Flora Tristán. Balzac, Roger de Beauvoir, and Raymond Brucker, 'Les Belles Femmes de Paris et de la Province' (1839-40).

Flora Tristán, feminismo y socialismo

La pensadora revolucionaria es solo una de las mujeres perfiladas en 'Sabias: la cara oculta de la ciencia', un libro de Adela Muñoz Páez dedicado a las olvidadas, borradas y escondidas de la historia. Aquí un fragmento sobre la autora de la frase "Proletarios del mundo, uníos".

2017/09/20

Por Adela Muñoz Paéz

Las raíces del feminismo en el movimiento socialista hay que buscarlas en Flora Tristán (1803-1844), la poco conocida autora de la consigna «Proletarios del mundo, uníos», que fue hija natural de don Mariano de Tristán y Moscoso, coronel peruano y aristócrata de origen vasco, uno de cuyos hermanos llegó a ser virrey del Perú.

Flora nació en París en 1803 y hasta los cinco años formó parte de la alta sociedad parisina y latinoamericana, siendo Simón Bolívar uno de los visitantes asiduos de su casa. Tras la muerte del coronel, Flora y su madre se quedaron en una miseria extrema, porque sus padres no se habían casado. Terminaron viviendo en los barrios marginales de París y a los dieciséis años Flora entró a trabajar en un taller de litografía. Poco después se casó con el dueño, un hombre brutal y cruel al que tuvo que abandonar cuatro años después, durante su tercer embarazo. Cuando se estaba recuperando del parto de su última hija, Aline, Flora leyó la obra de Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer, y su conciencia feminista cristalizó, comprendiendo que como hija ilegítima y como esposa separada y perseguida era una doble paria. Huyendo de su marido se fue de París y el día que cumplió treinta años se embarcó rumbo a Perú, para intentar recuperar la herencia de su padre. Uno de los hermanos de su padre, que le enviaba dinero regularmente desde su separación, la acogió en su casa y la trató como a una sobrina. No obstante, no cedió en cuanto a la concesión de la herencia, aunque siguió pasándole la pensión con la que se mantenían Flora y su hija. Sus dos hijos mayores habían muerto durante el tiempo que estuvo viajando por Francia huyendo de su marido; Flora nunca dio detalles sobre esas muertes.

Después de vivir como una reina en Perú durante dos años, regresó a Francia y emprendió una campaña en defensa de los derechos de la mujer y de los trabajadores, y en contra de la pena de muerte. Aunque había conseguido la custodia de su hija y la separación legal de su marido, este siguió persiguiéndola. En 1838 intentó matarla en plena calle, disparándole en el pecho. Flora consiguió recuperarse de este ataque, pero se quedó con una bala en el pecho durante el resto de su vida. Consiguió el favor tanto del público, que alabó y compró sus escritos, como de los jueces, que condenaron a su marido. Este, que además había sido acusado de intentar violar a su propia hija, fue condenado a veinte años de trabajos forzados. Esta hija, Aline, fue la madre del pintor Paul Gauguin.

Liberada de la amenaza de su marido, en 1839 publicó Peregrinaciones de una paria, donde relataba su estancia en Perú y los cambios sociales que allí se estaban gestando. El retrato que hizo de la sociedad criolla no debió de ser muy halagüeño, porque a raíz de la publicación de esta obra los peruanos la declararon persona non grata. Poco después viajó a Suiza y Londres, tras lo cual recogió las impresiones que le causaron sus incursiones en los barrios marginales de Londres y su visita al Parlamento inglés, disfrazada de hombre, en su libro Paseos por Londres. Impactada por las espantosas condiciones de vida de los trabajadores al comienzo de la Revolución industrial, que según ella eran mucho peores que las de los esclavos, esbozó la idea de que la única forma que los trabajadores tenían de luchar contra una opresión tan brutal era formar una unión obrera que traspasara fronteras. Esta idea la plasmó en otra de sus obras, La unión obrera, aparecida en 1843. Fue la primera persona que habló de la lucha conjunta de los proletarios del mundo, como reconoció Karl Marx, por lo que en su obra La sagrada familia, escrita junto con Engels, hay una defensa del legado de la comunista Flora Celestine en el capítulo VI. Según Flora, la emancipación de los trabajadores debía ir unida a la emancipación de la mujer. Como Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft, Flora trabajó fundamentalmente sola, muy a menudo en unas condiciones espantosas. Murió de tifus en 1845 a los cuarenta y un años, cuando se encontraba en Burdeos, una de las ciudades que visitó en la gira que hizo por toda Francia para predicar sus ideas socialistas y de emancipación de la mujer. Un año después apareció su obra La emancipación de la mujer.

La influencia del pensamiento de Flora Tristán puede encontrarse en los fundadores del socialismo científico, Engels y Marx. No obstante, ambos pensaban que la emancipación de la mujer solo se haría realidad tras una revolución socialista que derrocara el capitalismo, por lo que la lucha de las mujeres debía subordinarse a la lucha de clases. El primer teórico marxista que se ocupó de la situación de la mujer fue el dirigente socialista alemán August Bebel en su obra La mujer y el socialismo, publicada en 1879. Esta obra tuvo un carácter pedagógico de extraordinaria importancia para la difusión de las ideas sobre la igualdad de los sexos. Muy probablemente la mayor sensibilidad de los partidos de izquierdas para las cuestiones feministas arranca de la obra de Bebel que alcanzó más de 60 ediciones y se tradujo a todos los idiomas de Europa. Sin embargo, a pesar de la obra de Bebel, los derechos de las mujeres fueron perdiendo preeminencia entre los objetivos de la lucha de clases en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del siglo XX, y fueron usuales los comportamientos abiertamente machistas entre los líderes obreros.

Conocedora de las ideas de socialismo utópico de Charles Fourier y seguidora del socialista francés Saint Simon, Flora Tristán fue una feminista avant la lettre cuya obra es poco citada por las feministas francesas e inglesas, posiblemente debido a su origen hispano, a pesar de que siempre publicó en francés. El escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, le rindió el mejor homenaje recogiendo la biografía y el ideario político de la que calificó como «una temeraria y romántica justiciera», en la obra dedicada a ella y a su nieto, Paul Gauguin, El paraíso en la otra esquina, publicada en 2003.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.