La sede tradicional de la Fiesta del Libro es el Jardín Botánico.
  • Concierto de apertura de la pasada edición de la Fiesta del Libro.

Libros, editoriales y lectura: un inventario

Medellín ha tenido una tradición libresca que se remonta al siglo XIX. A pesar de las crisis, eventos como la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, que irá del 11 al 19 de septiembre, demuestran que el libro es un bien que hay que defender, y que la lectura parece estar muy viva en la ciudad.

2015/08/21

Por Nicolás Naranjo* Medellín

La capital antioqueña ha jugado un papel notable en el mundo cultural del país, entre otras cosas por sus editoriales y sus tiendas de libros. Los cultísimos Ñito Restrepo y el Indio Uribe hablan del buen comercio de libros en el siglo xix. Por ejemplo, la librería de Manuel J. Álvarez funcionó desde 1879 y se acabó empezando el xx. Desde el siglo xix, la editorial de Carlos A. Molina, la Tipografía Bedout y la Imprenta Departamental ayudaron a construir nuestro legado como nación. Al acabarse la librería de Álvarez se inició la Librería de Antonio José “el Negro” Cano, quien fue secretario de la anterior, y duró casi cuatro décadas. Fue la mejor que hubo en la ciudad al inicio del siglo xx, además de contar con editorial para connotados hombres de letras como Tomás Carrasquilla.

A comienzos del siglo hubo otras, como la Librería Restrepo. Ya desde los cuarenta del siglo pasado hubo librerías como Siglo XX, de los hermanos Rafael y Abel Naranjo Villegas, y la de don Luis H. Hurtado (de libros y música), la de Luis P. Pérez y La Pluma de Oro. En los sesenta se fundó la Librería Aguirre –toda una institución con semejante dueño, el escritor y editor Alberto Aguirre–, que cerró en los noventa, y la librería Continental, un verdadero hito en la historia de la ciudad (con varios miembros de la familia Vega encargados de ella). También desaparecieron La Buhardilla, Mundo Libro, La Mesa del Silencio. Solo sobrevive La América, de Fernando Navarro, que se sostiene como único pilar del pasado, desde hace setenta años.

En cuanto a las editoriales, cabe mencionar que El Espectador, el primer diario de circulación nacional, fue fundado por Fidel Cano, en el siglo xix, como periódico liberal (y se trasladó luego a Bogotá). El Colombiano y El Mundo han hecho un papel notable como periódicos. Ya estrictamente como editoriales no se debe pasar por alto Oveja Negra, con la cual la ciudad contribuyó significativamente a la buena lectura en Colombia (y volvió a aparecer, aunque en Bogotá) o El Propio Bolsillo, la cual sigue aún.

El pasado en presente


Concierto de apertura de la pasada edición de la Fiesta del Libro. Foto: Julian Roldan Alzate


En los últimos diez años, Antioquia ha conseguido buscar vías para llegar a los lectores a través de políticas públicas. Antioquia es grande y vasta (y algo hay en los municipios en papelerías o iniciativas que pasan desapercibidas), pero, en general, todo se concentra en su capital. Si no, que lo digan los encargados del maravilloso programa “Secretos para contar”, que llevan libros a los lugares más recónditos posibles: desde la Gobernación se trata de llevar la lectura a los municipios con estrategias para resaltar, como “Adopta un autor”, que sirve para iniciar a jóvenes lectores en la literatura. Cada año llega a 80 colegios del departamento (y no todos en el área metropolitana), y en cada institución, durante un lapso cercano a los tres meses, se estudia la obra de un escritor con el acompañamiento de los docentes de Español y Literatura. Al cumplir el plazo, los estudiantes tienen un encuentro con el propio autor. Y diez escritores viajan a municipios como San Carlos, Guatapé, Marinilla, etc., para compartir con los estudiantes.

Las más grandes de Medellín son la Nacional, con locales en varios centros comerciales, y Panamericana, con un local frente al centro comercial Oviedo, en el barrio El Poblado. Sobreviven, de vieja data, buenísimas como Al Pie de la Letra, en el sector de Suramericana, y La América, en una calle que da al Parque Berrío. Luis Germán Sierra, de la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia, dice que existen otras como Grammata, de Wilson Mendoza –ubicada cerca de la Cuarta Brigada–, y Exlibris en el barrio Carlos E. Restrepo. 

Gloria Bermúdez, quien sabe de libros, habla de una buena librería recién abierta en Plaza Paquita, cerca del peaje de Las Palmas. Además de estas, la librería católica San Pablo, cerca al Parque Berrío, o la de meditación y ocultismo en Unicentro, cumplen la labor de difundir temas para los interesados. Luis Arango, “el Maraquero”, incluye Librópolis, de José Aníbal Laverde. Y está también Aquí Leo, cerca de la iglesia de la Divina Eucaristía en El Poblado, al frente de El Repostero o Ebenezer de Nydia Yepes en El Palo, cerca al Centro Colombo Americano (el cual cuenta con una librería también).

Pero no solo de libros nuevos vive el mercado en Medellín. El libro de segunda tiene un lugar en la ciudad. Para la muestra está Los Libros de Juan, de Juan Hincapié –que vino a reemplazar a la desaparecida Anticuaria–. Palinuro es otra en la cual también se encuentran tesoros junto a Libros y Música, de Gilberto Giraldo, en el centro de la ciudad. En Envigado, fuera de algunas muy pequeñas, está El Ocio, una librería de toda la vida. Mucho más baratas que las anteriores aunque no tan especializadas son el café librería Acuarimántima y justo al lado Este Lugar de la Noche, ambas de Gustavo Zuluaga, “el Hamaquero”, ubicadas del otro lado de la calle de la entrada de la Universidad de Antioquia sobre la calle Barranquilla, y la librería Alejandra, de Freddy de Jesús Montoya, donde hay una conciencia clara de los costos a los que se ponen los libros para los estudiantes y los estudiosos. Por lo mismo, las tres son expoliadas sin misericordia por los revendedores de todo el país, quienes no tienen escrúpulos en no dejar a los de pocos recursos adquirir libros.

Otro lugar para los libros en la ciudad son las tiendas del pasaje La Bastilla. Son varias decenas de ellas entre las que se encuentran, por ejemplo, Texas, de Freddy Erazo (qepd), Mundo Ciencia, de Adolfo Baena Monsalve, Los Libros, de Luis Guillermo Salavarrieta, El péndulo, de Darío de Jesús Úsuga, o la de Pacho, entre otras. 

De editoriales y fiestas

Son muchas las editoriales independientes en la ciudad como lo dice Luis Germán Sierra. Sílaba, que se ha dado a la tarea de recuperar clásicos colombianos olvidados; Tragaluz, una estupenda editorial con libros de una gran factura; Frailejón, del editor Iván Hernández. Además están Hombre Nuevo y La Carreta, dos sellos de vieja data, que aún sacan títulos enfocados en las Ciencias Sociales. La gran Lealón sigue, aunque sobreaguando (y es una lástima). Hay ediciones de familia como las de los Vieco. 

Todo esto, fuera de las muy productivas editoriales universitarias, como las de las universidades de Antioquia, Nacional, Bolivariana, itm, de Medellín, eafit, unaula, entre otras. Además hay editoriales de las instituciones como la Biblioteca Pública Piloto o el idea. La Gobernación, a través de la Secretaría de Educación y Cultura (por ejemplo con la Colección Memoria y Patrimonio o Fundación Arte y Ciencia, Colección Literatura, etc.) hace una labor considerable. Y la Alcaldía está promocionando autores por doquier.

A pesar de la necesidad de leer y el problema de los costos de los libros –traerlos es bastante difícil, como señala Fernando Navarro García, de la librería América, uno de los pocos sobrevivientes durante décadas– la gente quiere leer. Pero ahora hay una preocupación seria por la desaparición de librerías en el centro de la ciudad como La Científica y la Nueva. 

La Fiesta y el acceso al libro

El tema de la próxima Fiesta del Libro de Medellín, que se realizará del 11 al 20 de septiembre, es “Leer la vida”. Se trata de poner de relieve el amor por el libro, la lectura, la creación literaria y su disfrute con políticas educativas y políticas de gobierno de la actual administración. El libro en esta fiesta es concebido entonces como ‘contenedor de vida’. Y cuando se habla de “Leer la vida” ello implica claramente “Leer la muerte”, otro tema bien cercano a Antioquia.

Hay varios cometidos, como dice Juan Diego Mejía, su director. La idea central es fomentar encuentros de autores con afinidades en una fiesta pública, que se sustenta en los impuestos pagados por la comunidad y no cuenta, como en el caso de las Ferias de Buenos Aires o de Guadalajara, con respaldos económicos privados. Además hay un decidido apoyo a las editoriales independientes, a ciertos escritores olvidados y a seguir insistiendo en la igualdad de género en la participación. 

Entre los invitados estarán la escritora inglesa Nell Leyshon, los chilenos Carla Guelfenbein, y Carlos Franz, el poeta y escritor portugués Valter Hugo Mãe y su compatriota Afonso Cruz, y el venezolano Alberto Barrera Tyszka. Además, habrá un salón digital, coordinado por la empresa colombo-mexicana Manuvo y Explora, Medellín Ciudad Inteligente, Red de Bibliotecas, Sistema de Bibliotecas, Ruta N; un salón infantil con 6.000 títulos latinoamericanos bajo la tutela de la editora María Osorio –quien ha trabajado desde su sello, Babel, por la difusión y promoción de la literatura infantil y juvenil– y de la librería paisa Al Pie de la Letra. Además, esta Feria tendrá un Salón Iberoamericano Universitario liderado por las universidades antioqueñas, con la participación de universidades de Brasil, Chile, Argentina, España, México, etc. 

Habrá también reconocimientos y homenajes como los que le harán a Óscar Collazos, fallecido hace dos meses, o a Pablo Montoya, ganador del Premio Rómulo Gallegos. La empresa Argos y la Universidad eafit han creado el premio León de Greiff (para premiar a un narrador y a un poeta a quienes se les otorgarán 10.000 dólares). Y la figura de la Fiesta, el autor a quien se le rinde un homenaje será el escocés Robert Louis Stevenson.

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