Foto crédito: Natalia Iriarte.

"La clave es el equilibrio entre calidad y ventas"

Los editores suelen ser figuras alejadas del reconocimiento del público, pero su trabajo es instrumental para cualquier buen libro. Con Gabriel Iriarte, director editorial de Random House Colombia, iniciamos una serie en la que hablaremos con algunos de los principales del país..

2016/11/16

Por Ángel Castaño Guzmán

Al repasar su larga experiencia como editor, ¿a cuáles conclusiones ha llegado sobre el rol del editor en la cultura nacional? ¿Cómo contribuyen los editores a eso que conocemos como la agenda pública?

Creo que el editor tiene una responsabilidad social en cuanto divulga contenidos que van a un público muy amplio, que incluye niños, jóvenes, adultos, mujeres, hombres, etc. En ese sentido se parece a los comunicadores de los medios, aunque el formato de sus contenidos sea distinto y los libros posean un peso, una trascendencia y una durabilidad muchos mayores que las noticias o los artículos de prensa. En consecuencia, el editor debe tratar de publicar contenidos de calidad, tanto en la forma como en el contenido, tanto en ficción como en no ficción. Por supuesto que simultáneamente tiene la obligación de hacer de su actividad un negocio rentable. Y ahí radican la clave y a la vez la dificultad de la actividad del editor: lograr un equilibrio entre los contenidos de buena calidad y las ventas que permitan sostener su profesión o su empresa.

Ha habido una queja alrededor de la escasa circulación de autores latinoamericanos en el mercado latinoamericano, de esa manera se conocen en los países de la región más la literatura estadounidense que la de los países vecinos. ¿Cuál es su diagnóstico al respecto?

Esta situación, que era realmente dramática hace un tiempo, ha venido mejorando debido a diversos factores. En primer lugar, las editoriales, especialmente los grandes grupos, están realizando esfuerzos para que los escritores latinoamericanos y sus obras circulen más en la región. En segundo lugar, la proliferación de ferias del libro ha creado nuevas oportunidades para el intercambio de autores. Y en tercer lugar, los premios literarios no solamente han aumentado sino que permiten que los ganadores viajen más fácilmente a otros países y se den a conocer más ampliamente. Por ejemplo, en Colombia, en la mayoría de las ferias han siempre una presencia destacada de autores latinoamericanos y viceversa. 

¿Cuáles son aquellas cosas que debe reunir un libro inédito para que le despierte su interés de editor y lector?

Hay que diferenciar el interés del editor y el del lector, pues es sabido que no es extraño que en ocasiones el libro que para el primero es una obra buena, interesante, para el segundo puede no serlo. En esto de la literatura la historia está repleta de casos de libros aceptados por los editores y de cierta forma rechazados por el público lector. El manuscrito debe contener una buena historia y, sobre todo, una historia bien contada, bien armada, con los mejores recursos narrativos. Aunque no siempre es así, la originalidad en la técnica narrativa constituye un factor determinante.

Algunos de los nombres hoy conocidos en las letras nacionales usted los descubrió: Jorge Franco, Santiago Gamboa, Enrique Serrano, Mario Mendoza. ¿Cuál es su opinión sobre las nuevas hornadas de novelistas colombianos? ¿Qué rasgo particular encuentra en los narradores emergentes de hoy?

Sin duda en Colombia se está dando un fenómeno muy interesante y es el surgimiento de una cantidad importante de nuevas voces literarias, algunas de las cuales incluso han recibido premios nacionales e internacionales importantes. Creo que desde la época en que surgieron autores como los que menciona en su pregunta no se había dado esta circunstancia. Y algo muy destacable: a diferencia de otros momentos, ahora están surgiendo muchas escritoras con propuestas muy interesantes y de buena calidad.

¿Qué elementos, según su experiencia, debe tener la obra de un autor nacional para provocar el interés del lector extranjero?

Es frecuente escuchar la frase “esta novela es muy colombiana” o “muy mexicana” o “muy española”. Pero es preciso anotar que, como es apenas obvio, la mayoría de las novelas se desarrollan en lugares o países concretos. (Las hay que transcurren en lugares no determinados o incluso imaginarios). Este hecho no puede convertirse en una limitante ni en una desventaja para la obra. El punto está en la forma como se tratan la historia y los personajes, en el lenguaje. Una obra muy “local” o “nacional” puede despertar el interés universal si los problemas que aborda son universales y no está escrita en clave localista. En fin, no existe una receta para garantizar que una novela de un peruano o un colombiano interese en el resto del mundo.

¿Cuáles son los libros y los autores que lo formaron como lector? ¿A cuáles obras vuelve con frecuencia?

Como para todo lector de mi edad, las lecturas juveniles son las formativas. Salgari, Stevenson, Verne, pero también las del boom latinoamericano que me tocó en mis tiempos de bachiller. Muy pronto incursioné en Cervantes, Shakespeare y los escritores ingleses del siglo XVIII. No puedo decir que uno o dos libros me hayan formado; creo que fue más un conjunto de lecturas.

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Lea las otras entrevistas de nuestra serie sobre editores:

Gustavo García Arenas, de Ícono

Felipe González, de Laguna Libros

Lucía Donadío, de Sílaba

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