Luis Ángel Parra y María Eugenia Niño acaban de publicar la edición de un poema de Vargas Llosa acompañado de grabados de Szyszlo.

Experimentos de papel

De Mario Vargas Llosa se conoce apenas un puñado de poemas. Arte Dos Gráfico, el taller de libros de artista de Luis Ángel Parra y María Eugenia Niño, en Bogotá, publicó uno de ellos en una exquisita edición de 90 ejemplares con grabados de Fernando de Szyszlo. ¿Cómo lo lograron?

2010/11/18

Por Catalina Holguín Jaramillo

En el mundo que han inventado María Eugenia Niño y Luis Ángel Parra, directores y dueños de la Galería Sextante y el Taller Arte Dos Gráfico, todo está al servicio del arte. Recorrer este laberinto de buhardillas, bibliotecas, jardines, archivos, cuartos oscuros, molinos de papel y prensas es como visitar un viejo sueño: todo es extraño y a la vez familiar. Juro que nunca antes había visto una prensa Heidelberg, pero al contemplar ese imponente aparato con su olor a máquina de escribir y sus extraños secretos metálicos sentí una suerte de reencuentro.

 La casa es azul tiza, tiene tejados inclinados y está casi escondida en una calle breve de Bogotá: en la 75 con 14. Al entrar hay una galería de paredes blancas donde cuelgan obras de la artista venezolana Nela Ochoa. Es el espacio de la galería Sextante donde se han presentado desde 1981 más de 100 exhibiciones de arte gráfico contemporáneo y un buen número de recitales de poesía y música. Por el mismo corredor, en otro gran salón, hay cajones con grabados, litografías y serigrafías, y una estantería amplia donde se exhiben generosamente los libros de Arte Dos y una pequeña muestra de obras que incluye, por ejemplo, una colección de frascos de vidrio rellenos de fotos de cuerpos desnudos.

 Ahí me reciben María Eugenia y Luis Ángel. Sobre la mesa hay catálogos que dan cuenta de la historia de su negocio: una editorial que produce libros de artista, una galería que exhibe obras de arte y una casa que opera como centro cultural. Sobre la mesa también está el objeto que me trajo acá: un libro de 42 x 42 cm con tres litografías en piedra del artista peruano Fernando de Szyszlo y un poema de Mario Vargas Llosa. El libro se llama Estatua viva, se imprimieron 90 ejemplares en 2004, y cada uno cuesta 12.5 millones de pesos. Estatua viva, uno de los pocos poemas publicados por el Nobel peruano, es un monólogo altivo, festivo y sombrío de una estatua emplazada en un parque. Hasta la publicación de este artículo, el poema no había sido leído por nadie más que los compradores del exclusivo libro.

 La historia del célebre libro se podría resumir en el siguiente diálogo:

 —Vargas Llosa vino a visitar el taller sólo por 20 minutos. Me prometí no pedirle nada al Maestro, pero él se emocionó y terminó pasando toda la tarde aquí. Al final de la visita nos propuso publicar un poema suyo en colaboración con su amigo Fernando de Szyszlo—, rememora Luis Ángel.

 —Ya habíamos hecho El lugar, los instrumentos con Fernando—, interviene María Eugenia.

 —Yo le dije que sí inmediatamente, y él me dijo que debía ser un pésimo editor, aceptando el poema sin haberlo leído, dice Luis Ángel con una gran sonrisa—. Pero le dije que no importaba si el poema era malo, pues el tiraje era muy reducido. Así que Vargas Llosa nos mandó el poema, en mayúsculas y con tildes. Buscamos por Colombia pero no encontramos tipos así. Al final, logramos averiguar que había un lugar en San Francisco que se llama M&H Type Foundry, y allí trabajan todavía viejos señores de corbatín, fundiendo esos viejos abecedarios. Los tipos que necesitábamos eran Centauro, y se usaron en la columna de Trajano en Roma.

 —Pesaban muchísimo, pero los trajimos todos en las maletas, anota María Eugenia, animada por el recuerdo de esta anacrónica empresa en California, fundada en 1915. M&H es el único lugar de los EE.UU donde aún se funden tipos de plomo.

 —Le mostré orgulloso las pruebas a Vargas Llosa, y claro, estaban perfectas. Entonces me dice: “¡No hay ningún error! ¿Sabes lo que valdrían estas pruebas con mis correcciones?”. La tipografía sólo se ha utilizado para este poema, puntualiza Luis Ángel, orgulloso por la meticulosidad de su oficio.

 

Meticulosidad. Oficio.

 La única forma de que alguien pague 12.5 millones de pesos por un libro es que ese libro sea considerado una obra de arte. En la mágica transformación de un impreso en una obra de arte se encapsula la historia de Arte Dos Gráfico y el surgimiento de un género artístico poco conocido en Colombia. María Eugenia estudiaba arte y Luis Ángel ingeniería química. Se conocieron en la universidad, se enamoraron y comenzaron, a principios de los setenta con un negocio de impresión de carteles. En su taller se daban cita sus amigos artistas para imprimir sus serigrafías. De la serigrafía pasaron a otras formas clásicas de arte seriado o, lo que otros llaman con cierto aire de sofisticación, ingeniería del papel: litografía, fotografía, tipografía, encuadernación, grabado. Todo eso fue ocurriendo bajo un mismo techo y de la mano de artistas que iban empujando los límites técnicos e incluso administrativos y comerciales del taller.

 —El recibir artistas hace avanzar al taller. Estamos en permanente diálogo con ellos y los dejamos experimentar. No se da por sentado cómo se hacen las cosas, dice María Eugenia.

 —¡Somos como un pincelito inteligente!—, remata Luis Ángel.

 Este pincelito inteligente que es Arte Dos Gráfico se ha utilizado a lo largo de tres décadas para la producción de numerosos portafolios, obras de arte seriadas y más de 40 libros de artista. El género —libro de artista— es amplio y está lleno de matices. En principio, el libro de artista es una obra de arte que toma la forma de un libro y hace uso de su formato y técnicas para trasmitir una experiencia estética. No es, como se dice en la web de Arte Dos, un libro de arte ni un libro sobre arte: “un libro de artista es una obra de arte”.

 Las condiciones de producción del libro son importantes pues tienden a hacer parte de la obra misma. Como explica Luis Ángel, el proceso de creación es un permanente diálogo del artista con el editor, los artesanos (impresor, tipógrafo, encuadernador, etc.), y el escritor. Las ediciones oscilan entre 50 y 500 ejemplares dependiendo del interés del mercado. Para subvencionar las obras, Arte Dos vende el 30% del tiraje por anticipado a un precio inferior del de venta final. El suscriptor —entre sus suscriptores célebres se encuentra el ex presidente Belisario Betancur— se convierte así en socio de la obra. Los libros de Arte Dos tienden a usar técnicas clásicas de arte seriado y ponen en diálogo a artistas del papel y la palabra impresa. Sus publicaciones van desde colaboraciones entre el poeta Juan Manuel Roca y el artista Antonio Samudio, hasta Partitura, en el que la artista Ana María Devis narra gráficamente la aventura física y mental de su embarazo. 

 En la finca de Subachoque, una extensión física del trabajo y de los afectos de María Eugenia y Luis Ángel, se cuece el futuro y el pasado de Arte Dos. Mientras que en un galpón reposan los cuerpos mamutsianos de dos imprentas del siglo XIX, en otro extremo de la finca se construye el centro de documentación del proyecto cultural impulsado a lo largo de los años por esta pareja.

 Las prensas son una Columbus Press, fabricada en 1810 en Edinburgo, y una Washington Press, prensa norteamericana del siglo XIX. Detrás de ambos aparatos hay estanterías de pared a pared con miles de tipos movibles de madera entrapados de capas de tinta seca. En el suelo reposan varios costales de fique llenos de tipos aún sin descubrir. La profusión de tigres, futbolistas, boxeadores y toreros son un indicio de la vida cultural bogotana de principios del siglo XX. Los tipos de madera y la Columbia son la materialización misma de la nostalgia que últimamente invade toda producción grafica en Bogotá.

Al otro lado de la finca, más cerca de la casa, se levanta una construcción de ladrillo de 120 m2 donde reposarán los archivos de Arte Dos y de todas las actividades culturales realizadas bajo el signo del Sextante. Cuando les pregunto justamente por la posteridad de su taller y del conocimiento que han amasado en años, parece que toco un punto neurálgico. Me queda claro, sin muchas explicaciones, que el centro de documentación es un gesto a la posteridad, pero no, no en este país quizás, una garantía de posteridad. Mientras llega ese futuro, Luis Ángel y María Eugenia trabajan incansablemente. A juzgar por sus últimos libros, han encontrado nuevos horizontes. Recientemente, bajo el auspicio de una beca ofrecida por la fundación catalana Hangar y Arte Dos, el joven español Raúl Lázaro produjo una serie de juegos de palabras y juegos visuales sobre Bogotá que le dan peso visual y textura a cosas tan cotidianas como la lluvia, el clima sin estaciones, las calles y carreras. También está en “cocción” (ese es el verbo que se utiliza en Taller) un libro de la artista colombiana Trixi Allina, que explota las posibilidades tridimensionales del libro y el papel. Y están las prensas Columbus y Washington. La única palabra que ha sido impresa hasta ahora es “Guacamayo”, en honor a la pareja de aves que cohabita con las máquinas. Pronto, cuando las prensas con sus miles de tipos comiencen a ser usadas por nuevos artistas, saldrán de esa bodega de Subachoque obras para un futuro con un pincel rescatado del pasado.

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