Pedro Lemebel

Habla Lemebel

John Better entrevista a Pedro Lemebel.

2011/06/23

Por John Better

Roberto Bolaño dijo que usted era el poeta más grande de su generación. ¿Qué opina de eso?

 

Roberto fue muy cariñoso al darme esa nominación, pero lo que yo hago en la escritura está más cerca del testimonio florido o de la canción popular lagrimeada. Bolaño dijo eso en el contexto de la generación de escritores light que él vio en ese momento en Chile, y fue una provocación para esos siúticos ponerme a mí como la emperatriz lírica. Por eso me gané el odio de todos ellos.

 

El término barroco ha sido asociado a su obra como cronista. ¿Se puede hablar de un estilo lemebeliano?

Cuando hice performance no sabía el nombre exacto de esas acciones y con lo de barroco sucede algo similar. En mis letras actúa como la sobreactuación de una narratriz que se camufla en el exceso de maquillaje para no ser detectada. Llamar a eso estilo lemebelístico me parece que es personificar un discurso que otros hicieron mejor. De eso que llaman barroco robé un reflejo bastardo.

 

Usted es visto como un provocador, un hombre de cuidado. No se sabe qué puede ocurrir con Lemebel...

 

Un hombre de cuidado me suena ajeno. Pero te aclaro que siempre que una minoría lucha por su reivindicación le ponen el cartel de violentista. Así pasó con los negros, con las mujeres, con los jóvenes y con los mapuches en Chile. No me parece raro que me tengan miedo. De cierta manera se me erizan las plumas venenosas frente a un fascista, racista, clasista o burgués conservador. “Esa es mi naturaleza”, dijo la escorpiona.

 

Los suyos han sido libros de culto. ¿Su reedición por grandes editoriales como Anagrama y Seix Barral ha cambiado ese concepto?

En algún momento salta la liebre y pasas a una editorial grande, pero eso no quiere decir que te crezcan tetas de soberbia ni antenas de abeja reina. Si fuera así terminaría mis días haciendo novelas a pedido, porque Tengo miedo torero, mi única novela, pegó en muchos lados y es lo único traducido. Además, los libros de culto son para coleccionistas o anticuarios maricas.

 

Usted afirmó que la rabia era la tinta de su escritura. Una rabia atizada por el espanto de Pinochet. ¿Pueden ya descansar en paz las víctimas de aquellos años?

 

Es cierto. “La rabia, imperio asesino de niños”, como dice Silvio. Todo eso ocurrió en un paísito de tantos poetas. Lo irremediable es que acá no se juzgó al dictador y aún vemos a los torturadores paseando tranquilos por la calle. También el fascismo cómplice sigue en la pantalla con su espectáculo farandulón. Es un país próspero, pero la impunidad es la música ambiental de la transición.

 

Lo homosexual en sus libros tiene una naturaleza de arrabal. ¿Esta es su forma de protestar, desenterrando el submundo de una Latinoamérica travesti y escabrosa?

 

Nunca tanto. Me incomoda que me ubiquen en el margen. Es un lugar que se ha hecho cooptable, transable, permeable. Allí te ubican y te anulan. Es más interesante camuflar los alacranes y cruzar las membranas blindadas del poder. Cruzar fronteras retravestido, inflamable como agua de sol.

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