El 'outlet' de los libros será el último fin de semana de julio

Los saldos le hacen daño al sector

Ante la realización del remate de libros en Corferias, por parte de Dislectura, varios libreros se han pronunciado en contra por razones que rebasan la discusión comercial. El sector se pronuncia.

2016/07/29

Por Redacción Arcadia

Varios medios de comunicación, entre ellos Arcadia, informaron a comienzos de esta semana sobre el gran remate de los libros que se llevará a cabo el último fin de semana de julio en Corferias. El evento, organizado por la empresa Dislectura, ofrecerá al público 3.000 títulos y un millón de ejemplares de libros saldados (los que se compran en las bodegas de las editoriales y que no se vendieron en librerías) a precios más bajos que los de las librerías tradicionales: desde cinco hasta veinte mil pesos. Según Fernando Tambo, antiguo profesor de literatura y hoy vocero de Dislectura, las obras provienen de editoriales de todo el continente y estarán disponibles con descuentos de entre el 70 y el 90 por ciento. “Nuestras dos condiciones para hacer este evento son que los libros sean originales y a bajo costo”, dice.

La noticia, sin embargo, produjo indignación entre el gremio de los libreros. David Roa, director de la ACLI (Asociación Colombiana de Libreros Independientes) le escribió a esta revista un mensaje en el que decía  los siguiente: “El sector editorial es un ecosistema delicado en el que las pequeñas librerías, que abren sus puertas casi todo el año, trabajan dentro de la legalidad y que generan empleos formales, subsisten azarosamente asumiendo demandantes responsabilidades financieras y culturales; prueba de ello es que en la mitad del territorio nacional no hay puntos de venta del libro, ya mucho menos librerías con vocación de gestión cultural. En este contexto se ven obligadas a ver los constantes remates que se hacen en las ciudades y el amplio despliegue mediático que reciben estos eventos que no solo refuerzan la idea equivocada de que los libreros abusan con los precios de los libros, cuando lo que hacen es venderlos al precio que dictan los distribuidores, sino que también deben presenciar que muchas veces esas comunicaciones tan equívocas vienen de entidades representativas del sector cultural. Esto lo que demuestra es la generalizada ignorancia que existe sobre la realidad y el papel que desempeñan los pequeños libreros y la evidente falta de consideración que hacia ellos se tiene en el mejor de los casos. Los libreros hemos tratado de abrir la discusión sobre estos temas, siendo conscientes de las realidades de los demás actores del sector en una industria que por su apremiante ritmo de rotación de novedades debe deshacerse en algún momento de sus "excesos de inventarios", pero también creemos que deben contar con la opinión y tener en cuenta las preocupaciones de los pequeños libreros al decidir las estrategias para resolver estos problemas”.

María Osorio, directora de la editorial y librería Babel (miembro de la ACLI), hace eco del comunicado de Roa. Para ella, el remate “está mandando el mensaje equivocado, pues hace pensar que las librerías son caras y que entonces hay que comprar libros saldados, pero nosotros no ponemos los precios, esos los pone la editorial o el distribuidor”. Osorio considera que este evento puede desincentivar a la gente a que vaya a las librerías, y siente que el Estado debería jugar un papel mayor para evitar esto: “Nadie nos pregunta nada, no fuimos contactados. Creo que hay que discutir la posibilidad de que haya un precio fijo para por lo menos hablar sobre cómo estos eventos afectan a toda la cadena”.

La editora y librera también considera que fue un error por parte de Corferias, como socio de la Feria del Libro Internacional de Bogotá, promocionar este evento arrendándole su espacio. Corferias, sin embargo, afirma que “no está organizando el outlet” y que solo Dislectura es “el responsable del contenido y de las actividades propias  de su realización”, según afirma Alexandra Torres, directora de Eventos en Arriendo. También dice que “la FILBO tiene un alcance muy distinto al del “Outlet de libros”, teniendo en cuenta que éste último representa un tema puntual de dos días de venta de saldos en un solo pabellón, mientras que en la Feria Internacional del Libro el foco principal es el lanzamiento de nuevos títulos,  el contacto con autores y el desarrollo de una nutrida agenda académica y cultural de más de 1.300 actividades en  15  días”.

Tambo, además, no cree que las librerías se deban preocupar, pues en el outlet no habrá novedades editoriales. “No estamos siendo desleales porque no tenemos las novedades que ellos manejan. Además, entre ellos y los editores se han encargado de descatalogar y guardar ciertos títulos. Nosotros simplemente les volvemos a dar circulación, solo que a muy bajo costo”, afirma. Pero el asunto no es tan sencillo. Si bien el outlet no tendrá novedades editoriales, sí habrá títulos que en este momento se encuentran en el circuito comercial, como los clásicos y ediciones relativamente recientes que todavía se pueden encontrar en librerías.

“Del circuito comercial sí tenemos -dice Tambo-, pero los vendemos bajo otros sellos editoriales. De El retrato de Dorian Gray, por ejemplo, trajimos muchísimos importados. Como es un clásico, lo distribuyen varias librerías, como la Lerner o la Panamericana, pero incluso afirmaría que los nuestros son mejores, pues no solo son más baratos sino que conseguimos unas ediciones muy buenas, con prólogos y comentarios”. Para muchos, como Emilia Franco, directora de la editorial Siglo del hombre, esto genera un problema. Aunque reconoce que los precios bajos pueden funcionar para fomentar la lectura, y que para las editoriales es importante poder vender los títulos de su inventario, la condición mínima es que en este tipo de eventos los libros no estén “en el circuito comercial, pues la idea no es competir con las librerías”.

Para Franco, idealmente, el gremio de los editores se debería unir para hacer una feria de saldos bajo esa condición. “Sería muy bueno tener un evento en el que participe todo el sector, donde una vez al año se vendan libros de baja rotación y que se encuentren por fuera del circuito comercial”. Considera, además, que ese evento podría beneficiar a la Feria del Libro Internacional de Bogotá -donde se venden tanto novedades como libros saldados- pues así esta se podría concentrar solamente en las obras más recientes. “Ninguna otra feria internacional vende obras saldadas, esos eventos son para novedades”, asegura.

A Enrique González, presidente de la Cámara del Libro, también le entusiasma crear una feria de libros saldados. “Si este evento funciona, más adelante nosotros haremos un outlet oficial con Corferias en el segundo semestre del año para que participen todas las editoriales, incluidas las independientes. Creo que es una gran manera de beneficiar al lector”. González entiende la ansiedad de los libreros, pero cree que se debe a que esto nunca ha pasado en el país, y que hay espacio para que todos coexistan en el ecosistema editorial. “En el mercado de las prendas, los outlet son muy normales -argumenta-, y no dañan la percepción sobre el precio pues la gente está acostumbrada a que la ropa de temporada tiene un precio y en los outlet otro”.

Para una fuente que prefirió permanecer anónima, esa mentalidad a la larga puede ser nociva para los libros. “Es terrible que los libros se vendan como camisetas en el mercado. Ese es el punto más alto del capitalismo. Es verdad que en Colombia la gente no lee, y que mejores precios pueden ayudar, pero se corre el riesgo de que la lectura se convierta en un tema de precio. Y la lectura no debe ser motivada por los precios, sino por el interés, el deseo de conocimiento. Convertir al libro en un objeto barato puede generar una cantidad de distorsiones en el sector del libro”.

Las posiciones encontradas parecen no tener una solución ante la inminencia del evento. Las librerías deberían contar con una mayor protección como centros culturales, y el libro, como objeto cultural, debería contar, como en otros países, con precios únicos. En ese sentido, no se puede confundir un remate con el trabajo serio y sostenido por parte de las librerías, pues leer es, también, un problema de elecciones, de curadurías y de catálogos que, evidentemente, no se encuentran incluidos en un remate como el que se realizará este fin de julio. Quizás es peligroso, como dicen los libreros, que se siga perpetuando en el país la idea de que los libros son caros per se, y que pueden ser más baratos, casi regalados, pues eso contribuye a difundir la creencia de que en Colombia no se lee por un problema de dinero.

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