cuentista uruguayo Heriberto Hernández, por supuesto Cortázar. Casi todos los escritores tenemos un ADN de los rasgos de Cortázar, muy presentes. Vargas Llosa, fue quien más me interesó del boom. Carpentier y García Márquez, sobretodo sus novelas cortas, muy cercanas al policial norteamericano como La Mala hora, o La Hojarasca.

¿A qué atribuye el éxito de sus obras?

No sé si éxito, pero me sorprendió Crímenes imperceptibles, porque en ella quería mostrar el mundo de los matemáticos, como hablan, las clases de ideas que tienen y pensé que no sería una novela fácil de entender. Ahora la leen chicos que están en el secundario y los grandes. Pienso que allí el éxito está en poderla leer en diferentes niveles, un policial llano, como una reflexión epistemológica y a un nivel matemático, entonces le llega a diversos públicos. Después fue llevada al cine. Y Acerca de Roderer sigue reeditándose desde el 92, porque también le llega a chicos y a grandes, entonces ambas generaciones se identifican.

¿Ha sentido el terror de la página en blanco?

No, he tenido más bien largos bloqueos, son momentos en que uno escribió algo y está a la espera de la buena continuación, quizás uno siente que la novela ya avanzó por un camino que quizás no sea el mejor, entonces no saber si retroceder, cambiar algo o arreglarlo más adelante. Sentís que fallan las transiciones, entonces está el cómo resolver esos momentos. Las dificultades a veces te dan soluciones más ingeniosas. Es decir, uno cree que las cosas van a ser de cierto modo, pero no y a la vez surge un giro que las hace mucho más interesantes.

Yo ahí coincido con las matemáticas, con un teorema por ejemplo. Crees tener en la cabeza una demostración rápida y elegante, pero hay casos que no consideraste y no puedes resolverlo de inmediato, entonces debes ver como desmembrarlo, como encontrar la solución. Hago como los guionistas, una especie de escaleta, a veces un capítulo se transforma en otra cosa. Y así no solo acelero los acontecimientos con este tipo de formato, los ordeno.

¿Está ahora en algún proyecto?

Ahora estoy con una novela larga, trata sobre los experimentos con los niños, para ver cómo aprenden. Es la historia de un chico que nace en una secta, hay un psicólogo que diseña algunos experimentos para ver cómo se forman algunos conceptos en la mente de los niños y el chico es el conejillo de indias de ese médico. Hará un recorrido sobre el tema de la inteligencia artificial y será entre los años sesentas y setentas.

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