Los poetas ingleses Wilfred Owen y Siegfried Sassoon.

¿Esto es un hombre?

La Primera Guerra Mundial fue el estremecedor telón de fondo de la obra poética de los ingleses Wilfred Owen y Siegfried Sassoon quienes se conocieron mientras se desempeñaban como soldados.

2011/06/30

Por Catalina Holguín Jaramillo


Durante el breve affair de Wilfred Owen y Siegfried Sassoon, los dos poetas ingleses más celebrados de la Primera Guerra Mundial, se produjo un importante intercambio de tinta. La obra poética de ambos, producida durante y después de su estadía en la clínica de reposo Craiglockhart de Edinburgo para soldados con shell-shock, cambió la visión de los ingleses sobre la guerra pero también de lo que significaba ser un hombre.

Entre 1914 y 1918 se libró en toda Europa una guerra que dejó un saldo de nueve millones de muertos, y cientos de miles de heridos. La Gran Guerra—así se le llamó antes de que estallara la Segunda Gran Guerra—trastocó el orden geopolítico pero también el orden doméstico. Mientras que muchas mujeres recibieron cartas anunciando la muerte de sus hijos, novios o esposos, muchas otras recibieron de vuelta a unos tipos que no se parecían en nada a los guerreros valerosos de los afiches de propaganda. Estos extraños soldados temblaban, lloraban y gritaban en medio de la noche. Los hombres afectados por la enfermedad nerviosa conocida como “shell-shock” (algo así como la conmoción del bombardeo) volvían de la guerra convertidos en un manojo de tics nerviosos y espasmos, como si fueran los dobles macabros de Charlie Chaplin o Buster Keaton.

Al final de la guerra, a 80.000 hombres en Inglaterra se les había diagnosticado shell-shock. La cantidad de casos hizo que el ejército ordenara un exhaustivo estudio de esta enfermedad. Muchos médicos militares creían que los hombres que sufrían estas crisis nerviosas y emocionales eran realmente unos gallinas afeminados que carecían de entrenamiento militar apropiado. Si no se había oído hablar de semejante desorden nervioso en guerras pasadas, decían algunos médicos, es porque antes a los cobardes y débiles se les castigaba como a los hombres, o sea, con la muerte. Como explica la historiadora Tracey Loughran, el “héroe militar” fue desplazado por su sombra más terrible, que era la del paciente deteriorado mentalmente, el veterano silencioso, el niño asustado.

Para cojos, mancos y mochos, el tratamiento era tan claro como claras eran sus discapacidades. Pero ante el creciente número de soldados afligidos por esa curiosa neurosis, las autoridades médicas militares tomaron diferentes medidas para tratar a estos hombres y devolverlos cuanto antes a las trincheras. Unos médicos usaban brutales terapias de choques eléctricos y otros más sofisticados como W.H.R. Rivers, del hospital Craiglockhart, entendieron los síntomas de la enfermedad eran la manifestación de un trauma mental muy profundo. Rivers, médico de Siegfried Sassoon, optó por tratar al paciente con charlas muy racionales sobre la guerra; Arthur Brock, médico de Wilfred Owen en la misma institución clínica, instó a su paciente para usara la poesía como válvula de escape.

No es extraño, entonces, que cuando Siegfried Sassoon publicó en julio de 1917 su declaración de desafío en contra de la guerra y de la autoridad militar, su acto de resistencia haya sido clasificado como un colapso nervioso. La resistencia a la guerra era de flojos o de locos. Quien no estuviera en el frente peleando y tuviera todas sus extremidades completas, era un maricón y un cobarde. Sassoon se había atrevido a denunciar la prolongación deliberada de la guerra, la inutilidad del sacrificio humano, la indiferencia de la población civil y su incapacidad de imaginar el sufrimiento de los soldados. Fue así como llegó al sanatorio Craiglockhart, donde conoció al joven aspirante a poeta llamado Wilfred Owen.

Sassoon, un joven oficial que había sido condecorado por la valentía demostrada en el campo de guerra, era ya un poeta publicado cuando entró a Craiglockhart. Owen lo reconoce y lo busca. Había leído sus poemas sobre la guerra y en una carta a su mamá, escribe: “Creo que si tuviera la opción de volverme amigo de Tennyson o de Sassoon, me haría amigo de Sassoon. Creo que por eso no me he atrevido a acercarme y hablarle casualmente”. Días después, Owen se atreve a acercarse al gran poeta, y emocionado le describe a su mamá el inicio de una fructífera relación creativa: “Esta noche Sassoon me llamó, y después de condenar algunos de mis poemas, corregir otros, y regocijarse por unos pocos, me leyó a mí uno de sus últimos poemas, que son más hermosos que los de su último libro”.

Bajo el tutelaje literario de Sassoon, Owen madura un estilo realista y sarcástico muy característico de los versos se Sassoon, que le permite recrear escenas muy fuertes del combate y condenar a una nación que se da el lujo de alimentar la guerra con una generación completa de jóvenes. En una estrofa del poema El frío de las trincheras, se pregunta el joven poeta: “Vigilantes, oímos explosiones dementes golpeando la alambrada,/ como si entre los pinchos hubiese hombres revolcándose de dolor./ Por el norte, retumba incesante la artillería,/ a los lejos, como si fuese el rumor apagado de otra guerra./ ¿Qué estamos haciendo aquí?”

La relación de ambos poetas en la clínica de reposo Craiglockhart fue retratada por la novelista contemporánea Pat Barker en Regeneración, una novela histórica sobre la Primera Guerra Mundial. Igualmente, el dramaturgo Stephen MacDonald, escribió la obra de teatro Not about heroes, que trata justamente del proceso creativo de Owen bajo la influencia de Sassoon. Aunque en ninguna recreación ficticia se representa abiertamente una relación homosexual, sí es sabido que Sassoon tenía relaciones con hombres, que el poeta Robert Graves tenía inclinaciones gay y que Owen era muy cercano a ambos hombres. En una de sus últimas cartas, Owen le dice a su mamá: “No quiero el estrellato, y ser una celebridad es la última tontería que deseo. La fama es el reconocimiento de los pares. Ya tengo más que este reconocimiento, pues tengo la silenciosa e inmortal amistad de Graves y Sassoon.” Igualmente, una reciente biografía del poeta escrita por Dominic Hibberd, descubre detalles sobre las inclinaciones homosexuales del joven poeta.

Independientemente de los secretos de alcoba de Sassoon, su apoyo garantizó la supervivencia de la obra de Owen. Los poemas “Himno a la juventud condenada” y “Morir por la patria no es dulce ni honroso” de Owen, escritos con la ayuda de Sassoon en el hospital, le aseguraron un lugar en el panteón poético, lugar que fue reforzado por la trágica ironía de su muerte a los 25 años, una semana antes del armisticio. Después de su muerte, Sassoon se encargó en 1920 de editar y publicar los poemas de Owen. Sassoon continuó escribiendo poemas sobre la guerra y también una autobiografía novelada muy celebrada llamada Las memorias completas de George Sherston. La obra de ambos, mostró una nueva forma de contemplar la guerra, aterrizada en la realidad y en el sufrimiento, y despojada de nociones propagandísticas de qué es ser un héroe y qué significa defender la nación.

El legado de Owen recibió un segundo aire cuando el músico británico Benjamin Britten compuso el Requiem de la guerra basado en los poemas de Owen. Curiosamente, esta monumental obra musical, compuesta en 1961 para conmemorar la destrucción de Coventry durante la Segunda Guerra Mundial, surgió también como un acto de amorosa colaboración entre dos hombres: Britten escribió las partes para el tenor pensando en su compañero sentimental Peter Pears. Ambos comparten un mismo lugar en un camposanto inglés.

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