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Literatura tras las rejas

Al menos 200 reclusos se reúnen anualmente a leer, escribir y compartir anécdotas en 15 establecimientos carcelarios de Colombia. La iniciativa ha dado lugar a una colección de libros llamados ‘Fugas de Tinta’. Su séptima edición se lanzó el 18 de noviembre en un conversatorio en la Biblioteca Nacional de Bogotá.

2015/11/18

Por Mónica Jaramillo Arias

“En la cárcel hay un dicho «un día menos para los condenados y otro más para los sindicados». Sin embargo, en realidad es lo mismo porque ambas partes vivimos en este lugar las veinte y cuatro horas del día. La rutina es la misma desde que amanece hasta que anochece. El único día diferente es el domingo, pues algunas nos levantamos más temprano, vestimos nuestras mejores pantis, el brasier que nos haga ver más sexys y la mejor ropa que hay en la bolsa. El maquillaje también combina con la blusa, las sandalias con el pantalón o el vestido, según sea el caso. El reloj marca las siete de la mañana. La dragoniante del turno llama a los de conyugal y es cuando hay alboroto: unas corremos con afán, otras no se impacientan, y otras son las primeras. Salimos a la capilla, el ambiente es diferente y finalmente a las ocho nos dejan bajar a los patios y cada una de mis compañeras, y yo misma, nos encontramos con nuestros esposos. Algunos vienen juntos, otros se conocen en este lugar, para algunos olvidado por Dios, para otros el lugar donde solo habitan los malandros, para otras el lugar donde se aprende a valorar la vida. Pero finalmente para nosotras el lugar donde cada ocho días vivimos la magia del amor”.  

Se dice de Angélica Bonilla. Reclusa del establecimiento penitenciario La Vega en Sincelejo.

Hace siete años comenzó en el Centro de Reclusión de Mujeres de Jamundí, Valle, el programa Libertad bajo palabra. Un taller que tiene como propósito darle nuevos incentivos de vida a cientos de reclusos de Colombia a través de la literatura. El escritor José Zuleta fue el precursor de la idea y desde 2009 recopila, con ayuda del Ministerio de Cultura, una serie de crónicas, cuentos y poesías que escriben los convictos durante los encuentros que se les brindan al año.

Con los 21 talleres que existen en diferentes ciudades de Colombia se han producido los siete libros de  Fugas de tinta. La mayoría de ellos editados por el Taller de Edición Rocca. La publicación de este año, lanzada el 18 de noviembre en la Biblioteca Nacional de Bogotá, cuenta con un mayor número de poemas y aborda principalmente los temas de la reclusión, el paso del tiempo y las historias de vida de al menos cuarenta reclusos.

Según Camilo Igua, filósofo y director del taller en la cárcel El Buen Pastor de Bogotá, el proceso de dirigir los talleres no es fácil “por la complejidad del escenario”. No obstante, el interés de los reclusos por la literatura y la escritura ha convertido a Libertad bajo palabra en un espacio importante de la actividad carcelaria.  Tanto, que según  Olga Murcia, reclusa del mismo establecimiento, en algunos casos esta actividad “se convierte en el único espacio donde se puede sentir la libertad”. 

Allí los presidiaros leen en la intimidad, leen en grupo, escriben y tienen la valentía de compartir en público sus esperanzas y hasta sus peores sentimientos. De esta manera, como admite Murcia, el taller se va convirtiendo en una especie de catarsis donde cada uno reconoce sus errores y se da la oportunidad de redescubrir sus virtudes.

Además de tener un testimonio íntimo y único de la vida de cada uno de los participantes, los textos “son un documento valioso para la historia de Colombia" según el director del programa. Aunque no es la principal intención de los reclusos,  sus escritos reflejan entre líneas, sin ser hipócritas o pretenciosos, la realidad de la violencia en el país.

En este punto es donde está la riqueza de la antología de Fugas de Tinta, pues en su interior, el libro recoge historias que solo se pueden contar y escuchar en una cárcel.

Un aspecto interesante sobre esta iniciativa es que, como se lee en el prólogo del libro a cargo de Guiomar Acevedo Gómez, Directora de Artes del Ministerio de Cultura, algunos países como Holanda y China registran en sus medios de comunicación a la literatura producida en las cárceles como un nuevo género literario que está emergiendo en el mundo.

Camilo Igua ha expresado que algo común en todos los relatos de los reclusos es la vertiginosidad con la que escriben. A pesar de que tienen todo el tiempo del mundo para dedicarse a ellos, en la mayoría de los escritos se denota una necesidad de narrar con urgencia. “Cada uno tiene un acercamiento muy personal con sus textos, pero en todos hay algo así como un lenguaje propio de la cárcel. Tal vez porque sienten que nunca han sido ni van a ser escuchados”.  

Títulos como ‘Historia de un asesinato a plena luz del día’, ‘Los golpes de la vida’, ‘Mi confesión’, ‘La carta que nunca envié’, ‘Breve historia de amor’, entre otros, hacen parte de la publicación de este 2015.

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