Iriarte nació en Bogotá en 1937. Crédito: Alberto Sierra Restrepo.

Helena Iriarte: entre la soledad y la nostalgia

'Cuando te vayas, abuelo', libro de la escritora colombiana publicado por la editorial Babel, abre el corazón de la relación entre un abuelo y su nieta, para poder retratar el cariño inefable que contiene.

2017/06/22

Por Mariana Toro Nader*

"Parecía el final; sin embargo estaba ahí, fuerte y erguido como si no quisiera irse, como si su voluntad lo obligara a seguir siendo la viga maestra que sostenía los muros, el alma de la casa y mi alegría”. El libro Cuando te vayas, abuelo, de la bogotana Helena Iriarte da clara fe de su estilo como escritora: jugar con los recuerdos, acariciar la nostalgia y temer el olvido. La obra, representante del inexplorado género de la “nouvelle” o novela corta en Colombia, demuestra que en un par de horas es posible transportar al lector a una vivencia en carne propia del cariño inefable entre un abuelo y su nieta.

Su relación transcurre en medio de soledades yuxtapuestas. La soledad de pueblos perdidos de la geografía colombiana, la soledad de la orfandad, la soledad de perder un hijo en la guerra y a la esposa que no pudo con el dolor, la soledad de la frialdad de una madre y la soledad de estar frente a un abuelo que se apaga por el peso de los años. Para hacer más llevadera la vida solitaria de Beatriz, la protagonista —una niña rodeada de ancianos tras las muerte de su padre y la ausencia materna—, su abuelo dibuja un mundo mágico de espíritus y fantasías. A través de sus historias, pinta sueños para sobrellevar las añoranzas y recuperar las ganas de vivir al lado de su nieta que, en una época de violencia y desencanto, solo lo tiene a él.

Recordar, siempre recordar, es el fondo de esta novela intimista que recoge las principales cualidades de Helena Iriarte: la conciencia infantil no reconocida por los mayores, la falta del amor materno, y la necesidad de asimilar a través de los recuerdos la pérdida de los seres queridos. Así, en ese “tejido de memoria” compuesto por el “yo” y el “tú”, tan recurrentes en la obra de la autora, es imposible no soltar lágrimas furtivas por la magnitud del amor y de las pérdidas que, sin lugar a dudas, se vuelven tangibles.

*Periodista de Semana.

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